EVANGELIO DEL DÍA 31 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?” Palabra del Señor.

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Este pasaje evangélico ilumina dos principios centrales de la DSI:

  1. La presencia de Cristo en la barca de la historia humana: La Iglesia, al igual que los discípulos, navega en las tempestades del mundo (injusticias, crisis, sufrimiento). La DSI recuerda que Cristo no es un espectador distante; está presente en medio de la tormenta, incluso cuando parece «dormir» (su silencio o su tiempo). Su palabra tiene poder para calmar las fuerzas destructivas y traer paz (bien común y paz social como don y tarea).
  2. La fe que vence el miedo y activa la responsabilidad: El reproche de Jesús –»¿Aún no tenéis fe?»– cuestiona la cobardía paralizante. La DSI, arraigada en la fe, es una invitación a no dejarse dominar por el miedo ante los desafíos sociales (económicos, ecológicos, políticos). La verdadera fe despierta, como a los discípulos, una pregunta sobre la identidad de Jesús («¿Quién es este?») que conduce a reconocerlo como Señor de toda la creación. Esto impulsa a los creyentes a actuar con valentía y esperanza, confiando en que el bien, la justicia y la paz tienen la última palabra. La DSI es, en este sentido, un instrumento para «despertar» la conciencia y la acción solidaria, confiando en que Él conduce la barca hacia la «otra orilla» (un horizonte de salvación plena).

En resumen: El pasaje, visto desde la DSI, subraya que la confianza en Cristo, presente en medio de las tormentas del mundo, es el fundamento para una acción social valiente y esperanzada, comprometida en construir una sociedad más justa y pacífica, venciendo el miedo con la fe.

EVANGELIO DEL DÍA 30 DE ENERO DE 2026

Feria de SAN DAVID GALVÁN BERMÚDEZ,
Mártir Mexicano 

Del santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra; que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por si sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de cosecha”.

Les dijo también: “¿Con que compararemos el reino de Dios? ¿Con que parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y hecha ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado. Palabra del Señor.

Estas parábolas ofrecen dos principios fundamentales para la DSI:

  1. El Reino de Dios como proceso transformador (vv. 26-29):
    La semilla que crece «por sí sola» recuerda que la transformación social no es únicamente obra humana, sino que requiere confianza en la acción de Dios (la Providencia) y en la dinámica intrínseca del bien. La DSI insiste en que nuestro compromiso por la justicia debe ser perseverante y humilde, sabiendo que el fruto completo llega en su momento y que no todo depende de nuestro control. Esto se vincula con la esperanza cristiana y la búsqueda del bien común, trabajando con paciencia y constancia.
  2. Lo pequeño que se hace grande (vv. 30-32):
    El grano de mostaza simboliza que las iniciativas más humildes, si están inspiradas en el Evangelio, pueden generar un impacto enorme en la sociedad. La DSI valora el principio de subsidiariedad: los cambios auténticos a menudo surgen desde lo pequeño (la familia, la comunidad local, las pequeñas asociaciones). Además, la imagen del árbol que da cobijo a los pájaros evoca la destinación universal de los bienes y la vocación de la sociedad a ser un espacio acogedor para todos, especialmente los más débiles.

En resumen, estas parábolas invitan a trabajar con esperanza y humildad por un mundo más justo, confiando en que Dios hace fecundas nuestras acciones, por pequeñas que parezcan, para construir una sociedad donde todos encuentren un lugar.

EVANGELIO DEL DÍA 29 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Siguió hablándoles y les dijo: “Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”. Palabra del Señor.

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  1. El principio de transparencia y verdad (la lámpara):
    La imagen de la lámpara que no se esconde refleja el deber de la luz del Evangelio de iluminar todas las realidades temporales. La DSI sostiene que la fe no es un asunto privado, sino una luz para la vida pública. Esto exige a los creyentes y a la Iglesia denunciar las injusticias ocultas (corrupción, estructuras de pecado) y promover la verdad y la transparencia en las instituciones sociales, económicas y políticas.
  2. Destino universal de los bienes y justicia social (la medida):
    El criterio “con la medida con que midan, se les medirá” tiene una fuerte dimensión social de reciprocidad y justicia. La DSI aplica este principio a la distribución de los bienes y oportunidades: la sociedad será juzgada por cómo trata a los más débiles. La medida de la generosidad, la solidaridad y la equidad que usemos con los demás determinará la salud moral de la comunidad. El “dar más al que tiene” no es una aprobación del acaparamiento, sino una llamada a la responsabilidad de quienes han recibido más talentos o recursos (cf. Caritas in veritate, 35) para ponerlos al servicio del bien común.
  3. Participación y corresponsabilidad (lo oculto será revelado):
    La afirmación de que “nada hay escondido que no llegue a descubrirse” subraya la responsabilidad ante Dios y la comunidad humana. La DSI promueve una sociedad donde las decisiones no se tomen en la oscuridad, sino con participación y rendición de cuentas, reconociendo que toda acción social tendrá consecuencias visibles.
  4. Opciones económicas y ética de la reciprocidad:
    La advertencia final (“al que no tiene, aun lo poco que tiene se le quitará”) puede leerse como una crítica profética a los sistemas que excluyen a los pobres y concentran la riqueza. La DSI advierte contra las dinámicas económicas que marginan a los débiles y llama a construir un orden donde todos puedan “tener” para poder “dar” y crecer en dignidad.

Conclusión sintética:
Estos versos, desde la DSI, son una llamada a que los cristianos iluminen la vida social con los valores del Evangelio (justicia, verdad, solidaridad) y a construir una cultura de la reciprocidad y la medida justa, donde los bienes y responsabilidades se compartan con transparencia y equidad, especialmente hacia los más vulnerables. La lámpara de la fe debe brillar en las tinieblas de la injusticia.

EVANGELIO DEL DÍA 28 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

“Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús lesdijo: “A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados .

Y les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra.

‘Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

‘Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

‘Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, ‘los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”. Palabra del Señor.

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La parábola del sembrador, más allá de su significado espiritual sobre la recepción de la Palabra de Dios, puede iluminarse desde la DSI en dos aspectos centrales:

  1. Condiciones sociales para acoger el Evangelio: La DSI insiste en que la proclamación del Evangelio y la realización de una sociedad justa están íntimamente ligadas. Los «terrenos» no solo representan disposiciones interiores, sino también condiciones sociales y estructurales. La pobreza extrema («terreno pedregoso»), la opresión, la cultura del descarte («junto al camino»), el materialismo asfixiante («entre espinos») pueden impedir que las personas y las comunidades acojan y vivan la Palabra en plenitud. La Iglesia tiene el deber de trabajar por transformar estas realidades, creando un «buen terreno» social donde la dignidad humana y los valores del Reino puedan fructificar.
  2. Fraternidad y bien común como fruto: El «fruto» (30, 60, 100 por uno) no es solo individual. Desde la DSI, se refleja en la construcción del bien común, donde la semilla de la Palabra impulsa la justicia, la solidaridad, la opción preferencial por los pobres y el cuidado de la creación. La fe que fructifica debe traducirse en compromiso social transformador, superando la indiferencia (camino), la superficialidad (pedregal) y el apego a los ídolos del tener y el poder (espinos).

En resumen, la parábola, desde la DSI, nos desafía a:

· Evaluar las estructuras sociales: ¿Crean ambientes que permiten o impiden una vida digna y el florecimiento de la fe?
· Comprometernos personal y comunitariamente para ser «tierra buena» que acoge la Palabra y la hace fructificar en obras de justicia, paz y amor, transformando la sociedad desde los valores del Evangelio.

Así, la recepción de la Palabra no es pasiva; exige una conversión personal y social para preparar un terreno donde ella pueda echar raíces profundas y dar frutos abundantes para todos.

EVANGELIO DEL DÍA 27 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Marcos

Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: «Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan».

Él les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

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Este pasaje, donde Jesús redefine el concepto de familia más allá de los lazos sanguíneos, fundamenta en la DSI el principio de la primacía de la persona en comunidad y la fraternidad universal.

  1. La familia como modelo, pero no como límite: La DSI valora enormemente a la familia natural como célula vital de la sociedad. Sin embargo, este pasaje recuerda que la dignidad de la persona y su opción por hacer la voluntad de Dios (que implica amor, justicia y misericordia) crean vínculos más profundos y amplios. La «familia de Dios» se construye en la acción.
  2. Fundamento de la fraternidad y el bien común: La declaración de Jesús («todo el que cumpla la voluntad de Dios…») es la raíz evangélica del llamado a la fraternidad universal. La DSI desarrolla esto en el principio de que todos somos hermanos, llamados a construir una sociedad donde el bien común —la justicia, la paz, la solidaridad— sea prioritario. La verdadera «pertenencia» se da en el compromiso compartido con este bien.
  3. Llamado a la solidaridad y la opción por los pobres: Al formar un círculo con «los que estaban sentados alrededor de él» (sus discípulos y la gente que le seguía, muchos de ellos marginados), Jesús modela una comunidad inclusiva. La DSI ve aquí un impulso para la solidaridad y la opción preferencial por los pobres, extendiendo los lazos familiares a toda la humanidad, especialmente a los excluidos.

En resumen: Este pasaje no disminuye el valor de la familia, sino que lo proyecta a un horizonte más amplio. Desde la DSI, subraya que la comunidad humana, fundada en la común dignidad y el compromiso con la voluntad de Dios (amor y justicia), debe organizarse como una gran familia donde todos se sientan reconocidos como hermanos y hermanas, y donde las estructuras sociales reflejen esta fraternidad.

EVANGELIO DEL DÍA 26 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Marcos 

Marcos 3, 22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

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Este pasaje, donde Jesús es acusado de actuar con el poder del Mal, no trata directamente sobre estructuras sociales, pero su lógica ilumina principios profundos de la DSI:

  1. Unidad y bien común frente a la división:
    Jesús argumenta que un reino o una casa divididos no pueden subsistir (vv. 24-25). La DSI aplica este principio a la comunidad humana: la división, la polarización y la calumnia destruyen el tejido social. La acusación infundada de los escribas es un acto de división que busca desacreditar el bien que Jesús hace. La DSI promueve la unidad, el diálogo y la verdad como bases para una sociedad justa.
  2. Reconocer y no tergiversar el bien:
    La acusación de que Jesús actúa con el poder de Satanás es una perversión moral: llamar «mal» al bien evidente (la liberación de los oprimidos por los demonios). La DSI advierte que cuando una sociedad sistematiza la mentira o desprecia las obras de justicia y misericordia, cierra el camino al bien común. La blasfemia contra el Espíritu Santo (v. 29) se interpreta en la tradición como la negación obstinada de la acción de Dios en el mundo, incluso cuando se manifiesta claramente. En lo social, esto se traduce como rechazar la verdad, la reconciliación y la gracia que pueden sanar las estructuras injustas.
  3. El «fuerte» atado: la lucha contra el mal estructural:
    Jesús se presenta como quien ata al fuerte (Satanás) para liberar a los cautivos (v. 27). La DSI ve aquí el fundamento de la lucha contra el mal estructural (pobreza, injusticia, corrupción). La transformación social exige «atar» las fuerzas del mal —las estructuras de pecado— para «saquear su casa», es decir, rescatar a la humanidad para una vida digna.
  4. La importancia de la intencionalidad y la calumnia:
    La actitud de los escribas no es un error honesto, sino una calumnia consciente para proteger su poder e influencia. La DSI insiste en que la integridad en la comunicación y el respeto a la verdad son esenciales para la convivencia. La difamación y la manipulación ideológica dañan profundamente la justicia social.

En síntesis: Marcos 3, 22-30 muestra que llamar «mal» al bien es una raíz de la injusticia social. La DSI, inspirándose en este pasaje, nos llama a:

· Buscar la unidad y rechazar las divisiones interesadas.
· Reconocer y promover el bien dondequiera que se realice, incluso fuera de nuestros grupos.
· Luchar contra las «fuerzas» del mal estructural con la fuerza del Espíritu.
· Defender la verdad como servicio a la comunidad, pues la calumnia y la ceguera voluntaria destruyen el perdón y la reconciliación posibles.

EVANGELIO DEL DÍA 25 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.

Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

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Este pasaje fundacional de la misión pública de Jesús ofrece varios fundamentos para la DSI:

  1. La luz a los que habitan en tinieblas (v. 16): Opción preferencial por los pobres y marginados.
    Jesús comienza su misión en Galilea, región despreciada y con población mixta («Galilea de los gentiles»). Su presencia es luz para quienes están en «tinieblas» sociales, políticas y religiosas. La DSI hereda este principio: la Iglesia debe iluminar las zonas de sombra de la sociedad, priorizando a los excluidos y ofreciendo esperanza concreta.
  2. El anuncio del Reino (v. 17): La conversión como transformación social.
    El mensaje central —»Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»— implica un cambio personal y estructural. La DSI subraya que la conversión exige transformar también las realidades injustas. El Reino de Dios no es solo espiritual, sino que implica justicia, paz y dignidad para todos.
  3. La llamada a los discípulos (vv. 18-22): Vocación y corresponsabilidad.
    Jesús llama a personas comunes, trabajadores (pescadores), en su ambiente laboral. Los hace «pescadores de hombres», es decir, agentes de una nueva comunidad. La DSI promueve la vocación y misión de los laicos en el mundo, especialmente en su ámbito profesional y social, para transformarlo según los valores del Evangelio. La respuesta inmediata («dejaron las redes») habla de la prioridad absoluta del seguimiento de Cristo en la construcción de una sociedad nueva.
  4. Enseñar, proclamar y curar (v. 23): Misión integral.
    La actividad de Jesús es triple: anuncia la Palabra (evangeliza), enseña (educa) y cura (promueve la salud y el bienestar integral). Esta es la base del compromiso social de la Iglesia: no puede separarse la proclamación de la fe de la promoción humana, la defensa de la dignidad y el cuidado de la vida en todas sus dimensiones. La DSI es, en esencia, la aplicación de esta misión integral a las estructuras de la sociedad.

En síntesis: Mateo 4, 12-23 presenta a Jesús iniciando un movimiento de liberación integral —espiritual, social y físico— desde las periferias. La DSI se inspira en este modelo para afirmar que la fe debe encarnarse en un compromiso transformador que lleve la luz de la justicia, la vocación al servicio y el cuidado de la vida a todas las «Galileas» de nuestro tiempo.

EVANGELIO DEL DÍA 24 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco. Palabra del Señor.

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Este pasaje, breve pero significativo, muestra a Jesús tan entregado a su misión de servir y anunciar el Reino, que descuida incluso sus necesidades básicas, hasta el punto de que sus propios familiares lo consideran «fuera de sí». Desde la DSI, esto ilumina dos principios clave:

  1. La primacía de la persona y su vocación al servicio del bien común:** La entrega total de Jesús no es desequilibrio, sino coherencia radical con su misión. La DSI recuerda que toda persona está llamada a contribuir al bien común, a veces yendo contra la comodidad o expectativas inmediatas, incluso familiares. El compromiso con la justicia y la dignidad humana puede exigir una dedicación que el mundo no comprende.
  2. La opción preferencial por los pobres y la solidaridad:** Jesús se deja «aglomerar» por la gente necesitada (enfermos, marginados). Su «locura» es, en realidad, la solidaridad llevada al extremo: poner en el centro a los que la sociedad descuida. La DSI impulsa esta misma opción: la Iglesia debe estar donde está el sufrimiento, aunque ello suponga incomprensión o críticas.
  3. La familia y la comunidad más amplia:** La reacción de los parientes de Jesús refleja la tensión que a veces existe entre los vínculos familiares naturales y las exigencias de la misión. La DSI, sin menospreciar la familia, enseña que la comunidad de los creyentes (y la familia humana universal) también es un ámbito de pertenencia y responsabilidad. El seguimiento de Cristo puede requerir, en ciertos momentos, poner la misión al servicio del Reino por encima de la comodidad del círculo íntimo.

En síntesis: Marcos 3, 20-21 presenta un Jesús tan identificado con su misión de amor servicio que resulta «incomprensible» para su entorno inmediato. Desde la DSI, esto es un llamado a una solidaridad radical y a priorizar el bien común, aunque ello suponga ser juzgados o incomprendidos. La verdadera «cordura» del Evangelio a menudo se revela como «locura» para el mundo (cf. 1 Cor 1,18).

EVANGELIO DEL DÍA 23 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Marcos 

Marcos 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.

Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir «hijos del trueno»; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.

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  1. Llamada y misión:
    Jesús llama a quienes Él quiere (v. 13) y los instituye para una doble tarea: estar con Él y ser enviados a predicar y servir. Esto refleja el principio de la DSI sobre la dignidad de la persona y su vocación a contribuir al bien común. Cada cristiano, desde su propia vocación, está llamado a transformar la sociedad desde su encuentro con Cristo.
  2. Comunidad organizada:
    La elección de los Doce funda una comunidad estructurada, prefigurando la Iglesia como sujeto social. La DSI insiste en que la vida social necesita instituciones justas y serviciales, y la Iglesia, como comunidad, debe ser modelo de comunión, participación y misión (principio de subsidiaridad y solidaridad).
  3. Enviados a servir con poder:
    Jesús les da autoridad para expulsar demonios (v. 15). En clave social, esto se traduce en la lucha contra las estructuras de pecado (injusticias, idolatría del poder, egoísmo colectivo). La DSI promueve un poder entendido como servicio, no como dominio, para liberar al ser humano de todo lo que lo oprime.
  4. Diversidad en la unidad:
    Los Doce son de distintos trasfondos (pescadores, recaudadores, celotas). La Iglesia, y por extensión la sociedad, está llamada a valorar la diversidad de carismas y funciones para el bien de todos. La DSI defiende el principio de participación y la complementariedad de los roles sociales.
  5. Incluso en la fragilidad humana:
    Judas Iscariote aparece al final, recordando que la comunidad eclesial y las instituciones humanas están formadas por personas frágiles. La DSI llama a construir estructuras que prevengan la corrupción, fomenten la transparencia y la conversión personal, sin dejar de confiar en la misericordia divina.

Conclusión breve

Este pasaje, visto desde la DSI, subraya que la misión cristiana tiene una dimensión comunitaria, estructurada y servicial, dirigida a la transformación integral de la persona y la sociedad, siempre comenzando por la unión con Cristo y actuando con autoridad ética en el mundo.

EVANGELIO DEL DÍA 22 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 7-12

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban

a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran. Palabra del Señor.

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  1. La centralidad de la persona humana: Jesús atrae a multitudes de diversas regiones, especialmente a los enfermos y oprimidos (endemoniados). La DSI insiste en que toda persona, independientemente de su condición, posee dignidad inviolable y es sujeto de atención prioritaria. Jesús no solo predica, sino que cura y libera, mostrando que el compromiso con el bienestar integral (físico, espiritual, social) es esencial.
  2. Opción preferencial por los pobres y enfermos: La gente que busca a Jesús son los que sufren, los marginados por sus dolencias. La DSI subraya que la sociedad debe estructurarse desde la perspectiva de los más vulnerables. Jesús no los evade, sino que se hace accesible, incluso poniendo en riesgo su propia seguridad (necesidad de la barca).
  3. Universalidad e inclusión: Proceden de regiones judías (Galilea, Judea) y también paganas (Tiro, Sidón, Idumea). Esto refleja que la salvación y la compasión de Dios no conocen fronteras étnicas, culturales o sociales. La DSI promueve la solidaridad universal y la comunión entre pueblos.
  4. Integridad de la misión: Jesús combina anuncio del Reino, curación y liberación del mal. La DSI recuerda que la evangelización y la promoción humana están unidas: la fe debe traducirse en acciones que restauren la dignidad y combatan todo mal que oprime al ser humano.

Conclusión breve:

Este pasaje muestra a Jesús como modelo de servicio a los más necesitados, desde una cercanía concreta y universal. La DSI, inspirada en este estilo de Jesús, llama a construir una sociedad donde nadie quede al margen y donde la caridad se haga acción transformadora.

EVANGELIO DEL DÍA 21 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”.

Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana.

Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús. Palabra del Señor.

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Este pasaje ilustra dos principios fundamentales de la DSI:

  1. Primacía de la persona humana y su dignidad: Jesús prioriza el bienestar integral del hombre (la curación) sobre normas rituales o interpretaciones rígidas de la ley. La DSI insiste en que toda institución, ley o estructura social debe estar al servicio de la persona y su dignidad, no al revés. El ser humano no está hecho para el sábado, sino el sábado para el ser humano (cf. Mc 2,27).
  2. El bien común frente al legalismo: Los fariseos, aferrados al legalismo, pierden de vista el sentido profundo de la ley: promover el bien y la vida. La DSI enseña que las leyes y estructuras sociales deben buscar el bien común, que incluye condiciones que permitan a cada persona su realización integral. Cuando una norma se vuelve un fin en sí misma y se usa para oprimir o excluir, contradice su propósito.

Jesús muestra «enojo y tristeza» ante la dureza de corazón que privilegia la norma sobre el bien concreto de una persona. Desde la DSI, esto invita a examinar si nuestras estructuras sociales, económicas o políticas se convierten en ídolos que olvidan a la persona concreta, especialmente a los más frágiles.

La reacción de los fariseos y herodianos (buscar cómo destruir a Jesús) refleja cómo los sistemas que ponen el poder o la tradición por encima de las personas pueden volverse ciegos e incluso violentos. La DSI llama a una conversión social que ponga en el centro la defensa de la vida y la dignidad humana, especialmente cuando están amenazadas.

EVANGELIO DEL DÍA 20 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 23-28

En sábado Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: “¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?”

Él les respondió: “¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros”.

Luego añadió Jesús: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado”. Palabra del Señor.

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Perspectiva de la DSI:

  1. Centralidad de la persona humana: La frase «El sábado fue hecho para el hombre» refleja el principio central de la DSI: toda ley, estructura o institución (económica, social, política) debe estar ordenada al bien integral de la persona y no convertirse en un fin en sí misma. La dignidad humana prevalece sobre cualquier norma puramente jurídica o formal.
  2. Destino universal de los bienes: Los discípulos, por necesidad (hambre), toman espigas. Jesús justifica este acto recordando el episodio de David. La DSI enseña que la propiedad privada tiene una función social, y en situaciones de necesidad, el derecho a la vida y a satisfacer las necesidades básicas prevalece. La ley debe favorecer la vida, no asfixiarla.
  3. Prioridad de la conciencia y el bien común: Jesús cuestiona una interpretación rígida de la ley que olvida su espíritu. La DSI invita a formar conciencias rectas y a promover leyes que sirvan al bien común, no a intereses particulares o a mantener estructuras injustas. La autoridad debe ejercerse como servicio.
  4. El señorío de Cristo sobre toda la realidad: Al declararse «Señor del sábado», Jesús afirma que toda la creación y las instituciones humanas están bajo su señorío, orientadas a la liberación y plenitud del hombre. La DSI, desde esta visión, trabaja por un orden social que refleje la dignidad redimida de la persona.

En resumen: Este texto bíblico es una piedra angular para la DSI, pues establece que la persona y su bienestar concreto están en el centro del designio de Dios, y cualquier sistema legal, económico o social que la oprima o ignore su dignidad va contra el Evangelio. La ley es para servir, no para esclavizar; la economía para vivir, no para sacrificar vidas.

EVANGELIO DEL DÍA 16 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa?’ Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados–le dijo al paralítico–: Yo te lo mando: Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!” Palabra del Señor.

***

Este episodio presenta dimensiones sociales profundas que dialogan con principios centrales de la DSI:

  1. La fe que se manifiesta en acción comunitaria y solidaria:
    El paralítico es llevado por cuatro hombres que, ante la imposibilidad de acceso, innovan y rompen barreras físicas (el techo) para llevarlo a Jesús. Esto refleja el principio de la solidaridad y el bien común. La DSI enseña que la sociedad debe organizarse de modo que todos, especialmente los más frágiles o con movilidad reducida, puedan participar plenamente y acceder a lo necesario para su desarrollo. La acción del grupo muestra que la fe se traduce en obras que superan obstáculos injustos.
  2. Sanación integral: reconciliación y reinserción social:
    Jesús no solo cura la parálisis física, sino que primero declara: “tus pecados te son perdonados”. Para la mentalidad de la época, la enfermedad podía verse como consecuencia del pecado, lo que añadía una carga moral y religiosa al sufrimiento físico. Al perdonar, Jesús libera al hombre de esa doble atadura. La curación física (“levántate y anda”) valida esa autoridad y le devuelve la capacidad de participar en la vida social (“vete a tu casa”). La DSI promueve una visión integral del ser humano: no basta con atender necesidades materiales; hay que sanar también las heridas espirituales y morales, y promover condiciones para una plena reintegración familiar y comunitaria.
  3. Superar estructuras que excluyen:
    La multitud en la puerta podía ser un obstáculo pasivo para quien no podía entrar por sus propios medios. Los cuatro hombres no aceptan esa exclusión pasiva y buscan una vía alternativa. La DSI llama a identificar y transformar las estructuras de exclusión (físicas, sociales, económicas o culturales) que impiden a las personas acceder a los bienes, servicios y relaciones que necesitan para vivir con dignidad.

Conclusión

El milagro del paralítico ilustra que la salvación que Jesús trae es comunitaria, integral y transformadora de realidades sociales. Desde la DSI, la Iglesia está llamada a ser una comunidad que, movida por la fe, remueva activamente los obstáculos que impiden a las personas acercarse a la plenitud de la vida, abogando por una sociedad inclusiva donde cada persona, especialmente la más vulnerable, sea sostenida por la solidaridad concreta de los demás y pueda vivir reconciliada, curada y en plena comunión.

EVANGELIO DEL DÍA 15 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “¡Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.

***

Este encuentro de Jesús con el leproso es profundamente significativo para la DSI, ya que ilustra dos principios fundamentales:

  1. La dignidad humana supera todo estigma social:
    La lepra en el mundo bíblico no solo era una enfermedad física, sino una causa de exclusión social, religiosa y legal. El leproso vivía marginado, fuera de la comunidad. Jesús, «compadecido», lo toca. Este gesto rompe la barrera legal y simbólica de la impureza, afirmando que la dignidad de la persona es anterior a cualquier condición social o de salud. La DSI insiste en que la sociedad debe construir estructuras de inclusión que protejan a los más vulnerables y reintegren a quienes son marginados, reconociendo en cada rostro la imagen de Dios.
  2. La reinserción comunitaria como parte integral de la curación:
    Jesús no solo cura al hombre, sino que le ordena cumplir el ritual establecido («preséntate al sacerdote… para que les conste»). Este mandato busca restaurar su lugar en la comunidad religiosa y civil, validando socialmente su curación. Para la DSI, la justicia social no se limita a aliviar el sufrimiento individual, sino que debe trabajar por la reintegración plena de las personas, eliminando las barreras legales, económicas y culturales que perpetúan la exclusión.

Conclusión

El pasaje muestra que la compasión de Cristo es activa y transformadora: sana el cuerpo, toca al intocable y lo reintegra en la sociedad. Desde la DSI, la Iglesia está llamada a imitar este modelo: no solo a servir a los marginados, sino a desafiar activamente los sistemas y prejuicios que los marginan, trabajando por una sociedad donde cada persona pueda participar plenamente en la vida comunitaria. La curación del leproso es un signo del Reino de Dios, donde no hay excluidos.

EVANGELIO DEL DÍA 14 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos l, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron aJesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. Palabra del Señor.

***

El pasaje muestra tres movimientos de la misión de Jesús que pueden iluminar principios de la DSI:

  1. La sanación en el ámbito doméstico y comunitario:
    Jesús sana primero a la suegra de Pedro en la casa, espacio fundamental de la sociedad. La DSI subraya que la familia es la “célula vital de la sociedad” y debe ser protegida. La curación física restaura también su capacidad de servicio (“se puso a servirles”), recordando que la dignidad humana incluye poder participar activamente en la vida familiar y comunitaria. La Iglesia promueve políticas que sostengan la salud, la dignidad y la participación social de todos, especialmente de los enfermos y ancianos.
  2. Prioridad a los más débiles y atención integral:
    Jesús dedica toda la tarde a sanar “a muchos que padecían de diversas enfermedades”. La DSI afirma la opción preferencial por los pobres y enfermos, llamando a construir una sociedad donde el acceso a la salud y el cuidado sean derechos, no privilegios. La compasión de Jesús se traduce en acciones concretas que restauran la integridad de la persona.
  3. Oración y misión: equilibrio entre contemplación y compromiso:
    Jesús se retira a orar en soledad antes de continuar su misión pública. Para la DSI, la transformación social requiere una dimensión espiritual profunda. El compromiso por la justicia debe estar arraigado en una vida interior que evite el activismo vacío o la absorción por las demandas inmediatas (“todos te buscan”). La misión, aunque urgente, debe responder a un sentido más hondo (“para esto he venido”) y extenderse a todos los ámbitos (“otras aldeas”).

Conclusión

La acción de Jesús en este pasaje refleja un modelo de servicio integral que une la atención a la persona concreta (en su casa, en su enfermedad) con una misión abierta a toda la comunidad. La DSI nos invita a seguir este ejemplo: trabajar por una sociedad que cure las heridas físicas y sociales, partiendo de la familia y llegando a las periferias, siempre sustentados en una vida interior que busque la voluntad del Padre.

EVANGELIO DEL DÍA 13 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 21b-28

En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado

fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. Palabra del Señor.

***

El pasaje muestra a Jesús ejerciendo su autoridad no solo en la enseñanza, sino también liberando a una persona oprimida (el endemoniado) en un espacio comunitario (la sinagoga). Desde la DSI, esto puede iluminar dos aspectos clave:

  1. La dignidad de la persona y la liberación integral:
    La DSI insiste en que la persona humana, creada a imagen de Dios, debe ser respetada en su integridad física, espiritual y social. Jesús no solo enseña, sino que restaura la dignidad del hombre poseído, liberándolo de aquello que lo deshumanizaba y excluía de la comunidad. La misión de la Iglesia incluye promover condiciones sociales que permitan a cada persona vivir con dignidad, libre de “espíritus impuros” modernos como la injusticia, la miseria o la opresión.
  2. Autoridad como servicio:
    Jesús enseña “con autoridad”, pero esa autoridad no es dominación, sino servicio liberador. Para la DSI, toda autoridad en la sociedad debe ejercerse como servicio al bien común, nunca como imposición arbitraria. El poder debe usarse para proteger a los más débiles y restaurar la justicia, reflejando la autoridad compasiva de Cristo.

Conclusión

El pasaje, leído desde la DSI, recuerda que el anuncio del Reino de Dios tiene consecuencias sociales: implica defender la dignidad de cada persona, especialmente de las más marginadas, y ejercer la autoridad —también en los ámbitos políticos, económicos y culturales— como un servicio que libera y humaniza. La fama de Jesús “se extendió por toda la región” porque su palabra se hacía vida concreta en la liberación de un hermano. Así, la fe se manifiesta en la transformación de las realidades que alienan al ser humano.

EVANGELIO DEL DÍA 12 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. Palabra del Señor.

***

Este pasaje, donde Jesús inicia su predicación y llama a los primeros discípulos, ofrece claves para la misión social del cristiano:

  1. El Reino de Dios como horizonte social (v. 14-15):
    Jesús proclama que «el reino de Dios se ha acercado». La DSI entiende este Reino como una realidad transformadora que debe reflejarse ya en las estructuras humanas. No es solo espiritual, sino que implica justicia, paz y fraternidad concretas en la sociedad.
  2. Conversión y cambio de estructuras (v. 15):
    La llamada al arrepentimiento («arrepiéntanse») incluye una conversión personal y comunitaria. La DSI insiste en que la fe exige revisar y transformar los sistemas económicos, políticos y sociales que oprimen al ser humano, orientándolos al bien común.
  3. Llamada a la misión compartida (v. 16-20):
    Jesús llama a pescadores para hacerlos «pescadores de hombres». Esto subraya la vocación universal a colaborar en la obra de Dios. La DSI afirma que todos los bautizados, desde su profesión y lugar en la sociedad, están llamados a ser agentes de cambio y solidaridad, transformando su trabajo en servicio.
  4. Desprendimiento y prioridades (v. 18, 20):
    Los discípulos «dejaron las redes» y a su familia inmediatamente. La DSI no pide abandono literal de responsabilidades, pero sí una liberación de ataduras —como el afán de posesión, poder o individualismo— que impiden trabajar por la justicia. La opción por el Reino debe marcar el orden de valores personales y sociales.

Conclusión:
La llamada de Jesús en Marcos 1 es una invitación a seguirlo en la construcción activa del Reino de Dios en la historia. Desde la DSI, esto se traduce en un compromiso social urgente, basado en la conversión del corazón y en la acción concreta por un mundo más justo y fraterno, donde cada cristiano aporte desde su propio “lago de Galilea”.

EVANGELIO DEL DÍA 11 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo 

Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

***

El bautismo de Jesús no es solo un acontecimiento espiritual, sino que revela fundamentos para la misión social del cristiano:

  1. Solidaridad y humildad (v. 13-15):
    Jesús, sin tener necesidad de conversión, se pone en fila con los pecadores. Esto refleja el principio de la DSI de la solidaridad, que exige identificarse con los que sufren, reconocer la dignidad de cada persona y trabajar por la justicia desde la proximidad, no desde la superioridad.
  2. Cumplir «toda justicia» (v. 15):
    Jesús dice que su bautismo es para «cumplir toda justicia». Para la DSI, la justicia no es solo legal, sino una transformación social según el plan de Dios. Implica comprometerse activamente con estructuras más justas, defender los derechos humanos y promover el bien común, como parte integral del Evangelio.
  3. Dignidad humana confirmada (v. 16-17):
    La voz del Padre proclama: «Este es mi Hijo amado». En Jesús, toda persona humana recibe una dignidad inviolable por ser creada y amada por Dios. La DSI construye sobre esta base: toda política, economía o sistema social debe respetar y promover esa dignidad, especialmente entre los más excluidos.
  4. Misión con la fuerza del Espíritu (v. 16):
    El Espíritu desciende sobre Jesús antes de comenzar su vida pública. La DSI recuerda que la transformación social requiere la acción del Espíritu Santo y que los cristianos están llamados a ser agentes de cambio, no con fuerza propia, sino guiados y fortalecidos por Dios.

Conclusión:
El bautismo de Jesús es un modelo de identificación solidaria con la humanidad y de compromiso con la justicia integral. Desde la DSI, este pasaje inspira a los creyentes a trabajar por una sociedad donde cada persona sea reconocida en su dignidad de hijo amado de Dios, actuando con humildad y movidos por el Espíritu.

EVANGELIO DEL DÍA 10 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Juan 

Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, porque ahí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan no había sido encarcelado todavía.

Surgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos, acerca de la purificación. Los discípulos fueron a decirle a Juan: “Mira, maestro, aquel que estaba contigo en la otra orilla del Jordán y del que tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos acuden a él”.

Contestó Juan: “Nadie puede apropiarse nada, si no le ha sido dado del cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: ‘Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él’. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; en cambio, el amigo del novio, que lo acompaña y lo oye hablar, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría. Es necesario que él crezca y que yo venga a menos”

***

El testimonio de Juan el Bautista en este pasaje ofrece fundamentos para una ética social cristiana:

  1. Humildad y servicio (v. 30):
    Juan reconoce su papel secundario frente a Jesús: «Es necesario que él crezca y que yo disminuya». La DSI subraya que el bien común requiere servicio desinteresado y la superación de ambiciones de poder, invitando a poner los dones personales al servicio de los demás, especialmente de los más vulnerables.
  2. Bien común sobre intereses particulares (v. 26-29):
    Los discípulos de Juan muestran celos ante el éxito de Jesús. Juan corrige esa actitud, recordando que su misión es preparar el camino. La DSI rechaza la rivalidad destructiva y promueve la colaboración hacia metas que beneficien a toda la comunidad, priorizando el bien general sobre los protagonismos.
  3. Verdad y testimonio (v. 28):
    Juan reafirma su identidad: no es el Mesías, sino su precursor. La DSI valora la transparencia y la honestidad en la vida social, y llama a los cristianos a dar testimonio de la verdad, incluso cuando exige renuncia personal, como base para la justicia y la confianza en la sociedad.
  4. Alegría en la misión compartida (v. 29):
    Juan se compara con el «amigo del novio», lleno de alegría al oír la voz del novio. La DSI, al promover la fraternidad y la solidaridad, recuerda que la construcción de una sociedad más justa no es solo un deber, sino también una fuente de gozo compartido cuando se vive como respuesta a una vocación.

Conclusión:
Este pasaje, desde la óptica de la DSI, ilustra que la auténtica grandeza está en el servicio humilde, la colaboración por el bien común y el testimonio alegre de la verdad. Invita a transformar las estructuras sociales con una actitud que privilegie el «nosotros» sobre el «yo», reflejando la caridad y la justicia del Reino de Dios.

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EVANGELIO DEL DÍA 09 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según San Lucas

Lucas 5, 12-16

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”.

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

***

Este pasaje, que muestra la compasión y el poder sanador de Jesús hacia un marginado social, ilumina dos principios centrales de la DSI:

  1. Tocar al intocable: La dignidad humana y la inclusión. El hombre con lepra era un excluido total, obligado a vivir apartado y a gritar «¡impuro!» (Lev 13:45-46). Jesús no solo lo sana con su palabra, sino que lo toca, un gesto prohibido y revolucionario. Este acto restaura plenamente al hombre: lo cura físicamente, lo reintegra socialmente (al enviarlo al sacerdote para el certificado legal) y lo reafirma en su dignidad humana. La DSI insiste en que toda persona, independientemente de su condición, enfermedad, estatus social o económico, posee una dignidad intrínseca e inviolable. La sociedad debe luchar contra toda forma de exclusión y marginación, «tocando» simbólicamente a quienes el sistema descarta, promoviendo su inclusión social y garantizando sus derechos.
  2. La sanación integral y la prioridad de la persona. La acción de Jesús es integral: sana el cuerpo, restaura las relaciones y ofrece un encuentro personal. La DSI promueve una visión integral del desarrollo humano, que va más allá del bienestar material e incluye la dimensión social, cultural y espiritual. Además, ante la creciente fama y demanda (v.15), Jesús se retira a orar (v.16). Esto subraya que el compromiso social y la acción a favor de la justicia deben estar enraizados en una vida interior y una relación con Dios, para no caer en el activismo vacío o en la búsqueda de protagonismo.

En síntesis: La curación del leproso es un modelo para la acción social cristiana: una compasión que se traduce en contacto y acción concreta, que prioriza la dignidad y la inclusión de los más excluidos, y que busca la sanación integral de la persona y de la comunidad. La DSI nos llama a «tocar» las heridas sociales, derribando los muros de la marginación, y a sustentar ese trabajo en una vida de oración y discernimiento.

EVANGELIO DEL DÍA 08 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Lucas

Lucas 4, 14-22

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.

Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.

***

Este pasaje es el manifiesto programático de la misión de Jesús y, por tanto, el fundamento más explícito de la Doctrina Social de la Iglesia. Jesús define su misión citando al profeta Isaías (61,1-2), y la DSI se entiende como la aplicación de este programa a las estructuras de la sociedad.

  1. Buena Noticia a los pobres: Es el primer anuncio. La DSI desarrolla esto como la opción preferencial por los pobres. No es una opción exclusiva, pero sí prioritaria. Significa que la medida de una sociedad justa es cómo trata a sus miembros más vulnerables. La evangelización y la promoción humana están inseparablemente unidas.
  2. Libertad a los cautivos y oprimidos: Jesús anuncia una liberación integral (espiritual y social). La DSI trabaja por liberar de las «cárceles» modernas: la pobreza extrema, las estructuras económicas injustas, la opresión política, la exclusión social y la cultura del descarte. Promueve la dignidad de la persona y su libertad real para desarrollarse.
  3. Dar vista a los ciegos: Implica iluminar las conciencias para ver la injusticia donde otros no quieren verla. La DSI ofrece principios (bien común, destino universal de los bienes, solidaridad, subsidiaridad) para «ver» con claridad los problemas sociales y evaluar las instituciones.
  4. Proclamar el año del favor del Señor: Una referencia al Jubileo bíblico (Levítico 25), un tiempo de restauración social, condonación de deudas y liberación de esclavos. Es el núcleo de la visión cristiana de la justicia social: una economía al servicio de la persona, una redistribución que permita un nuevo comienzo y la primacía de la gratuidad sobre la mera lógica del mercado.

En síntesis: Lucas 4, 18-19 es el corazón de la DSI. Jesús declara que su misión—y, por extensión, la de su Iglesia—tiene una dimensión social intrínseca e irrenunciable. La Doctrina Social es el esfuerzo de la Iglesia por hacer operativos estos anuncios de liberación, traduciéndolos en principios, criterios y orientaciones para la acción, con el fin de transformar la sociedad según el designio de Dios de justicia, paz y dignidad para todos.

EVANGELIO DEL DÍA 06 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Marcos

Marcos 6, 34-44

En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: “Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer”. Él les replicó: “Denles ustedes de comer”. Ellos le dijeron: “¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Cuando lo averiguaron, le dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.

***

  1. Compasión y respuesta a las necesidades básicas: Jesús ve a la multitud, reconoce su desamparo (“ovejas sin pastor”) y atiende primero a su hambre material, mostrando que la evangelización y la caridad van unidas. La DSI subraya que la justicia social comienza con la opción preferencial por los pobres y la satisfacción de sus necesidades fundamentales (pan, trabajo, dignidad).
  2. Participación y corresponsabilidad: Jesús no actúa solo, sino que involucra a los discípulos: “Denles de comer ustedes mismos”. La DSI promueve la subsidiaridad: animar a todos a ser protagonistas en la solución de los problemas, sin esperar sólo soluciones externas.
  3. Destino universal de los bienes: El milagro muestra que, puestos los dones en las manos de Dios y compartidos, hay para todos y sobra. La DSI enseña que los bienes de la tierra están destinados a todos, y debemos administrarlos con justicia y solidaridad, no con acaparamiento.
  4. Acción organizada y comunitaria: Jesús pide ordenar a la gente “en grupos”. La DSI valora la organización social que permite atender necesidades de manera fraterna y eficaz, promoviendo el bien común.
  5. Gratuidad y abundancia: El gesto es gratuito, sacia a todos y genera abundancia (“doce canastas de sobras”). Para la DSI, la economía debe servir al ser humano, buscando no sólo el lucro, sino la generación de bienes relacionales y la distribución justa.

Este pasaje, por tanto, es un “icono” del compromiso cristiano: fe que se hace acción concreta, llamada a transformar estructuras de indigencia en experiencias de fraternidad y provisión compartida.

EVANGELIO DEL DÍA 05 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 4, 12-17. 23-25

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

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Este pasaje del Evangelio es fundamental para la DSI, ya que en él Jesús inaugura públicamente su misión con un anuncio que tiene una profunda dimensión social:

  1. La Luz para los que habitan en tinieblas (vv. 15-16): Jesús elige comenzar su predicación en Galilea, una región multicultural y marginada («Galilea de los gentiles»). La DSI ve aquí un claro principio de opción preferencial por los pobres y los excluidos. La luz de la verdad y la salvación llega primero a los que están en las «sombras» de la sociedad, invitando a la Iglesia a estar presente en las periferias existenciales y geográficas.
  2. El anuncio del Reino de los Cielos (v. 17): El núcleo del mensaje de Jesús es el Reino de Dios, que implica justicia, paz, dignidad y fraternidad. La DSI es la reflexión de la Iglesia sobre cómo construir, ya en este mundo, estructuras sociales más justas y reconciliadas que reflejen los valores del Reino. El llamado a la «conversión» (metanoia) es también un llamado a transformar las relaciones personales y sociales.
  3. La sanación integral (vv. 23-24): Jesús no solo predica, sino que cura «toda enfermedad y toda dolencia». Esto manifiesta la compasión de Dios por el sufrimiento humano integral (físico, espiritual, social). Para la DSI, esto se traduce en la defensa de la dignidad de la persona y en la promoción de un desarrollo humano integral, que exige el cuidado de la salud, la lucha contra las injusticias que enferman a la sociedad y la construcción de un orden social que permita una vida digna para todos.
  4. La universalidad de la misión (v. 25): Las multitudes que lo siguen vienen de distintas regiones (judías y paganas). Esto prefigura la vocación universal de la Iglesia y su mensaje social, que se dirige a todos los pueblos y culturas, promoviendo una fraternidad que trasciende toda frontera.

En síntesis: Mateo 4,12-17.23-25 presenta a Jesús iniciando su misión de llevar luz, sanación y la buena nueva del Reino a los márgenes de la sociedad. La Doctrina Social de la Iglesia bebe de este espíritu para iluminar, desde el Evangelio, la construcción de una sociedad más humana, justa y solidaria, recordando que el anuncio del Reino tiene implicaciones concretas para la vida social.

EVANGELIO DEL DÍA 04 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

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Este relato de la Epifanía (manifestación de Cristo a todos los pueblos) ilumina principios clave de la DSI:

  1. La universalidad de la salvación y la unidad de la familia humana.
    Los Magos, representantes de las naciones paganas y de culturas distintas al pueblo judío, son buscadores de la verdad guiados por la creación (la estrella). Su llegada a Belén simboliza que la dignidad y la vocación trascendente son para todos los pueblos, sin distinción de raza, cultura o condición social. La DSI se fundamenta en esta unidad de la familia humana bajo un solo Dios Padre, promoviendo la solidaridad, la justicia global y el rechazo de toda discriminación.
  2. La verdadera realeza (poder) está al servicio del más débil.
    Herodes representa el poder opresor y temeroso que, aferrado a su posición, recurre al engaño y la violencia (implícita en la historia) para eliminar cualquier amenaza a su dominio. En contraste, el verdadero “rey de los judíos” es un niño pobre en una aldea humilde. La DSI recuerda que la autoridad política, económica y social es legítima solo cuando sirve al bien común, protege la vida y la dignidad de los más vulnerables (como el Niño y su familia) y promueve la paz, no el miedo o la opresión.
  3. El camino de la conversión y la coherencia.
    Los Magos, al descubrir al verdadero Rey, “se marcharon por otro camino” (v.12). El encuentro auténtico con Cristo exige un cambio de ruta en la vida personal y social, abandonando los caminos del egoísmo, la indiferencia o la complicidad con estructuras injustas (representadas por Herodes). La DSI es una llamada a esa conversión social, a construir caminos nuevos basados en la justicia, la verdad y la adoración a Dios, no al poder idolátrico.

Conclusión breve:
La Epifanía revela que Cristo, Señor universal, se manifiesta en la pobreza y atrae a todos los pueblos a su luz. La DSI, a la luz de este misterio, nos invita a reconocer la dignidad de cada persona, a servir al bien común frente a los abusos de poder, y a buscar constantemente “otros caminos” —estructuras y actitudes sociales— que conduzcan a una auténtica fraternidad.

EVANGELIO DEL DÍA 03 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo Evangelio según san Juan

Juan 1,29-34

Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel».

Entonces Juan dio este testimonio: «Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

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Este pasaje, donde Juan el Bautista señala a Jesús como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, ofrece una base teológica profunda para la DSI:

  1. El pecado tiene una dimensión estructural y global.
    Jesús no viene solo a quitar los pecados individuales, sino “el pecado del mundo”. Esto incluye las estructuras de injusticia, las dinámicas de opresión, el egoísmo colectivo y todo aquello que daña la comunión humana y con Dios. La misión redentora de Cristo alcanza, por tanto, las raíces sociales del mal. La DSI es un instrumento de la Iglesia para analizar y proponer la transformación de esas estructuras de pecado a la luz del Evangelio.
  2. La dignidad de la persona revelada en Cristo.
    El testimonio de Juan culmina proclamando: “Este es el Hijo de Dios” (v.34). La humanidad entera recibe una nueva luz sobre su propia dignidad: si el Hijo de Dios se hizo hombre, toda persona humana posee una dignidad infinita y es amada por el Padre. Este es el fundamento último de los derechos humanos y del principio del bien común en la DSI. Toda violación de la dignidad humana es, en el fondo, una ofensa a Cristo, el Cordero que se ofreció por todos.
  3. La misión de la Iglesia: testimonio y servicio.
    Juan el Bautista cumple su rol como testigo (“yo lo he visto y doy testimonio”). Anuncia a Jesús y señala su identidad y misión. De modo análogo, la DSI es parte del testimonio de la Iglesia en el mundo. Su tarea es “señalar” a Cristo y su Reino como la respuesta definitiva a la sed de justicia y paz de la humanidad, y promover una sociedad a la medida del hombre redimido.

Conclusión breve:
La proclamación del “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” nos revela que la redención de Cristo es universal y transformadora. La DSI, inspirada en esta verdad, nos llama a reconocer y combatir el “pecado del mundo” en sus formas sociales, económicas y políticas, siempre partiendo de la verdad sobre el hombre revelada en el Hijo de Dios, y trabajando por construir una civilización del amor y la justicia.

EVANGELIO DEL DÍA 02 DE ENERO DE 2026

Memoria de San Basilio Magno y san Gregorio Nacianzeno, Obispos y doctores de la Iglesia

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 19-28

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: «¿Quién eres tú?»

Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: «Yo no soy el Mesías». De nuevo le preguntaron: «¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?» Él les respondió: «No lo soy». «¿Eres el profeta?» Respondió: «No». Le dijeron: «Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?» Juan les contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías».

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: «Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias».

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.

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Este pasaje ofrece una enseñanza profunda sobre la humildad y la misión al servicio de la verdad. Juan el Bautista no se atribuye identidades grandiosas, sino que define su rol como «voz» que prepara el camino para Otro. Desde la DSI, esto refleja:

  1. Principio del bien común y la subsidiaridad: Juan actúa con autoridad moral, pero no busca acaparar poder ni reconocimiento. Su misión es servicial – preparar los corazones para la llegada de Cristo. La DSI recuerda que toda autoridad debe ejercerse como servicio, orientada al bien de la comunidad y abriendo espacio para Aquel que es la Verdad plena.
  2. La dignidad de la persona y la búsqueda de la verdad: Los enviados preguntan con suspicacia, pero Juan responde con claridad, apuntando hacia Jesús. La DSI promueve un diálogo sincero en la búsqueda de la verdad, donde la humildad (reconocer «quién no soy») permite encontrar la identidad propia y señalar al que da sentido a la existencia humana.
  3. Opción preferencial por los pobres (en sentido espiritual): Juan predica en el desierto, un lugar marginal, dirigiéndose a todos, incluidos los alejados (simbólicamente «pobres» de esperanza). La DSI llama a salir a las «periferias» existenciales para anunciar la dignidad y la esperanza que provienen de Cristo.
  4. El trabajo y la misión como vocación: Juan asume su tarea bautismal como un encargo divino, no como un honor personal. La DSI ve el trabajo humano como participación en la obra creadora y redentora de Dios. Juan ejemplifica al que trabaja con sentido de servicio y trascendencia, apuntando más allá de sí mismo.

En resumen, Juan enseña que el auténtico liderazgo social o religioso no se basa en el poder, sino en el testimonio humilde que prepara el camino para la justicia, la verdad y el amor que Cristo trae. La DSI, desde este espíritu, invita a construir una sociedad donde el servicio, la honestidad y la orientación hacia el bien común prevalezcan sobre la ambición personal.

Dimensión Social de la Evangelización y Evangelización de lo Social