EVANGELIO DEL DÍA 29 DE MARZO DE 2026 PASIÓN DE CRISTO

Puede elegirse la lectura breve de la Pasión por razones pastorales *

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
«¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús? 
Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.., El primer día de la fiesta de los panes Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? ” 

El respondió:

+ “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ “.
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo:
+“Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. 

Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno:
¿Acaso soy yo, Señor?”
El respondió:

+ “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”.

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

«¿Acaso soy yo, Maestro?

Jesús le respondió:

+ “Tú lo has dicho”.
Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

+ “Tomen y coman. Este es mi Cuerpo”.

Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:

+ “Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.

Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:

+ “Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea”.

Entonces Pedro le replicó:
“Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré

Jesús le dijo:
+ “Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces”.
Pedro le replicó:
«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”. 

Y lo mismo dijeron todos los discípulos.

Entonces Jesús füe con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:

+ “Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá”.
Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:

+ “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”.

Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y Comenzó a orar, diciendo:

+ “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”.

Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:

+  “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.

Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo: 

+ “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”.
Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo:

+ “Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal:

«Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
«¡Buenas noches, Maestro! 
Y lo besó… Jesús le dijo:

={|= “Amigo, ¿es esto a lo que has venido?”
Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo . apresaron. Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:

+ “Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?”

Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
+ “¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas”. 

Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifas, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello… Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron:

«Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días 
Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
«¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya? ” 

Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
«Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
Jesús le respondió:
3P “Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo”.
Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: 

«¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué lesparece?” 

Ellos respondieron:
«Es reo de muerte ”,
Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas… Otros lo golpeaban, diciendo:

«Adivina quién es el que te ha pegado
Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio… Una criada se le acercó y le dijo:

«Tú también estabas con Jesús, el galileo
Pero él lo negó ante todos, diciendo:
S ‘No sé de qué me estás hablando
Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban ahí:

«También ése andaba con Jesús, el nazareno 

Él de nuevo lo negó con juramento:

S ‘‘No conozco a ese hombre
Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron:

No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata

Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo… Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: ‘Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces’. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente.

Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.

Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:

«Pequé, entregando la sangre de un inocente
Ellos dijeron: “
¿ Y a nosotros qué nos importa? Allá tú
Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó.

Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:

«No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre
Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”. Así se cumplió lo que-dijo el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor.

Comienza la lectura breve

Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:

¿Eres tú el rey de losjudíos? ” Jesús respondió:
=|r“Tú lo has dicho”.

Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:

“¿No oyes todo lo que dicen contra ti? ”
C Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado… Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos:

¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás a Jesús, que se dice el Mesías? 

C Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia… Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:

No te metas con ese hombrejusto, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó:

“¿A cuál de los dos quieren que les suelte?”, ellos respondieron:
S ‘‘A Barrabás ”.
Pilato les dijo: es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole:

«Tú, que destruyes el templo en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz

C También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo:

«Ha salvado a otros no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz creeremos en él… Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: Soy el Hijo de Dios ’ «.

C Hasta los ladrones qué estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:

q[=“Eli, Eli, ¿lemá sabactaní?”,
C que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”… Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

«Está llamando a Elias ”.
C Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron:

«Déjalo. Vamos’a ver si viene Elias a salvarlo ”. 

C Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

[Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes].

C Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente.

Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron:
«Verdaderamente éste era Hijo de Dios

Fin de la lectura breve

Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró… Estaban ahí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron:
Señor, nos hemos acordado de que eseimpostor, estando aún en vida, dijo: ‘A los tres días resucitaré… Manda, pues, asegurar el septdcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben digan luego al pueblo: Resucitó de entre los muertos porque esta última impostura seriapeor, que la primera ”.
Pilato les dijo:
Tomen un pelotón de soldados, vayan aseguren el sepulcro como ustedes quieran

Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia. Palabra del Señor.

EVANGELIO DEL DÍA 29 DE MARZO DE 2026. DOMINGO DE RAMOS <<DE LA PASIÓN DEL SEÑOR>>

Del santo Evangelio según san Mateo

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, «*♦ junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus

discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.

Esto sucedió para’que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apaciblemontado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. ■ Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritabam “¡Hosanna! ¡ Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: “¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Palabra del Señor.


La Doctrina Social de la Iglesia ve en este pasaje una pedagogía del poder, una crítica a la lógica del dominio, y la presentación de un modelo alternativo de autoridad y participación ciudadana basado en la humildad, la justicia y la paz.

A. El poder humilde: crítica a las ideologías de dominio

Jesús entra en Jerusalén no sobre un caballo de guerra (símbolo del poder militar romano o de los reyes opresores), sino sobre un asna, un animal de paz y de servicio. Cumple así la profecía de Zacarías, que presenta a un rey “justo, salvador, humilde” que “cortará los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén” y “anunciará la paz a las naciones” (Zac 9,9-10).

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social distingue entre poder como dominio y poder como servicio. Jesús rechaza el modelo de poder que se impone por la fuerza, la opulencia o la coerción militar. Este gesto es una profunda crítica a las estructuras de pecado que se sostienen sobre la violencia, la acumulación desigual y la dominación de unos sobre otros. La DSI, desde León XIII hasta Francisco, insiste en que la autoridad legítima debe ejercerse como servicio al bien común, no como privilegio de élites.

B. El “Señor los necesita”: la justicia en el uso de los bienes

Jesús ordena tomar un asna que no le pertenece, con la justificación: “El Señor los necesita”. Los dueños no oponen resistencia.

· Perspectiva DSI: Este gesto ilumina el principio del destino universal de los bienes. La Doctrina Social enseña que Dios destinó la tierra y sus bienes para todos los seres humanos. Cuando la necesidad del bien común (aquí la misión mesiánica) lo exige, los bienes particulares no pueden oponerse como un derecho absoluto. Esto no es una apología del robo, sino una afirmación de que la propiedad privada tiene una función social subordinada al destino común de los bienes. “El Señor los necesita” es una frase que resuena en la tradición social cristiana como llamado a la solidaridad y a la disponibilidad de los recursos para la misión de justicia.

C. La participación popular y el reconocimiento de la verdadera realeza

La multitud extiende mantos y ramas, aclamando a Jesús como “Hijo de David” y “el que viene en nombre del Señor”. Este es un acto de reconocimiento popular de la realeza mesiánica, pero no una realeza política según los criterios del mundo.

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social promueve la participación ciudadana como un derecho y un deber. El pueblo reconoce en Jesús al líder que viene desde abajo (Nazaret de Galilea), no desde los centros de poder. Este pasaje enseña que la legitimidad de una autoridad no proviene solo de las instituciones formales, sino de su cercanía a la verdad y a las aspiraciones de justicia del pueblo. La DSI, especialmente en la tradición latinoamericana, ha subrayado la importancia de que los pobres y los sencillos sean sujetos activos en la construcción de su propio destino.

D. La conmoción de la ciudad: el desafío a los poderes establecidos

“Toda la ciudad se conmovió” (v. 10). Jerusalén, centro del poder religioso y político, se inquieta ante la entrada de este profeta galileo. La pregunta “¿Quién es este?” revela que los poderes instituidos no reconocen a quien viene a liberarlos.

· Perspectiva DSI: La conmoción de la ciudad anticipa la confrontación que Jesús tendrá con las estructuras de poder (el Templo, el Sanedrín, Roma). La Doctrina Social señala que la llegada del Reino siempre es incomodidad para quienes han instalado su dominio sobre la exclusión y la injusticia. La paz que Jesús trae no es la “paz romana” impuesta por la fuerza, sino la paz que nace de la verdad y la justicia, que a menudo perturba a quienes se benefician del orden injusto.

E. La identidad profética: “el profeta de Nazaret de Galilea”

La multitud identifica a Jesús como “el profeta de Nazaret de Galilea” (v. 11). Lo reconocen como profeta, es decir, como quien habla en nombre de Dios y denuncia las injusticias.

· Perspectiva DSI: La dimensión profética es central en la DSI. La Iglesia, siguiendo a Jesús, está llamada a ser “voz de los sin voz” y a denunciar las estructuras de pecado. Nazaret y Galilea eran regiones periféricas, despreciadas por la élite de Jerusalén. Que Jesús sea identificado como “de Nazaret” subraya que Dios actúa desde las periferias existenciales y geográficas. La DSI insiste en que la acción social de la Iglesia debe partir de los pobres y desde los márgenes, no desde los centros de poder.

F. La humildad como método de transformación social

Montado en un asna, sin ejército, sin palacio, sin imposición. Jesús inaugura su entrada a la ciudad santa con un método: la humildad.

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social propone la humildad no como pasividad, sino como la forma de ejercer el poder que no busca dominar sino servir. San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han insistido en que el cambio social verdadero no se logra mediante la imposición violenta, sino mediante la conversión de los corazones y el testimonio humilde de la verdad. La entrada triunfal es un símbolo de que el Reino de Dios avanza por caminos distintos a los que el mundo considera eficaces.


Conclusión breve

Mateo 21, 1-11 presenta la entrada de Jesús en Jerusalén como un gesto profundo de pedagogía social: el Rey Mesías rechaza el caballo de guerra (el poder opresor) y elige el asna (la humildad y la paz). Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje fundamenta:

· La autoridad como servicio y no como dominio.
· El destino universal de los bienes frente a la propiedad absoluta.
· La participación popular como reconocimiento de la verdadera justicia.
· La incomodidad profética que la verdad genera en los poderes establecidos.
· Las periferias (Nazaret, Galilea) como lugar privilegiado de la revelación.

La entrada triunfal no es una demostración de poder mundano, sino la presentación de un Reino que se construye desde la humildad, la solidaridad y la paz, desafiando todas las lógicas de opresión y exclusión que aún hoy atraviesan nuestras sociedades.

EVANGELIO DEL DÍA 28 DE MARZO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Juan 

Juan 11, 45-56

En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: “¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?” Palabra del Señor.

***

La Doctrina Social de la Iglesia lee este pasaje como un análisis profundo de cómo las estructuras de poder pueden manipular el bien común, distorsionar la justicia y utilizar el principio de legitimidad para encubrir intereses particulares y condenar al inocente.

A. El “bien común” distorsionado como coartada

Caifás utiliza un argumento utilitarista: “Conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca”. En apariencia, es una defensa del bien común (la nación, el Templo) frente a una amenaza externa (Roma). En realidad, es una racionalización para eliminar al inocente que incomoda.

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social enseña que el bien común no es la suma de intereses particulares ni puede invocarse para sacrificar a los inocentes. El verdadero bien común respeta la dignidad de cada persona. Cuando los poderes políticos o religiosos justifican la exclusión, la tortura o la muerte de personas con el argumento de “salvar la nación” o “mantener el orden”, están cometiendo un abuso que la DSI denuncia como estructura de pecado. Caifás es el arquetipo de quien usa el lenguaje del bien común para ocultar el miedo a perder privilegios.

B. El miedo como motor de la injusticia

El Sanedrín teme: “Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”. Detrás de la decisión está el miedo a perder el poder político, la influencia religiosa y la estabilidad pactada con el imperio.

· Perspectiva DSI: El miedo es uno de los principales generadores de injusticia social. Cuando las élites toman decisiones basadas en el temor a perder su estatus, se vuelven capaces de cualquier atrocidad. La DSI llama a las comunidades políticas a gobernar desde la prudencia y la justicia, no desde el miedo que paraliza y lleva a eliminar a los profetas. El papa Francisco denuncia frecuentemente la “globalización de la indiferencia” que nace del miedo al otro y a perder lo propio.

C. La profecía involuntaria y la verdad que atraviesa las estructuras

El evangelista señala que Caifás, sin saberlo, profetizó: Jesús moriría por la nación y para reunir a los hijos de Dios dispersos. La estructura de poder que condena a Jesús es, paradójicamente, instrumento del plan salvífico.

· Perspectiva DSI: Este pasaje enseña que Dios puede obrar incluso a través de estructuras injustas, pero no las legitima. La DSI reconoce que a menudo las instituciones humanas (Estados, sistemas económicos, incluso estructuras eclesiales) son ambivalentes: pueden ser instrumentos de justicia o de opresión. La fe en la soberanía de Dios no exime de la responsabilidad de denunciar el pecado estructural, sino que da esperanza de que la verdad (aunque sea perseguida) triunfa al final.

D. La lógica del “chivo expiatorio”

“Conviene que uno muera por todos” es la fórmula clásica del mecanismo del chivo expiatorio: un grupo descarga sus tensiones y miedos sobre un inocente al que sacrifica para restaurar la falsa paz.

· Perspectiva DSI: René Girard, desde una perspectiva que la Iglesia ha acogido, mostró que las sociedades se fundan a menudo sobre violencias fundadoras ocultas. La DSI, al iluminar este pasaje, denuncia cómo las sociedades contemporáneas siguen creando chivos expiatorios: migrantes, pobres, minorías, disidentes a los que se culpa de todos los males. La cruz de Jesús desenmascara este mecanismo y llama a construir sociedades basadas en la fraternidad, no en la exclusión sacrificial.

E. El retiro de Jesús y la resistencia no violenta

Al conocer la decisión del Sanedrín, Jesús “dejó de andar públicamente entre los judíos” y se retiró a Efraín con sus discípulos (v. 54). No es huida por cobardía, sino discernimiento: aún no había llegado su hora.

· Perspectiva DSI: La enseñanza social de la Iglesia valora la prudencia y la resistencia no violenta. No todo enfrentamiento directo es evangélico; a veces preservar la vida y la misión es un acto de fidelidad. Jesús no se entrega hasta el momento determinado. Esto enseña que la lucha por la justicia no es temeridad, sino sabiduría para saber cuándo hablar, cuándo retirarse y cuándo dar la vida, siempre en libertad y no por imposición del adversario.

F. La división como consecuencia de la verdad

El pasaje comienza con la división: muchos creen en Jesús (v. 45), otros lo denuncian (v. 46). La verdad provoca fractura.

· Perspectiva DSI: La DSI no idealiza una sociedad sin conflictos. Reconoce que el anuncio de la verdad (sobre la dignidad humana, la justicia, los derechos de los pobres) genera tensiones. La unidad a cualquier precio, especialmente la que se logra silenciando a los profetas o eliminando a los inocentes, no es el bien común auténtico. La verdadera unidad es la que se construye en la justicia, no la que impone el poder con la sangre de los mártires.


Conclusión breve

Juan 11, 45-56 muestra cómo el poder religioso y político utiliza el argumento del “bien común” (salvar la nación) para justificar la condena del inocente. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje es una advertencia contra la manipulación de los principios de justicia, el miedo como motor de decisiones injustas y el mecanismo del chivo expiatorio que las sociedades repiten a lo largo de la historia. Jesús, que se retira prudentemente, desenmascara esta lógica y enseña que el verdadero bien común se construye respetando la dignidad de todos, especialmente de los que se convierten en víctimas del sistema. La profecía involuntaria de Caifás recuerda que, incluso en las estructuras más corruptas, Dios puede obrar, pero eso no absuelve a quienes, por miedo o conveniencia, condenan al inocente.

EVANGELIO DEL DÍA 27 DE MARZO DE 2026 Opción b

Del santo Evangelio según san Lucas 2, 33-35

En aquel tiempo, el padre y la madre del niño estaban admirados de las palabras que les decía Simeón. El los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: «Este niño ha sido puesto para la ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te a atravesará el alma». Palabra del Señor.

***

  1. El texto: Lucas 2, 33-35 (Contexto)

José y María llevan a Jesús al Templo de Jerusalén para presentarlo al Señor, conforme a la Ley de Moisés. Allí encuentran a Simeón, un hombre justo y piadoso, que había recibido la promesa del Espíritu Santo de que no moriría sin ver al Mesías. Simeón toma al niño en brazos y pronuncia un cántico de acción de gracias (el Nunc Dimittis). Luego bendice a la pareja y dirige a María estas palabras: “Mira, este niño está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —y a ti misma una espada te atravesará el alma—, para que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones” (vv. 34-35).


  1. Breve perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia encuentra en este pasaje una profunda iluminación sobre el discernimiento social, el juicio que la verdad provoca en las estructuras y la pasión que acompaña a quienes trabajan por la justicia.

A. La “señal de contradicción” y el conflicto social

Simeón anuncia que Jesús será “señal de contradicción”. Su presencia no deja indiferente: provoca división, enfrentamiento entre formas opuestas de entender la vida, el poder y la verdad.

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social no promete una sociedad sin conflictos, sino que enseña a afrontarlos con criterios evangélicos. Jesús es “señal de contradicción” porque su mensaje —la dignidad de los pobres, la primacía de la verdad sobre el poder, la fraternidad sobre la opresión— choca con las estructuras de pecado. En el lenguaje de la DSI, el Reino de Dios es una “contradicción” para los ídolos del mercado, el poder absoluto y las ideologías que excluyen.

B. Caída y elevación: juicio sobre las estructuras

El niño está puesto “para caída y elevación de muchos”. No se trata de un destino arbitrario, sino del juicio que la verdad misma ejerce: quien se cierra a Dios “cae” en su propia soberbia; quien se abre es “elevado” en dignidad.

· Perspectiva DSI: Este pasaje anticipa lo que la DSI llama el juicio de Dios sobre la historia. Las estructuras sociales, los sistemas económicos, los regímenes políticos y las opciones culturales no son neutrales: ante el Evangelio, quedan al descubierto como promotores de vida o de muerte. La opción preferencial por los pobres, la defensa de la vida y el destino universal de los bienes son criterios que “elevan” a los humildes y “derriban” las estructuras de pecado.

C. La espada que atraviesa el alma: la pasión de los que aman la justicia

Simeón anuncia a María: “a ti misma una espada te atravesará el alma”. La madre del Redentor participará en el sufrimiento de su Hijo. María, figura de la Iglesia y de los pobres fieles, no es ajena al dolor que provoca la fidelidad a Dios en un mundo hostil.

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social reconoce que el compromiso por la justicia tiene un costo. Desde los mártires del siglo XX hasta los defensores de derechos humanos perseguidos hoy, la “espada” recuerda que quien se coloca junto a los crucificados de la historia comparte su sufrimiento. La DSI no promete éxito mundano, sino fidelidad. María al pie de la cruz (que ya se anuncia aquí) es el arquetipo de la esperanza que persevera en medio de la contradicción.

D. “Queden al descubierto las intenciones de los corazones”: transparencia y verdad

El fin de la profecía es “para que queden al descubierto las intenciones de los muchos corazones” (v. 35). La venida de Jesús es una luz que desenmascara lo que está oculto: las falsas apariencias, los intereses egoístas disfrazados de virtud, las injusticias legitimadas por costumbre o ley.

· Perspectiva DSI: Este principio es fundamental para la doctrina social: toda comunidad política, económica o eclesial necesita espacios de transparencia y verdad. La corrupción, la manipulación y el encubrimiento son formas de “ocultar las intenciones”. El Evangelio, como luz, revela lo que hay detrás de los discursos vacíos y las estructuras que oprimen. La DSI aboga por una sociedad donde la verdad pueda ser dicha sin temor y donde las intenciones estén al servicio del bien común, no del interés particular.

E. La Ley y el Templo: crítica a las instituciones religiosas vacías

Jesús es presentado en el Templo cumpliendo la Ley, pero Simeón anuncia que este niño pondrá en crisis precisamente esa institución que lo recibe.

· Perspectiva DSI: La Doctrina Social de la Iglesia incluye una autocrítica constante: las instituciones (incluso las religiosas) pueden convertirse en obstáculo para el Reino si se aferran al ritual vacío o al poder temporal. La profecía de Simeón recuerda que la fidelidad a Dios exige purificación permanente. Así como Jesús “contradice” las seguridades religiosas de su tiempo, la DSI llama a la Iglesia a no identificarse con estructuras injustas, sino a estar siempre del lado de los que sufren.


Conclusión breve

Lucas 2, 33-35 presenta a Jesús como “señal de contradicción” que provoca caída y elevación, y anuncia a María la espada que atravesará su alma. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje enseña que el Evangelio no es un mensaje neutro, sino que juzga las estructuras sociales y las intenciones de los corazones. Quien se compromete con la justicia y la verdad enfrentará contradicción y sufrimiento (la “espada”), pero esta fidelidad es la que permite que quede al descubierto lo que realmente construye o destruye la dignidad humana. María, que guardaba estas cosas en su corazón, es modelo de la comunidad cristiana que persevera en la esperanza sin rehuir el conflicto que la verdad provoca en el mundo.

EVANGELIO DEL DÍA 27 DE MARZO DE 2026

Del santo Evangelio según san Juan

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y Maria Magdalena.

Al ver a la madre y junto a ella al discípulo a quien tanto quería. Jesús dijo a su madre : <<Mujer, ahí tienes a tu hijo>> Luego dijo al discípulo: << Ahí está tu madre.>> Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Palabra del Señor.

***

    La Doctrina Social de la Iglesia encuentra en este pasaje el fundamento de la familia como célula básica de la sociedad, el principio de la solidaridad y la constitución de una nueva comunidad fraterna que nace del costado de Cristo.

    A. La familia como comunidad de vida y amor

    En el momento supremo de su entrega, Jesús no confía bienes materiales ni estructuras de poder, sino que cuida de su madre y del discípulo. Establece un vínculo familiar que trasciende la sangre.

    · Perspectiva DSI: La Iglesia enseña que la familia fundada en el matrimonio es el santuario de la vida y la primera escuela de humanización. Este pasaje muestra que la familia no se reduce a un contrato social, sino que es un lugar de cuidado recíproco (el Hijo que cuida a la Madre, la Madre que acoge al discípulo). La Doctrina Social defiende a la familia como sujeto de derechos y como célula primordial de la sociedad, porque es en ella donde se aprende la solidaridad que luego se extiende a toda la comunidad.

    B. El principio de solidaridad hecho carne

    La palabra “ahí tienes” expresa una entrega mutua. Jesús no deja a María sola ni abandona al discípulo sin vínculos. Crea una red de pertenencia.

    · Perspectiva DSI: La solidaridad es uno de los principios fundamentales de la DSI (San Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis). Consiste en asumir la responsabilidad por el otro como propio. En una sociedad marcada por el individualismo y la indiferencia (lo que Francisco llama “cultura del descarte”), este pasaje recuerda que la comunidad cristiana se reconoce porque sus miembros “se reciben unos a otros en su casa”. El discípulo no es un espectador del sufrimiento ajeno; lo acoge como propio.

    C. Los pobres y vulnerables: María como figura de los que sufren

    María está al pie de la cruz. No está en el centro del poder, sino en el lugar del sufrimiento y la fidelidad silenciosa. Jesús la pone en el centro de la nueva comunidad.

    · Perspectiva DSI: María es figura de los pobres y los que sufren que permanecen fieles junto a los crucificados de la historia. La Doctrina Social de la Iglesia, especialmente en la tradición latinoamericana (Medellín, Aparecida), subraya que desde los pobres se construye la nueva sociedad. La “opción preferencial por los pobres” no es una estrategia política, sino la respuesta a un Dios que, desde la cruz, pone a los sufrientes en el corazón de la comunidad.

    D. La comunidad como familia extendida (principio de subsidiariedad y fraternidad)

    El discípulo recibe a María “en su casa”. Lo privado (la casa) se convierte en espacio de acogida de la misión. No es una institución anónima la que cuida de la madre de Jesús, sino una persona concreta.

    · Perspectiva DSI: Este pasaje ilumina los principios de subsidiariedad (las estructuras grandes no deben suplantar la responsabilidad personal y comunitaria) y de fraternidad. La respuesta a la vulnerabilidad no viene primero del Estado o de las grandes instituciones, sino del vínculo personal y comunitario. La Doctrina Social promueve una sociedad donde las personas y las comunidades intermedias (familia, parroquia, vecindario) asuman su responsabilidad en el cuidado de los más débiles.

    E. La “mujer” y la dignidad del cuidado

    Jesús llama a María “Mujer”, no “madre” en sentido biológico exclusivo. La eleva como símbolo de la nueva Eva, madre de los vivientes. Ella recibe la misión de ser madre de la comunidad creyente.

    · Perspectiva DSI: La Iglesia reconoce el genio femenino como insustituible en la construcción de una sociedad más humana. El cuidado, la ternura y la capacidad de permanecer junto al sufrimiento son valores que la Doctrina Social considera esenciales para la economía, la política y la vida social. María al pie de la cruz es el modelo de una humanidad que no abandona, que acoge y que genera comunidad allí donde la violencia pretende desintegrar todo vínculo.


    Conclusión breve

    Juan 19, 25-27 es el momento en que Jesús, desde la cruz, constituye una nueva familia: la comunidad de los discípulos unida bajo el cuidado materno de María. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje fundamenta la familia como célula social irreemplazable, el principio de solidaridad que transforma la indiferencia en acogida, la opción por los pobres (María al pie de la cruz) y la subsidiariedad que se expresa en el cuidado concreto de persona a persona. En una sociedad que tiende a descartar a los débiles, las palabras “ahí tienes a tu madre” y “ahí tienes a tu hijo” instituyen una cultura del cuidado y la fraternidad que es el corazón de la doctrina social cristiana.

    EVANGELIO DEL DÍA 27 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan

    Juan 10, 31-42

    En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”

    Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.

    Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.

    ***

    La Doctrina Social de la Iglesia lee este pasaje como una defensa de la libertad de conciencia, un alegato contra el fundamentalismo religioso y una lección sobre cómo la autoridad debe discernir la verdad más allá de los esquemas rígidos.

    A. La libertad religiosa frente al poder coercitivo

    Los adversarios de Jesús recurren a la violencia (las piedras) como respuesta a una afirmación que consideran blasfema. Jesús, en lugar de responder con fuerza, razona desde la Escritura y luego se retira.

    · Perspectiva DSI: La Iglesia enseña que la verdad no se impone por la fuerza, sino por el testimonio y el diálogo racional. El Concilio Vaticano II (Dignitatis Humanae) afirma que la libertad religiosa es un derecho fundamental: nadie puede ser obligado a actuar contra su conciencia ni impedido para actuar conforme a ella. Jesús no se enfrenta violentamente al poder, pero tampoco se somete a su coerción injusta; se retira para preservar su misión.

    B. La razón y la Escritura como mediadoras del bien común

    Jesús apela a la propia Escritura de sus adversarios (Salmo 82) para demostrar que su afirmación no es blasfema según los criterios que ellos mismos aceptan. No desprecia la tradición, sino que la interpreta en su sentido pleno.

    · Perspectiva DSI: En la construcción del bien común, el diálogo social requiere apelar a principios reconocibles y no imponer arbitrariamente las propias convicciones. Jesús enseña que incluso en contextos de confrontación religiosa, es posible (y necesario) argumentar desde aquello que la otra parte reconoce como válido. Este es un principio fundamental para la ciudadanía democrática y el pluralismo sano.

    C. Las “obras” como criterio de credibilidad social

    Jesús dice: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras” (vv. 37-38).

    · Perspectiva DSI: La Doctrina Social subraya que la credibilidad del anuncio cristiano se juega en las obras de justicia y caridad. Una comunidad o una institución que dice representar a Dios debe ser creíble por su compromiso con el bien común, la defensa de los pobres y la transformación de las estructuras injustas. Las “obras” del Padre (dar vista al ciego, liberar al oprimido) son el criterio de autenticidad.

    D. El retiro estratégico y la no violencia activa

    Jesús se escapa de sus manos y se retira al otro lado del Jordán. No es huida por miedo, sino una decisión que preserva el tiempo de la misión y evita un enfrentamiento estéril.

    · Perspectiva DSI: La enseñanza social de la Iglesia valora la resistencia no violenta y el discernimiento de los tiempos. No todo enfrentamiento directo es prudente ni evangélico. A veces, preservar la vida y la misión requiere apartarse del poder hostil para continuar sembrando desde otro lugar. En el otro lado del Jordán, “muchos creyeron en Él” (v. 42), mostrando que la fe no se impone desde el centro del poder, sino que brota en la periferia cuando el testimonio es auténtico.


    Conclusión breve

    Juan 10, 31-42 presenta a Jesús enfrentando la violencia religiosa con argumentación racional, apelación a las Escrituras y el testimonio de sus obras. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje fundamenta la libertad religiosa, el diálogo como método para la convivencia social, la credibilidad de las obras como criterio de autenticidad eclesial, y la prudencia que sabe preservar la misión sin ceder a la lógica del enfrentamiento violento. Jesús no responde con piedras, sino que se retira para que la verdad siga sembrándose allí donde hay corazones abiertos.

    EVANGELIO DEL DÍA 26 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan 

    Juan 8, 51-59

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”.

    Los judíos le dijeron: “Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”

    Contestó Jesús: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello”.

    Los judíos le replicaron: “No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Les respondió Jesús: “Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”.

    Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.

    ***

    La Doctrina Social de la Iglesia encuentra en este pasaje claves teológicas fundamentales sobre la verdad, la libertad religiosa y el rechazo que sufre la verdad misma cuando cuestiona los poderes establecidos.

    A. La verdad que libera frente a la idolatría del pasado

    Los adversarios de Jesús se aferran a la descendencia de Abraham como garantía de salvación. Jesús les revela que la verdadera vida no está en la pertenencia biológica o cultural, sino en “guardar su palabra”.

    · Perspectiva DSI: La Doctrina Social advierte contra la idolatría de las tradiciones vacías o de los particularismos (étnicos, nacionales, ideológicos) que se absolutizan. La dignidad humana y el bien común no se fundamentan en el pasado ni en el linaje, sino en la adhesión a la verdad trascendente que es Cristo. Sin esta verdad, las sociedades quedan atrapadas en discursos que excluyen a quienes no pertenecen al “nosotros” histórico.

    B. El “Yo Soy”: la plenitud de la libertad

    Jesús revela su divinidad con el “Yo Soy” (Éxodo 3,14). Esta autorrevelación no es una fórmula abstracta; implica que Él es la fuente de la vida y la libertad plena.

    · Perspectiva DSI: La Iglesia enseña que la libertad religiosa (Dignitatis Humanae) es fundamento de toda libertad humana. Reconocer a Dios como origen último de la persona y de la sociedad es condición para que el Estado y las estructuras sociales no se conviertan en ídolos que devoran a los ciudadanos. Jesús es apedreado precisamente por afirmar su identidad divina, mostrando que la verdadera libertad incomoda a los poderes que se creen autosuficientes.

    C. La violencia contra la verdad (apedreamiento)

    La reacción violenta de los interlocutores (“tomaron piedras para arrojárselas”) es la respuesta de quienes, instalados en una falsa seguridad religiosa, rechazan la novedad de Dios.

    · Perspectiva DSI: Este pasaje ilumina el fenómeno de la persecución de los profetas y de los defensores de la justicia. Desde la DSI, cuando una sociedad (incluso con apariencia religiosa) se cierra a la verdad y se aferra a estructuras de poder injustas, tiende a eliminar a quien la denuncia. La enseñanza social de la Iglesia señala que la justicia no se impone con violencia, sino con el testimonio de la verdad, que a menudo paga con el sufrimiento el precio de su fidelidad.

    D. La vida eterna como principio transformador del presente

    Jesús promete: “Quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre” (v. 51). Esta promesa no es solo escatológica; transforma la forma de vivir en la historia.

    · Perspectiva DSI: La esperanza en la vida eterna impide que el cristiano absolutice las realidades terrenas (el poder, la riqueza, el éxito), pero al mismo tiempo lo compromete a transformarlas. El destino trascendente de la persona es el fundamento de su dignidad inalienable, que ninguna estructura social puede desconocer. Así, la DSI combate todo sistema que reduzca a la persona a un mero medio (totalitarismos, explotación laboral, exclusión) porque sabe que cada ser humano está llamado a la vida plena en Dios.


    Conclusión breve

    Juan 8, 51-59 presenta a Jesús como la Verdad encarnada que trasciende la historia (“Yo Soy”) y ofrece vida eterna a quienes guardan su palabra. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje enseña que la libertad auténtica y la justicia social solo son posibles cuando las sociedades reconocen su fundamento trascendente. El rechazo violento a Jesús anticipa la tensión que sufre la verdad en un mundo que prefiere construir seguridades idolátricas en lugar de abrirse al Dios de la vida.

    EVANGELIO DEL DÍA 25 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Lucas 

    Lucas 1, 26-38

    En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

    Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

    El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

    María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia. Palabra del Señor.

    ***

    La Doctrina Social de la Iglesia no se limita a documentos pontificios; brota del Evangelio y encuentra en María un paradigma de cómo la fe transforma la realidad. Desde este pasaje podemos destacar cuatro puntos:

    A. La dignidad de la mujer y su protagonismo

    Dios confía la encarnación no a las estructuras de poder político o religioso de Jerusalén, sino a una joven mujer de un pueblo pequeño y sin relevancia social.

    · Perspectiva DSI: La Anunciación revela que la dignidad humana no depende del estatus social, el género o el lugar de origen. La Iglesia, inspirada en este pasaje, defiende el protagonismo de la mujer en la sociedad y en la construcción del bien común, reconociendo que la vocación al servicio (como el “he aquí” de María) no es sumisión pasiva, sino cooperación activa con el plan de Dios.

    B. La opción preferencial por los pobres y los pequeños

    Dios elige Nazaret, una aldea despreciada (de donde se decía “¿de Nazaret puede salir algo bueno?” en Jn 1,46). María pertenece al anawim, los pobres de Yahvé que confían plenamente en Dios.

    · Perspectiva DSI: Este pasaje fundamenta la opción preferencial por los pobres. Dios no elige los centros de poder económico o político, sino la periferia. La Doctrina Social enseña que la sociedad debe mirar prioritariamente a los últimos, porque allí Dios se revela y desde allí transforma la historia.

    C. El “sí” de María como participación en el bien común

    María no recibe un privilegio privado; su consentimiento tiene repercusiones universales: el Hijo que concebirá es el Salvador de toda la humanidad.

    · Perspectiva DSI: El “hágase” de María es el modelo de la participación responsable. Así como María asume una misión que trasciende su vida individual para el bien de todos, la Doctrina Social invita a cada persona y comunidad a no vivir encerrada en lo privado, sino a colaborar en la construcción del bien común, poniendo la propia libertad al servicio del proyecto de Dios.

    D. El “Espíritu Santo” y la transformación de las estructuras

    El ángel responde: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra” (v. 35). Es el Espíritu quien fecunda una realidad nueva sin violencia, desde la humildad.

    · Perspectiva DSI: Toda transformación social auténtica en la enseñanza de la Iglesia no se impone por la fuerza, sino que es obra del Espíritu que actúa desde dentro. La subsidiariedad (principio de la DSI) refleja esta lógica: Dios respeta la libertad de María y no la anula; así también las instituciones sociales deben respetar y potenciar la iniciativa de las personas y comunidades intermedias.


    Conclusión breve

    Lucas 1, 26-38 muestra que la irrupción de Dios en la historia no ocurre a través del poder mundano, sino mediante la fe humilde y activa de una joven de Nazaret. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, María es el arquetipo de la persona que, asumiendo su dignidad, dice “sí” a una misión que trasciende su propia vida y contribuye al bien común de toda la humanidad, bajo la acción transformadora del Espíritu Santo.

    EVANGELIO DEL DÍA 24 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan 

    Juan 8, 21-30

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo me voy y ustedes me buscarán, pero morirán en su pecado. A donde yo voy, ustedes no pueden venir”. Dijeron entonces los judíos: “¿Estará pensando en suicidarse y por eso nos dice: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’?” Pero Jesús añadió: “Ustedes son de aquí abajo y yo soy de allá arriba; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Se lo acabo de decir: morirán en sus pecados, porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.

    Los judíos le preguntaron: “Entonces ¿quién eres tú?” Jesús les respondió: “Precisamente eso que les estoy diciendo. Mucho es lo que tengo que decir de ustedes y mucho que condenar. El que me ha enviado es veraz y lo que yo le he oído decir a él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que hablaba del Padre.

    Jesús prosiguió: “Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo Soy y que no hago nada por mi cuenta; lo que el Padre me enseñó, eso digo. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que a él le agrada”. Después de decir estas palabras, muchos creyeron en él. Palabra del Señor.

    ***

    La Doctrina Social de la Iglesia no es un comentario exegético directo de cada verso, sino una reflexión ética y teológica sobre la realidad social a la luz del Evangelio. Desde este pasaje, podemos destacar tres puntos:

    A. La Verdad como fundamento de la libertad (Cristocentrismo)

    En la DSI, la libertad auténtica no es hacer lo que se quiere, sino adherirse a la verdad. Jesús les dice que morirán en su pecado porque no creen en Él, que es la Verdad (Juan 14:6).

    · Perspectiva DSI: La Iglesia enseña que sin el reconocimiento de la verdad trascendente (Dios), la libertad humana se corrompe y se convierte en esclavitud del pecado social (injusticia, corrupción, idolatría del poder). “La verdad os hará libres” (Juan 8,32) es el lema de la DSI para la liberación integral del hombre.

    B. El “de abajo” vs. el “de arriba”: La opción por los pobres

    Jesús distingue dos lógicas: la de “abajo” (mundana, cerrada a Dios) y la de “arriba” (divina). Desde la DSI, especialmente desde San Óscar Romero y la tradición latinoamericana, la lógica de “arriba” es la lógica del Reino, que invierte las estructuras de pecado.

    · Perspectiva DSI: Los cristianos están llamados a no vivir según la lógica del “mundo” (individualismo, acumulación, exclusión), sino según la lógica de “arriba”, donde Dios se revela en la cruz (el “levantado”) y en los que sufren. La solidaridad y el destino universal de los bienes son reflejos de esta mirada divina que no pertenece a las estructuras injustas de “abajo”.

    C. El “levantado” (La Cruz) como juicio social

    Jesús dice: “Cuando levantéis al Hijo del Hombre, sabréis que Yo Soy” (v. 28). La Doctrina Social ve en la cruz el juicio de Dios sobre las estructuras de pecado: el poder religioso y político que condena al inocente.

    · Perspectiva DSI: La cruz muestra que Dios se solidariza con las víctimas de los sistemas injustos. En la enseñanza social de la Iglesia, el bien común se construye cuando reconocemos a Cristo en el que sufre (Mateo 25) y rechazamos la lógica de “muerte” que predomina cuando Dios está ausente de las decisiones sociales.

    Conclusión breve

    Juan 8, 21-30 nos recuerda que sin Cristo (el “Yo Soy”), la sociedad queda “en pecado” , es decir, desorientada, injusta y esclava de una lógica meramente horizontal. La Doctrina Social de la Iglesia aplica esta verdad al afirmar que la dignidad humana, la libertad y la justicia solo alcanzan su plenitud cuando la vida social se ordena desde “arriba” (desde Dios), reconociendo a Cristo crucificado y resucitado como fundamento de toda acción liberadora.

    EVANGELIO DEL DÍA 23 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan

    Juan 8, 1-11

    En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

    Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”

    Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

    Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

    Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.

    ***

    Este pasaje es uno de los más luminosos del Evangelio en cuanto a la misericordia y la justicia. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) encuentra aquí principios fundamentales para la convivencia humana y el trato hacia los más vulnerables.

    1. La instrumentalización de la persona y la doble moral
    El relato comienza con una grave injusticia: traen a una mujer «sorprendida en flagrante adulterio» , pero no traen al hombre. La Ley de Moisés contemplaba el castigo para ambos. Esta selectividad revela la hipocresía y la instrumentalización de una persona para tender una trampa a Jesús. La DSI denuncia firmemente cualquier situación en la que la dignidad de la persona sea sacrificada en aras de otros intereses, sean políticos, ideológicos o religiosos. Utilizar a un ser humano como «medio» para lograr un fin (en este caso, acusar a Jesús) es una violación radical de su valor intrínseco. La mujer es tratada no como una hija de Dios, sino como un objeto en un conflicto de poder.

    2. La justicia que mata frente a la justicia que restaura
    Los acusadores apelan a la Ley de Moisés («Moisés nos mandó apedrear…») para justificar una pena de muerte. Representan una justicia puramente legalista y vengeativa, que busca la eliminación del transgresor. Frente a esto, Jesús no niega el pecado (no dice que la mujer sea inocente), sino que introduce un principio superior: la misericordia y el reconocimiento de la propia fragilidad. La DSI, basada en el Evangelio, propone una justicia que no se limite a castigar, sino que busque la rehabilitación y la reintegración social de la persona. El sistema penal, según la Doctrina Social, debe estar orientado a la corrección y a la reinserción, no a la simple venganza social. Jesús le devuelve a la mujer su lugar en la comunidad: «Vete».

    3. La igual dignidad de todos ante Dios
    La frase «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le tire la primera piedra» es una poderosa declaración de igualdad radical. Los acusadores, que se situaban en un plano de superioridad moral, son confrontados con su propia conciencia y su propia fragilidad. La DSI insiste en que todos los seres humanos, independientemente de su conducta, condición social o historia personal, poseen la misma dignidad inalienable. No hay «ciudadanos de primera» que puedan erigirse en jueces absolutos de los demás. Esta igualdad fundamental es la base de la justicia social y del rechazo a toda forma de discriminación o elitismo moral.

    4. La opción preferencial por los vulnerables
    Jesús se queda solo con la mujer. Los poderosos (escribas y fariseos) se han ido, y Él permanece con la acusada, la expuesta, la humillada. Este gesto es una encarnación de lo que la DSI llama la opción preferencial por los pobres y excluidos. Jesús no justifica el pecado, pero se sitúa del lado de la persona caída, no del lado de sus jueces. En una sociedad que tiende a aplastar al débil, el cristiano está llamado a «colocarse en medio» con aquellos que son colocados en el centro para ser señalados y condenados. La Iglesia debe ser, como Jesús, un espacio de acogida y de nueva oportunidad para los que la sociedad descarta.

    5. La libertad y la responsabilidad personal
    Finalmente, Jesús le dice: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más» . Hay aquí una combinación perfecta de gracia y exigencia. Jesús le devuelve la libertad («Vete»), le restaura la dignidad («no te condeno»), pero también le recuerda su responsabilidad («no peques más»). La DSI defiende la libertad humana como un don de Dios, pero siempre orientada al bien. La verdadera libertad no es el libertinaje, sino la capacidad de elegir el bien. Al perdonarla, Jesús le da a la mujer la oportunidad de recomenzar, de ejercer su libertad de manera nueva y constructiva. La reinserción social solo es posible si va acompañada de un camino personal de conversión y responsabilidad.

    En resumen, Juan 8, 1-11 nos presenta a un Jesús que defiende a la víctima, desenmascara la hipocresía de los poderosos y restaura la dignidad de la persona. La Doctrina Social de la Iglesia recoge este mensaje para construir una sociedad donde nadie sea utilizado, donde la justicia sea restaurativa, donde todos sean reconocidos como iguales y donde los más débiles encuentren siempre una mano tendida para comenzar de nuevo.

    EVANGELIO DEL DÍA 22 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo Evangelio según San Juan

    Juan 11, 1-45

    1 Estaba entonces enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. 2 María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien amas está enfermo». 4 Al oírlo, dijo Jesús: «Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». 5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Cuando oyó que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde se encontraba. 7 Luego, después de esto, dice a los discípulos: «Vamos otra vez a Judea». 8 Los discípulos le dicen: «Rabbí, hace poco que los judíos intentaban apedrearte, ¿y vuelves allí?». 9 Jesús respondió: «¿No hay doce horas en el día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero si anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él». 11 Dijo esto y después añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; pero voy a despertarle». 12 Le dijeron sus discípulos: «Señor, si está dormido, se curará». 13 Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. 14 Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vamos a donde está él». 16 Entonces Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros a morir con él». 17 Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, como a unos quince estadios; 19 y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. 20 Cuando Marta supo que Jesús llegaba, le salió al encuentro; María, en cambio, se quedó en casa. 21 Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22 Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». 23 Jesús le dice: «Tu hermano resucitará». 24 Marta le respondió: «Ya sé que resucitará en la resurrección del último día». 25 Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». 27 Ella le dice: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo». 28 Dicho esto, fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama». 29 Ella, al oírlo, se levantó rápidamente e iba hacia él. 30 Jesús todavía no había llegado a la aldea, sino que estaba en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado. 31 Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 Cuando María llegó a donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33 Viéndola llorar Jesús, y viendo llorar también a los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34 y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?». Le responden: «Señor, ven y lo verás». 35 Lloró Jesús. 36 Los judíos decían: «Mirad cómo lo amaba». 37 Pero algunos de ellos dijeron: «Éste, que abrió los ojos al ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?». 38 Jesús, conmoviéndose de nuevo en su interior, llega al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta una piedra encima. 39 Dice Jesús: «Quitad la piedra». Marta, la hermana del muerto, le dice: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días». 40 Jesús le responde: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». 41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado. 42 Yo sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». 43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!». 44 Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadlo andar». 45 Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.

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    Este texto, uno de los más densos y conmovedores del Evangelio, trasciende el milagro individual para ofrecer claves profundas sobre la vocación del ser humano en sociedad. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) encuentra aquí pilares fundamentales.

    1. La centralidad de la persona y el valor de la comunidad
    El relato está tejido de relaciones personales. Jesús ama a Lázaro, Marta y María . La DSI parte siempre del principio de la dignidad de la persona humana, creada por amor y para el amor. Pero esta dignidad no se vive en soledad. Vemos a una comunidad en duelo: «muchos judíos habían venido… para consolarlas» . La presencia de la comunidad en el dolor es una expresión de solidaridad, un principio clave de la DSI. El duelo compartido, el consuelo ofrecido, son formas esenciales de reconocer que el sufrimiento de uno es asunto de todos. La familia y la comunidad son el ámbito donde la vida y la muerte encuentran sentido y apoyo.

    2. El llanto de Jesús y la compasión como motor social
    El versículo más corto de la Biblia, «Lloró Jesús» , es también uno de los más profundos. Jesús no es un ser distante que solo viene a solucionar un problema; se conmueve, se turba y llora con los que lloran. Este es el fundamento de la opción preferencial por los pobres y los que sufren. La DSI no es una fría teoría, sino una mirada de amor que nace de la compasión de Cristo. El llanto de Jesús nos interpela: ¿nos conmovemos ante el dolor ajeno? ¿Lloramos con los que lloran, o pasamos de largo? La compasión auténtica es el primer paso para la acción transformadora.

    3. La verdad sobre la muerte y el compromiso con la vida
    Jesús no niega la realidad de la muerte ni sus consecuencias. Cuando Marta le advierte: «ya huele mal» , Jesús no la desmiente. Acepta la verdad cruda de la situación. Sin embargo, frente a esa realidad, Él se presenta como «la resurrección y la vida» . Para la DSI, esto implica un compromiso radical con la defensa de la vida en todas sus etapas. La resurrección de Lázaro es un anticipo de la victoria definitiva sobre la muerte, pero también un mandato: luchar contra todo lo que causa «muerte» en la sociedad: la pobreza, la guerra, la injusticia, la soledad. La fe en la resurrección no nos aleja del mundo, sino que nos impulsa a trabajar por una vida digna para todos aquí y ahora.

    4. La participación y la corresponsabilidad: «Quitad la piedra» y «Desatadlo»
    Este es quizás el aspecto más directamente social del milagro. Jesús podía haber hecho rodar la piedra con un pensamiento, o haber desatado las vendas con un soplo. Sin embargo, pide ayuda: «Quitad la piedra» (v. 39) y, después del milagro, ordena: «Desatadlo y dejadlo andar» (v. 44). Esto es una poderosa enseñanza sobre la participación y la corresponsabilidad humana en la obra de Dios. La DSI insiste en que la construcción del bien común es tarea de todos. Dios actúa, pero cuenta con nuestras manos. Nos corresponde a nosotros remover las «piedras» que sepultan a las personas (la exclusión, la falta de oportunidades, la violencia) y, cuando Dios les devuelve la vida, nos toca a nosotros «desatar las vendas» que aún las atan (los estigmas sociales, la burocracia que humilla, la falta de acogida). La resurrección de Lázaro no termina cuando él sale del sepulcro; termina cuando la comunidad lo reintegra, lo desata y lo acoge de nuevo.

    En resumen, Juan 11 nos muestra que la vida y la fe son un asunto comunitario. Jesús nos invita a llorar con los que sufren, a confiar en Él como fuente de vida, y a asumir nuestra parte en la tarea de liberar a los hermanos de todo aquello que los ata y los sepulta.

    EVANGELIO DEL DÍA 21 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan

    Juan 7, 40-53

    En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: «Éste es verdaderamente el profeta». Otros afirmaban: «Éste es el Mesías». Otros, en cambio, decían: «¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?» Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

    Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: «¿Por qué no lo han traído?» Ellos respondieron: «Nadie ha hablado nunca como ese hombre». Los fariseos les replicaron: «¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita».

    Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: «¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: «¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta». Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.

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    Este pasaje es un cuadro perfecto de las tensiones sociales y religiosas que provoca la presencia de Jesús. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos ayuda a leer estos conflictos como claves para entender los desafíos de la convivencia humana.

    1. La división social y el rechazo al diferente
    El texto comienza con una «división» (cisma) entre la gente a causa de Jesús . La DSI reconoce que la llegada de la verdad puede generar división, pero no porque la verdad sea un elemento de discordia, sino porque los corazones cerrados a ella reaccionan con violencia. El conflicto surge del prejuicio: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo?» . Este rechazo basado en el origen geográfico (el «localismo» excluyente) es una forma de discriminación que la DSI combate. El principio de unidad del género humano nos recuerda que, ante Dios, no hay galileos ni judíos de ciudad; todos somos hermanos. Cerrarse a alguien por su procedencia es negar la universalidad de la salvación y la fraternidad humana.

    2. La soberbia de las élites y el desprecio al pueblo sencillo
    La reacción de los fariseos es particularmente reveladora de una injusticia social: «¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley, son unos malditos» . Aquí vemos a la autoridad (religiosa y social) utilizada para despreciar al pueblo. La DSI denuncia esta actitud como una grave falta contra el bien común. Las élites intelectuales y religiosas tienen la responsabilidad de guiar, no de menospreciar. Llamar «malditos» a quienes buscan la verdad (aunque no tengan estudios) es una forma de elitismo que la Iglesia rechaza. La sabiduría no es exclusiva de los letrados, y el Espíritu sopla donde quiere, a menudo en los sencillos.

    3. El derecho a un juicio justo (La intervención de Nicodemo)
    Nicodemo introduce un elemento de justicia elemental: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberlo escuchado antes y sin saber lo que hace?» . Este es un principio básico de la Doctrina Social: el respeto al derecho de defensa y al debido proceso. La DSI ha defendido siempre que la justicia no puede ser arbitraria. Condenar a alguien sin escucharlo, basándose solo en rumores o prejuicios sociales (como ser galileo), es una violación de la dignidad humana. Nicodemo, aunque fariseo, representa la voz de la conciencia que apela a la ley para proteger al inocente. Es un ejemplo de cómo la autoridad debe ejercerse con rectitud, incluso en minoría.

    4. El argumento falaz y la negación de la evidencia
    La respuesta de los fariseos a Nicodemo es un ejemplo de cómo el poder, cuando se siente amenazado, recurre a la falacia y la descalificación personal: «¿También tú eres galileo?» . En lugar de rebatir sus argumentos, lo atacan. Además, mienten diciendo «de Galilea no sale ningún profeta» (olvidando a Jonás, Oseas, etc.). Para la DSI, esto es una advertencia sobre cómo las ideologías y el deseo de mantener el poder pueden nublar la razón y negar la evidencia. Una sociedad sana necesita un debate honesto basado en la verdad, no en la descalificación del adversario.

    5. El silencio cómplice y la vuelta a la rutina
    El versículo final es desolador: «Y se volvieron cada uno a su casa» . Después del conflicto, de la injusticia, de la negación a escuchar, cada uno vuelve a su vida, a su comodidad. La DSI llama a esto la falta de participación y de corresponsabilidad. Ante la injusticia, no basta con no hacer el mal; el silencio de los que podrían hablar (como otros magistrados que quizás pensaban como Nicodemo pero callaron) se convierte en complicidad. El profeta Oseas decía: «Porque ellos sembraron viento, y torbellino segarán». La indiferencia social es un pecado contra la caridad política.

    En conclusión, Juan 7, 40-53 nos muestra los mecanismos por los cuales una sociedad puede cerrarse a la verdad: el prejuicio clasista, el abuso de autoridad, la negación del derecho a la defensa y la vuelta a la indiferencia. La DSI nos invita a reconocer a Cristo en los «galileos» de hoy (los marginados, los que no pertenecen al círculo del poder) y a tener la valentía de Nicodemo para defender la justicia, incluso en minoría.

    EVANGELIO DEL DÍA 20 DE MARZO DE 2026

    Viernes de la IV semana de Cuaresma

    Lectura del santo evangelio según san Juan 

    Juan 7, 1-2. 10. 25-30

    En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

    Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: «¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene».

    Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: «Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo… Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado». Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

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    Este pasaje del Evangelio de Juan, situado en un contexto de conflicto y desconfianza hacia Jesús, nos permite reflexionar sobre varios principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) aplicables a la vida en sociedad.

    1. La libertad de conciencia y el rechazo a la persecución por la verdad
    El relato comienza mostrando a Jesús que debe actuar con prudencia («casi en secreto») porque «buscaban matarlo» . Esta situación de hostilidad hacia Él, precisamente por decir la verdad sobre su identidad y misión, nos habla de un principio social básico: la libertad religiosa y de conciencia. La DSI defiende firmemente el derecho de las personas y las comunidades a buscar la verdad, expresar sus convicciones y vivir según su fe sin coacción ni temor a la persecución (Conc. Ecum. Vat. II, Dignitatis Humanae, 2). La intolerancia de las autoridades hacia Jesús es un ejemplo de cómo el poder puede cerrarse a la verdad cuando esta no coincide con sus intereses.

    2. El prejuicio social como obstáculo para el reconocimiento de la dignidad
    Los habitantes de Jerusalén rechazan a Jesús basándose en un prejuicio: «Nosotros sabemos de dónde viene éste» . Creen conocer su origen (Galilea, Nazaret) y eso les impide abrirse a la posibilidad de que sea el Mesías. Este mecanismo de exclusión por el origen social o geográfico es analizado por la DSI como una injusticia que atenta contra la dignidad de la persona. El principio del bien común exige superar los prejuicios y reconocer el valor de cada persona más allá de su procedencia. La Iglesia llama constantemente a construir una «civilización del amor» donde no haya marginados por su lugar de nacimiento o condición social, recordando que la dignidad humana es siempre anterior a cualquier etiqueta social.

    3. La verdad frente a las estructuras de poder y la hipocresía
    Jesús, «mientras enseñaba en el templo», denuncia la ignorancia voluntaria de sus oyentes: «a quien vosotros no conocéis» . A pesar de tener la ley y las Escrituras, no reconocen al Enviado del Padre. La DSI tiene una especial preocupación por la verdad en las relaciones sociales. Cuando las autoridades (religiosas y civiles en este caso) se ciegan por sus propios esquemas y no reconocen la acción de Dios en la historia, se convierten en un obstáculo para el bien del pueblo. La enseñanza social de la Iglesia insiste en que toda autoridad debe ejercerse como un servicio a la verdad y a la justicia, y nunca como un instrumento para mantener privilegios o silenciar voces incómodas.

    4. La «hora» de Dios y la paciencia activa en la historia
    Finalmente, el versículo 30 («intentaban prenderlo, pero nadie le puso la mano encima porque todavía no había llegado su hora») nos recuerda que la historia humana no está en manos del azar ni de los poderosos, sino que tiene un sentido trascendente. Para la DSI, esto se traduce en una actitud de esperanza activa. Los cristianos estamos llamados a trabajar por la justicia en el mundo, sabiendo que el mal no tiene la última palabra. Esta confianza en la providencia no lleva al quietismo, sino al compromiso paciente y firme, sabiendo que nuestros esfuerzos por construir una sociedad más justa se insertan en un plan más grande que solo Dios conoce y que culminará en su «hora».

    En resumen, Juan 7 nos presenta a un Jesús que desafía los prejuicios sociales y el poder establecido, recordándonos que la verdad, la libertad y el reconocimiento de la dignidad de todos (incluidos los que parecen «de origen conocido») son pilares irrenunciables para una sociedad justa y conforme al proyecto de Dios.

    EVANGELIO DEL DÍA 19 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Lucas

    Lucas 2, 41-51a

    41 Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. 42 Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre 43 y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 44 Éstos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; 45 al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. 46 Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. 48 Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo te buscábamos angustiados». 49 Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» 50 Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. 51a Él bajó con ellos y fue a Nazaret y vivía sujeto a ellos.

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    Este pasaje, más allá de su significado teológico sobre la filiación divina de Jesús, ofrece ricos puntos de reflexión iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Podemos destacar tres principios fundamentales:

    1. El valor y la vocación de la familia
    El texto subraya la centralidad de la familia como el primer ámbito de educación en la fe y en los valores humanos. José y María cumplen con la tradición religiosa y peregrinan juntos, transmitiendo a Jesús la identidad y las costumbres de su pueblo . La DSI insiste en que la familia es la «célula primera y vital de la sociedad» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 253). Es en su seno donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos, y donde se vive la solidaridad en su forma más básica. El viaje anual a Jerusalén representa esa transmisión de la fe viva a las nuevas generaciones, un deber fundamental de los padres .

    2. El bien común y la participación de los jóvenes en la sociedad
    La escena de Jesús en el Templo, dialogando con los maestros de la Ley, es una imagen poderosa de la participación activa de los jóvenes en la vida social y religiosa. Jesús no está al margen, sino en el corazón de la comunidad, escuchando, preguntando y compartiendo su sabiduría. La DSI llama a promover el bien común, que es el conjunto de condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. Esto incluye necesariamente la integración y el desarrollo de los jóvenes, cuyas preguntas e inquietudes enriquecen a toda la sociedad. Una comunidad que no escucha a sus jóvenes empobrece su futuro. Jesús, con doce años —edad en la que, según la costumbre judía, comenzaba a prepararse para la mayoría de edad religiosa—, nos recuerda la importancia de crear espacios para que los más jóvenes puedan crecer en sabiduría y gracia, y contribuir activamente .

    3. El desarrollo humano integral
    El versículo 51a, «Él bajó con ellos y fue a Nazaret y vivía sujeto a ellos», junto con el versículo 52 («Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres»), que continúa inmediatamente después del pasaje, muestra el proceso de desarrollo humano integral de Jesús. La DSI promueve un concepto de desarrollo que no es meramente económico, sino que abarca todas las dimensiones de la persona: la física, la intelectual, la moral y la espiritual . El hogar de Nazaret es presentado como el lugar donde este desarrollo armonioso es posible gracias al amor, la autoridad respetuosa de los padres (a la que el Hijo de Dios se somete libremente) y la vida cotidiana compartida. La «angustia» de María y José al perder a Jesús también refleja la preocupación legítima por el bienestar y la seguridad de los hijos, un aspecto fundamental de la responsabilidad parental .

    En conclusión, Lucas 2, 41-51a nos presenta a la Sagrada Familia no como un ideal inalcanzable, sino como un modelo de cómo vivir los principios sociales fundamentales: la transmisión de la fe en la familia, la participación de los jóvenes en la comunidad y la búsqueda de un desarrollo humano pleno e integral.

    EVANGELIO DEL DÍA 18 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan 

    Juan 5, 17-30

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): «Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo». Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.

    Entonces Jesús les habló en estos términos: «Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.

    Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.

    Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

    No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

    ***

    La Doctrina Social de la Iglesia ilumina este texto destacando que la acción de Dios en el mundo continúa a través de los hombres. Los principios clave que se desprenden son:

    · El destino universal de los bienes y la vida: Jesús otorga la vida (v. 21). La DSI recuerda que Dios es el dueño de todo y que los bienes de la creación están destinados a todos. Defender la vida digna y los derechos humanos es participar de la obra creadora y redentora de Dios.
    · El bien común: Jesús actúa para sanar y dar vida (el bien de la persona), por encima de una interpretación rígida de la ley (el sábado). La DSI enseña que la ley y las estructuras sociales deben estar al servicio de la persona humana y su dignidad, no al revés.
    · Participación y subsidiariedad: Jesús realiza las obras del Padre. Todo cristiano está llamado a ser «cooperador» de Dios. La DSI invita a los laicos a transformar el orden social según el plan de Dios, actuando con iniciativa propia pero en comunión con la voluntad divina.
    · La verdad y la justicia: Jesús juzga con justicia porque busca la voluntad del Padre (v. 30). En la vida social, la justicia no puede ser arbitraria; debe basarse en la verdad sobre el hombre y en el respeto a la ley de Dios.

    Conclusión breve:
    Así como Jesús continúa la obra del Padre dando vida y buscando la justicia, la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que los cristianos estamos llamados a continuar esa obra en el mundo, defendiendo la dignidad humana, trabajando por el bien común y poniendo las estructuras al servicio de la persona.

    EVANGELIO DEL DÍA 17 DE MARZO DE 2026

    Lectura del santo evangelio según san Juan

    Juan 5, 1-16

    Era un día de fiesta para los judíos, cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesdá, en hebreo, con cinco pórticos, bajo los cuales yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

    Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado, Jesús le dijo: «¿Quieres curarte?» Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo». Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda». Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

    Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido curado: «No te es lícito cargar tu camilla». Pero él contestó: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y anda’ «. Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te dijo: ‘Toma tu camilla y anda’?» Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la muchedumbre. Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: «Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor». Aquel hombre fue y les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.

    ***

    Desde la óptica de la Doctrina Social, este pasaje ilumina varios principios fundamentales:

    1. El destino universal de los bienes y la exclusión social
    El paralítico no solo sufre una enfermedad física, sino una profunda soledad estructural: «No tengo a nadie que me meta en la piscina» (v. 7). La DSI subraya que los bienes (en este caso, el agua curativa) son para todos, pero el hombre está excluido de ellos porque es pobre y no tiene quien lo ayude. La falta de comunidad y solidaridad lo mantiene en su postración.

    2. El primado de la persona sobre el sábado (la ley)
    Los fariseos se escandalizan porque Jesús «trabaja» curando en sábado. La DSI enseña que las normas y las instituciones están al servicio de la persona humana, y no al revés. Jesús prioriza la dignidad del hombre por encima del precepto legal. El bien de la persona (su salud y salvación) está por encima de la mera observancia ritual.

    3. El trabajo como participación en la obra de Dios
    Cuando Jesús dice «Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo», está elevando la dignidad del trabajo y la acción humana. Curar (hacer el bien) es participar en la obra creadora y redentora de Dios. La DSI ve en esto que el trabajo y la acción transformadora del mundo son un camino de santificación.

    4. La opción preferencial por los vulnerables
    Jesús ve a un hombre que la sociedad ha abandonado (38 años de espera lo demuestran). La Iglesia, siguiendo este ejemplo, nos invita a mirar primero a los que están postrados al borde del camino, a los que no tienen quién los ayude a llegar al «agua» de los recursos, la salud o la justicia.

      Conclusión breve:
      El pasaje muestra a un Jesús que libera y restaura la dignidad de un marginado, chocando con una estructura religiosa que había olvidado que la ley es para el hombre. La Doctrina Social nos llama a ser ese «alguien» que el paralítico no tenía, trabajando por un mundo donde nadie esté postrado esperando en vano.

      EVANGELIO DEL DÍA 16 DE MARZO DE 2026

      Lectura del santo evangelio según san Juan 

      Juan 4, 43-54

      En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

      Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: «Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen». Pero el funcionario del rey insistió: «Señor, ven antes de que mi muchachito muera». Jesús le contestó: «Vete, tu hijo ya está sano».

      Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre». El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.

      Ésta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.

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      La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos invita a leer este milagro no solo como un acto de poder divino, sino como un signo del Reino de Dios que tiene implicaciones para la vida en sociedad.

      1. La Dignidad de la Persona y la Solidaridad

      El centro de la acción de Jesús es la restauración de la vida y la salud del hijo. La DSI parte del principio fundamental de la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios. La angustia del padre refleja el valor sagrado de la vida. Jesús no se muestra indiferente al sufrimiento familiar; al contrario, su respuesta es una llamada a la solidaridad: nos necesitamos unos a otros y, ante todo, necesitamos la gracia de Dios para superar nuestras «enfermedades» sociales y espirituales.

      1. El Bien Común y la Fe como Fundamento de la Comunidad

      El pasaje culmina diciendo que «creyó él y toda su familia» (v. 53). La sanación física se convierte en el camino para una sanación más profunda: la fe. Desde la perspectiva de la DSI, esto nos habla del bien común. El bien no es solo individual; la salud y la fe del hijo repercuten en todo su hogar, transformándolo. Una sociedad sana se construye sobre familias y comunidades donde se reconoce la presencia de Dios. Como mencionó Benedicto XVI en Caritas in Veritate, el desarrollo auténtico no puede reducirse a lo material; debe incluir la apertura a Dios y al prójimo, superando la «pobreza» del aislamiento .

      1. La Autoridad de la Palabra vs. el «Asistencialismo»

      El funcionario quiere que Jesús «baje» a su casa (v. 49), es decir, busca una solución inmediata y tangible según sus propios términos. Jesús, en cambio, ofrece su Palabra: «Vete, tu hijo vive». Jesús no depende del espectáculo, sino de la confianza.
      Aquí hay una clave social importante: la Iglesia no es una mera agencia de asistencia que resuelve problemas materiales inmediatos sin involucrar a la persona. Su misión es proclamar una Palabra que da vida y que requiere la participación activa (la fe) del ser humano. Se trata de empoderar a la persona desde dentro, promoviendo su subjetividad y su capacidad de creer y actuar, tal como la DSI promueve la participación activa de los ciudadanos en la sociedad.

      Conclusión

      En Juan 4, 43-54, Jesús rompe las distancias para salvar una vida. La Doctrina Social de la Iglesia ve en este acto un llamado a construir una sociedad donde la vida sea protegida (dignidad), donde las familias sean núcleos de fe y amor (bien común) y donde la acción de Dios no sea vista como un producto de consumo, sino como una palabra que nos invita a colaborar con Él.

      EVANGELIO DEL DÍA 15 DE MARZO DE 2026

      Lectura del santo evangelio según san Juan 

      Jn 9, 1-41

      En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

      Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. 

      Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

      Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

      ***

      La doctrina social ilumina este texto más allá de su mensaje individual, revelando su potencia para transformar las estructuras comunitarias:

      1. La superación de la «teología de la retribución» y el misterio del sufrimiento

      La pregunta de los discípulos («¿quién pecó?») refleja una concepción errónea muy extendida: la idea de que la enfermedad o la pobreza son castigo directo por el pecado . La respuesta de Jesús es una revolución teológica y social. El sufrimiento del inocente no tiene su causa última en una falta personal o familiar, sino que se convierte en el lugar donde «las obras de Dios se manifiestan» . La doctrina social recoge esta enseñanza para recordar que la dignidad de la persona nunca está disminuida por su condición física o social. El ser humano no vale por lo que tiene o por su salud, sino porque es imagen de Dios, y sus limitaciones pueden ser un canal para la gracia .

      1. La exclusión social como consecuencia del prejuicio religioso

      El drama del ciego no termina con la curación; comienza entonces su calvario social. Los fariseos, aferrados a una interpretación rígida de la Ley (el sábado), prefieren la norma a la persona . Someten al hombre a un juicio humillante, desprecian el testimonio de sus padres y, finalmente, lo expulsan de la comunidad. La doctrina social de la Iglesia denuncia estas dinámicas de exclusión. Cuando las instituciones religiosas o civiles ponen la ideología, el prejuicio o la burocracia por encima del bien concreto de las personas, se convierten en estructuras de pecado. El miedo de los padres a ser expulsados («porque tenían miedo a los judíos», v. 22) es un poderoso recordatorio de cómo los sistemas pueden silenciar y oprimir .

      1. El valor profético del testimonio desde la periferia

      El expulsado, el que ha sido marginado por el sistema, se convierte en el único testigo válido de la verdad. Frente a los «expertos» que todo lo saben, el hombre se aferra a su experiencia transformadora . La doctrina social, fiel al «amor preferencial por los pobres», reconoce que los últimos, los descartados, los que sufren en las «periferias existenciales», tienen una capacidad única para comprender y testimoniar la verdad del Evangelio. Son ellos quienes a menudo ven con claridad lo que los poderosos, cegados por su suficiencia, no pueden percibir .

      1. La fe que lleva a la adhesión y a la comunidad inclusiva

      El camino del ciego es un camino de progresiva incorporación. Al ser expulsado de la sinagoga (la comunidad oficial que lo rechaza), es inmediatamente acogido por Jesús, formando parte de la nueva comunidad de creyentes . Su confesión final («Creo, Señor») y su adoración son el culmen de este proceso. La doctrina social subraya que la Iglesia debe ser ese espacio de acogida incondicional, donde los excluidos por el mundo (y a veces por las propias estructuras eclesiales) encuentran un hogar y ven restaurada su dignidad. Como señala un comentario, «el llamado de la iglesia es a ser una comunidad que acompaña y restaura» .

      💭 Conclusión: Una luz que confronta

      La enseñanza de Juan 9 es incómoda: la luz de Jesús no solo ilumina, sino que provoca un juicio. Nos obliga a preguntarnos: ¿Somos como el ciego, que reconoce su necesidad y se deja transformar? ¿O somos como los fariseos, que creyendo verlo todo, estamos espiritualmente ciegos por nuestra autosuficiencia y nuestros prejuicios?

      La perspectiva social nos añade una pregunta más: ¿Construimos comunidades (familiares, parroquiales, civiles) que acogen y restauran la dignidad de todos, especialmente de los que son señalados como «pecadores» o «problemáticos»? La Buena Noticia es que Jesús busca siempre a los expulsados para revelárseles y devolverles la luz, integrándolos en su comunidad.

      EVANGELIO DEL DÍA 14 DE MARZO DE 2026

      Lectura del santo evangelio según san Lucas 

      Lucas 18, 9-14

      En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:»Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

      ***

      La doctrina social de la Iglesia nos ofrece claves para leer esta parábola más allá de la moral individual, iluminando su dimensión comunitaria y estructural:

      1. El principio del destino universal de los bienes frente a la «justicia» autosuficiente

      El fariseo representa una lógica de acumulación espiritual: «doy el diezmo de todo lo que tengo» . Esta actitud puede reflejar una concepción posesiva de la relación con Dios, paralela a la acumulación material que denuncia la doctrina social. El publicano, que «no tiene nada que mostrar», encarna la verdad fundamental de que todo es don. Desde la doctrina social, esto nos recuerda que los bienes de la tierra —y la salvación— están destinados a todos, no son fruto exclusivo del mérito individual .

      1. El amor preferencial por los pobres y excluidos

      El publicano pertenecía a una categoría despreciada: los recaudadores eran cómplices de la estructura económica opresora del Imperio . Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Esta inversión de valores es la base del principio del amor preferencial por los pobres: Dios mira con especial misericordia a quienes la sociedad descarta. La parábola nos confronta con nuestra tendencia a construir estructuras sociales y eclesiales que excluyen, mientras Dios incluye .

      1. La subversión de las estructuras de honor y vergüenza

      En el mundo mediterráneo del siglo I, el honor era un valor central . El fariseo poseía honor social; el publicano, vergüenza pública. Jesús trastoca este sistema: lo honorable ante los hombres resulta vacío ante Dios; lo vergonzoso, exaltado. La doctrina social llama a la Iglesia a ser «experta en humanidad» precisamente cuestionando los criterios mundanos de éxito, poder y reputación, para poner en el centro a los últimos .

      1. La justicia como relación, no como mero cumplimiento

      El fariseo cumple la ley, pero su corazón está cerrado al prójimo («no soy como ese publicano»). La doctrina social insiste en que la justicia no es solo un conjunto de normas, sino una virtud que ordena las relaciones humanas hacia el bien común. La verdadera justicia, como muestra el publicano, nace del reconocimiento de la propia fragilidad y de la apertura al otro .

      💭 Conclusión: Una llamada a la conversión estructural

      La parábola no es una condena genérica del fariseísmo, sino una advertencia para toda comunidad creyente: la tentación de construir una identidad religiosa basada en la exclusión y el desprecio está siempre acechando. Desde la doctrina social, esta llamada se convierte en un imperativo para revisar nuestras estructuras pastorales, económicas y comunitarias. ¿Reflejan la lógica del fariseo que excluye, o la del publicano que, desde su humildad, es acogido por la misericordia que todo lo transforma?

      Como bien señala un comentario, la religión debería acercarnos a Dios y a los demás, no separarnos . El publicano bajó a su casa justificado. Esa justificación no fue un acto mágico, sino el inicio de una vida nueva en relación correcta con Dios y, por tanto, con los hermanos.

      EVANGELIO DEL DÍA 13 DE MARZO DE 2026

      Lectura del santo evangelio según san Marcos 

      Marcos 12, 28-34

      En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le respondió: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos».

      El escriba replicó: «Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

      Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

      ***

      La Doctrina Social de la Iglesia ve en este pasaje el fundamento teológico de toda su enseñanza sobre la vida en sociedad. No se trata solo de un mandamiento religioso individual, sino del principio estructural de una sociedad justa y fraterna .

      1. La inseparable unión entre fe y vida social: La DSI subraya que la respuesta a Dios no puede vivirse al margen de las realidades sociales. El amor a Dios se manifiesta en el amor concreto al prójimo, especialmente al más vulnerable. Como recordaba Mons. Romero, «la gloria de Dios es que el pobre viva» . Por lo tanto, la fe debe traducirse en compromiso por la justicia, la paz y el bien común .

      2. El amor como «principio estructurador»: La invitación a amar a Dios con todas las facultades (corazón, alma, mente, fuerzas) y al prójimo como a uno mismo implica una reorientación completa de la vida personal y social. La DSI invita a revisar si los «dioses» modernos (el dinero, el poder, el consumo) no están ocupando el lugar de Dios y destruyendo la fraternidad . Una sociedad que margina al prójimo está lejos del Reino de Dios, independientemente de sus ritos o sacrificios .

      3. La opción preferencial por los pobres: Jesús enseña que no se puede amar a Dios sin pasar por la «cercanía» al que sufre. El amor al prójimo exige detenerse ante el dolor del otro, como Jesús con Bartimeo, y restaurar su dignidad . La DSI llama a construir estructuras sociales que protejan la vida y la dignidad de todos, especialmente de los más débiles, reconociendo que el amor cristiano debe manifestarse en obras concretas de justicia y solidaridad .

        En resumen, para la Doctrina Social de la Iglesia, Marcos 12, 28-34 es el «principio, sujeto y fin» de todas las realidades sociales: el amor a Dios y al prójimo es la única garantía para construir una civilización del amor y la verdad.

        EVANGELIO DEL DÍA 12 DE MARZO DE 2026

        Lectura del santo evangelio según san Lucas

        Lucas 11, 14-23

        En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: «Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

        Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: «Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

        Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama». Palabra del Señor.

        ***

        La Doctrina Social de la Iglesia no es un manual político, sino una aplicación del Evangelio a las realidades sociales. Desde esta óptica, el pasaje de Lucas 11, 14-23 nos ofrece varias claves de lectura:

        1. El conflicto espiritual tiene una dimensión social (El «hombre fuerte»)
        Jesús describe al demonio como un «hombre fuerte» que mantiene su palacio en paz mientras posee sus bienes. Para la DSI, las «posesiones» o «cautiverios» no son solo individuales (vicios personales), sino también estructuras de pecado. Existen situaciones sociales (injusticias, pobreza extrema, ideologías que degradan al hombre) que actúan como ese «hombre fuerte» que mantiene a comunidades enteras «mudas» e impotentes.

        2. Jesús, el «más fuerte», vino a liberar
        La llegada de Jesús (el «más fuerte») significa que la liberación no es solo un asunto interno del alma, sino que tiene consecuencias sociales. La acción de Cristo restaura la comunicación (el mudo habla) y devuelve la dignidad. La Iglesia, siguiendo a Cristo, está llamada a ser ese signo de liberación integral, promoviendo el bien común y defendiendo la dignidad humana frente a los «demonios» sociales de la opresión y la exclusión.

        3. La unidad como principio del bien común
        Jesús afirma que un reino dividido no puede permanecer. Este es un principio fundamental de la DSI: el destino universal de los bienes y la solidaridad. Cuando una sociedad se divide en facciones que solo buscan el interés propio (como los fariseos que, divididos interiormente, acusan a Jesús), se destruye a sí misma. La verdadera paz social solo es posible si se «recoge» con Cristo, es decir, si se construye desde la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

        La neutralidad es imposible
        «El que no recoge conmigo, desparrama». Para la DSI, los cristianos no pueden ser neutrales ante las injusticias. La fe tiene una dimensión pública. «Recoger» implica trabajar activamente por un orden social justo, mientras que «desparramar» es contribuir, por acción u omisión, a la fragmentación social y al egoísmo estructural.

          En resumen:
          Lucas 11, 14-23 nos recuerda, desde la perspectiva social, que Cristo vino a derribar al «hombre fuerte» del pecado estructural. Los cristianos estamos llamados a no permanecer neutrales, sino a trabajar activamente por la unidad y la justicia, siendo instrumentos del «más fuerte» para construir un mundo donde todos puedan vivir en libertad y dignidad.

          REUNIÓN CONJUNTA

          Hoy tuvimos el encuentro con el Sr. Cardenal Francisco Robles, el Sr. Obispo Hector López, Vicarios Episcopales, Decanos, las Comisiones y Dimensiones Diocesanas y el equipo de Vicaria que es quien convoca,

          Entre lo que nos compartió el Sr. Cardenal fue:

          Ánimo, aliento, entusiasmo es lo que perseguimos lograr, que todos los fieles logren y experimenten la plenitud de la vida, en cada decanato, Comisión, Parroquia, que cada hermano encuentre, luz, salud, fortaleza y sabiduría.

          La iglesia que somos que formamos nunca vamos atrás, tenemos la dicha de ir más adelante que muchos porque nosotros conocemos el conocimiento más profundo del hombre.

          Se continúo con un nexo, historial de la 12 Asambleas Pastorales anteriores a cargo de Mons. Rafael Hernandez, el mapeo de los 9 sectores.

          Un tema del Pbro. Bernardo Santana «La Conversion Pastoral» Conviértanse y crean en el evangelio

          Disponibilidad a ver a Dios, diferente, capaz de ver al otro cómo un hermano implica cambiar, escuchar, puede llevarnos a una pastoral indicativa, ¿que nos falta?, La conversión atraviesa un campo, renovación pastoral, Iglesia en Salida. Reforma misionera, conversión Pastoral, anuncio carismático.

          Sr. Renueva tu Iglesia empezando por uno mismo, donde todo comienza es cuestión de cambiar, ¿qué nos falta? ¿qué resistencias ponemos? ser misionera, sinodal, misericordiosa, falta una iglesia contemplativa, un cambio de frente a Jesús. 

          Conversión personal, disposición, decisión, diferencia – Vida Nueva.

          Trabajo en equipos para los retos y exigencias

          Guía practica para la visita de los Decanos.

          Hacia donde vamos en la próxima Asamblea.

          Avisos: Entrega de sobres para la colecta de Caritas, la petición de tener un sacerdote por decanato encargado de Pastoral litúrgica.

          Por último el Sr. Obispo agradece nuestro tiempo y esfuerzo y concluye la jornada.

          EVANGELIO DEL DÍA 11 DE MARZO DE 2026

          Mateo 5, 17-19

          En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. 

          Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos».

          ***

          La doctrina social de la Iglesia (DSI) recoge precisamente esta visión de Jesús, aplicando la verdad del Evangelio a la vida en sociedad. Desde esta perspectiva, Mateo 5, 17-19 nos ayuda a entender que:

          1. La justicia social es parte integral del Reino: Si Jesús no abolió la Ley, sino que la perfeccionó, los cristianos no pueden desentenderse de las estructuras y normas que buscan una convivencia justa. La DSI afirma que la búsqueda del bien común, la justicia y la paz no son añadidos opcionales, sino exigencias del mandamiento del amor . Las «aspiraciones de todos los pueblos de fraternidad y solidaridad» encuentran su pleno sentido en Cristo .
          2. Coherencia entre la fe y la vida social: El pasaje subraya la importancia de «cumplir y enseñar» los mandamientos . La DSI lleva esto al ámbito público, recordando que no se puede separar la fe de la vida. Los cristianos están llamados a ser «sal de la tierra y luz del mundo» (tema que sigue a este pasaje en Mateo 5), transformando la sociedad no con imposiciones, sino con el testimonio de una vida coherente con el Evangelio y con el anuncio de la dignidad de toda persona .
          3. La ley positiva y la ley moral: La advertencia de Jesús sobre la validez de «la más pequeña letra de la Ley» fundamenta el respeto cristiano por la ley justa. La DSI distingue entre la ley civil y la ley moral, pero insiste en que toda legislación humana debe estar orientada al bien integral de la persona, reflejando en última instancia la ley natural inscrita por Dios en el corazón humano . El «sentido más profundo y pleno de sus enseñanzas» ilumina así el horizonte hacia el que debe tender toda sociedad: el amor, la libertad y la caridad .

          En resumen, Mateo 5, 17-19 nos invita a ver que la ley de Dios no es una carga, sino un don que nos guía hacia la verdadera felicidad . La doctrina social de la Iglesia, fiel a esta enseñanza, nos impulsa a construir una sociedad que refleje esa plenitud de vida y amor que Jesús vino a traer.

          EVANGELIO DEL DÍA 10 DE MARZO DE 2026

          En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

          Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

          Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

          Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

          Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

          ***

          La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos invita a leer este Evangelio no solo como un asunto privado entre individuos, sino como un principio que debe permear las estructuras sociales, económicas y políticas. Desde esta perspectiva, la parábola adquiere una dimensión social profunda:

          · La Deuda y la Economía del Reino: La parábola utiliza un lenguaje económico deliberado. La DSI ha visto en este texto un llamado a repensar las relaciones financieras a nivel global. El perdón de la deuda externa de los países pobres ha sido una bandera constante de la Iglesia, inspirada en principios como este. Así como el siervo fue perdonado de una deuda impagable, las naciones y los sistemas económicos están llamados a practicar la solidaridad y la condonación para que la vida, y no el ahogo financiero, sea el centro . El perdón es la «negación de la economía del mercado» cuando ésta se vuelve inhumana, porque es la «afirmación de la vida» .
          · El Destino Universal de los Bienes: El siervo de la parábola, habiendo recibido un bien inmenso (el perdón), lo acapara y no lo transmite. Esto contrasta con el principio del «destino universal de los bienes», que establece que los bienes de la creación están destinados a todos. La falta de perdón y la misericordia acaparada se convierten en una injusticia social, rompiendo la fraternidad que debe unir a los hijos de un mismo Padre .
          · La Opción Preferencial por los Pobres: El contexto del capítulo 18 de Mateo habla de los «pequeños». La DSI recuerda que la calidad de una sociedad se mide por cómo trata a sus miembros más vulnerables. El perdón y la reconciliación no son abstractos; deben traducirse en obras de justicia que restauren la dignidad de los aplastados por las deudas (sociales, económicas o morales). Afirmar la vida del deudor es una forma de resistencia profética contra una cultura del descarte que condena al que no paga .
          · La Verdad y la Reconciliación: Finalmente, el perdón evangélico no implica olvidar la injusticia. La parábola muestra que el rey «ajusta cuentas». En el ámbito social, esto resuena con experiencias como las Comisiones de la Verdad y la Reconciliación (ej. Sudáfrica post-apartheid), donde se busca sanar las heridas sociales a través del reconocimiento de la verdad y la oferta de un perdón que busca restaurar la convivencia justa y fraterna .

          En resumen, Mateo 18 nos enseña que la experiencia del perdón radical de Dios debe traducirse en una cultura del perdón y la misericordia en todos los ámbitos de la vida social, luchando contra estructuras de pecado que generan deudas que esclavizan y marginan a los hijos de Dios.

          EVANGELIO DEL DÍA 09 DE MARZO DE 2026

          Lucas 4, 24-30

          En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria».

          Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una saliente del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

          ***

          Este pasaje es uno de los más «incómodos» y proféticos del Evangelio, y tiene aplicaciones muy directas en el ámbito social.

          A. El principio de la universalidad del amor de Dios y el bien común

          · Jesús anuncia que el amor salvador de Dios no tiene fronteras. La DSI, fundamentada en esto, defiende que la destinación universal de los bienes y la dignidad humana no se limitan a los compatriotas o correligionarios. La Iglesia llama constantemente a superar el nacionalismo excluyente y a construir una sociedad donde el bien común sea para todos los que habitan un territorio, sean nativos o migrantes.

          B. La opción preferencial por los pobres… que pueden ser los de fuera

          · Los ejemplos de la viuda de Sarepta y Naamán muestran que Dios actúa a través de los extranjeros y paganos. La DSI recoge esto en su llamado a mirar más allá de las fronteras de la propia comunidad (eclesial o nacional). No se trata solo de ayudar al pobre de «casa», sino de reconocer la acción de Dios y la dignidad en aquellos que son diferentes, los que están «fuera». Esto desafía cualquier forma de racismo o xenofobia.

          C. La crítica a las falsas seguridades (ídolos)

          · Los nazarenos se sienten seguros porque conocen a Jesús («¿No es este el hijo de José?»). Su seguridad se basa en el vínculo cultural y familiar, no en la fe auténtica. La DSI, en su lucha contra las estructuras de pecado, denuncia cómo las sociedades (y a veces la misma Iglesia) crean «dioses» a su medida: la tradición vacía, la raza, la nación o el privilegio. Cuando un profeta (Jesús) señala que Dios está actuando fuera de esos esquemas, la reacción es violenta.

          D. La libertad profética y la defensa de los marginados

          · Jesús no calla para evitar el conflicto. Su denuncia de la hipocresía de su pueblo le cuesta un intento de linchamiento. La DSI, siguiendo esta línea, tiene una función profética: debe denunciar las injusticias aunque provengan de los propios «amigos» o conciudadanos. El profeta verdadero no busca agradar a la mayoría, sino ser fiel al plan universal de Dios, que incluye a los extranjeros (inmigrantes, refugiados, personas de otras culturas) en el plan de salvación y en la comunidad humana.

          E. La superación de la violencia

          · La respuesta de los nazarenos es la violencia (querer despeñarlo). La respuesta de Jesús es la serenidad profética: «él, pasando por medio de ellos, se marchó». La DSI propone siempre el camino del diálogo y la paz, pero también recuerda que el profeta puede ser perseguido. La verdad social no se impone por la fuerza (la turba), sino que sigue su camino con la fuerza de la verdad.

          Conclusión

          Lucas 4, 24-30 es un texto que rompe cualquier tentación de exclusivismo. Nos recuerda que la acción de Dios y su justicia no se limitan a nuestros círculos. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje es un llamado radical a construir una sociedad inclusiva, a denunciar los privilegios disfrazados de «fe», a acoger al extranjero (como la viuda de Sarepta o Naamán) como sujeto de la gracia de Dios, y a aceptar que el profeta siempre nos incomodará señalando nuestras exclusiones. La Iglesia, como Jesús en Nazaret, está llamada a pasar por medio de las estructuras de pecado y seguir adelante con su misión liberadora.

          EVANGELIO DEL DÍA 08 DE MARZO DE 2026

          Lectura del santo evangelio según san Juan

          Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

          En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

          Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

          La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

          La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”.

          Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

          La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.

          Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.

          ***

          La DSI es «la cuidadosa reflexión sobre los complejos realities de la vida del hombre en la sociedad y a la luz de la fe» (Juan Pablo II). Desde esta óptica, la parábola nos habla de varios principios fundamentales:

          A. El destino universal de los bienes y la justicia restaurativa

          · El hijo menor pide la parte de la herencia que le corresponde. La DSI defiende la propiedad privada, pero siempre subordinada al destino universal de los bienes (todo está destinado a todos). El hijo malgasta no solo lo suyo, sino lo que pertenecía a la comunidad familiar. Al volver, no pide ser restituido en sus bienes, sino en su dignidad. El padre le devuelve esa dignidad (el anillo y las sandalias), enseñando que la verdadera justicia social no solo castiga, sino que busca reintegrar al marginado (en este caso, al excluido de la comunidad) a la vida plena.

          B. El principio del bien común y la inclusión

          · El padre organiza una fiesta para reintegrar al hijo perdido. La DSI insiste en que la sociedad debe ser inclusiva, especialmente con los pobres y excluidos (los «hijos menores» de la historia). El banquete es símbolo del bien común: un festín al que todos están invitados, especialmente aquellos que han sido excluidos por sus propias malas decisiones o por las estructuras de pecado.

          C. La solidaridad y el amor preferencial por los pobres

          · El padre siente compasión (entrañas de misericordia) cuando ve al hijo de lejos. La DSI llama a la solidaridad como virtud que nos lleva a reconocer al otro como un «otro yo», especialmente al que está caído. La parábola muestra que Dios tiene un amor preferencial por el que está perdido, no porque sea mejor, sino porque es el que más necesita ser amado para recuperar su humanidad.

          D. La fraternidad y la superación del conflicto

          · El conflicto no está solo en el hijo menor, sino en la cerrazón del hijo mayor. Este representa la ruptura de la fraternidad. La DSI subraya que la paz social no es solo ausencia de guerra, sino la construcción constante de relaciones fraternas. El padre sale a suplicar al hijo mayor que entre, porque una sociedad donde los «cumplidores» excluyen a los «arrepentidos» no es una sociedad justa ni cristiana. La fiesta de la reconciliación solo es posible si el hermano mayor acepta la lógica del amor gratuito.

          Conclusión

          Lucas 15 nos muestra que la verdadera justicia de Dios va más allá de la justicia meramente retributiva (dar a cada uno lo suyo según sus méritos); es una justicia restaurativa que busca la salvación y la inclusión de todos. La Doctrina Social de la Iglesia recoge esto aplicándolo a las estructuras sociales: una sociedad que aspira a ser cristiana debe organizarse como la casa del padre: con bienes compartidos, dignidad para los caídos y una mesa lo suficientemente ancha para que quepan tanto el que volvió del fracaso como el que se cansó de tanto cumplir.

          EVANGELIO DEL DÍA 07 DE MARZO DE 2026

          Lectura del santo evangelio según san Lucas 

          Lucas 15, 1-3. 11-32

          En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: «Éste recibe a los pecadores y come con ellos».

          Jesús les dijo entonces esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.

          No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

          Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

          Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

          Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

          El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

          Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

          El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ «.

          ***

          La DSI es «la cuidadosa reflexión sobre los complejos realities de la vida del hombre en la sociedad y a la luz de la fe» (Juan Pablo II). Desde esta óptica, la parábola nos habla de varios principios fundamentales:

          A. El destino universal de los bienes y la justicia restaurativa

          · El hijo menor pide la parte de la herencia que le corresponde. La DSI defiende la propiedad privada, pero siempre subordinada al destino universal de los bienes (todo está destinado a todos). El hijo malgasta no solo lo suyo, sino lo que pertenecía a la comunidad familiar. Al volver, no pide ser restituido en sus bienes, sino en su dignidad. El padre le devuelve esa dignidad (el anillo y las sandalias), enseñando que la verdadera justicia social no solo castiga, sino que busca reintegrar al marginado (en este caso, al excluido de la comunidad) a la vida plena.

          B. El principio del bien común y la inclusión

          · El padre organiza una fiesta para reintegrar al hijo perdido. La DSI insiste en que la sociedad debe ser inclusiva, especialmente con los pobres y excluidos (los «hijos menores» de la historia). El banquete es símbolo del bien común: un festín al que todos están invitados, especialmente aquellos que han sido excluidos por sus propias malas decisiones o por las estructuras de pecado.

          C. La solidaridad y el amor preferencial por los pobres

          · El padre siente compasión (entrañas de misericordia) cuando ve al hijo de lejos. La DSI llama a la solidaridad como virtud que nos lleva a reconocer al otro como un «otro yo», especialmente al que está caído. La parábola muestra que Dios tiene un amor preferencial por el que está perdido, no porque sea mejor, sino porque es el que más necesita ser amado para recuperar su humanidad.

          D. La fraternidad y la superación del conflicto

          · El conflicto no está solo en el hijo menor, sino en la cerrazón del hijo mayor. Este representa la ruptura de la fraternidad. La DSI subraya que la paz social no es solo ausencia de guerra, sino la construcción constante de relaciones fraternas. El padre sale a suplicar al hijo mayor que entre, porque una sociedad donde los «cumplidores» excluyen a los «arrepentidos» no es una sociedad justa ni cristiana. La fiesta de la reconciliación solo es posible si el hermano mayor acepta la lógica del amor gratuito.

          Conclusión

          Lucas 15 nos muestra que la verdadera justicia de Dios va más allá de la justicia meramente retributiva (dar a cada uno lo suyo según sus méritos); es una justicia restaurativa que busca la salvación y la inclusión de todos. La Doctrina Social de la Iglesia recoge esto aplicándolo a las estructuras sociales: una sociedad que aspira a ser cristiana debe organizarse como la casa del padre: con bienes compartidos, dignidad para los caídos y una mesa lo suficientemente ancha para que quepan tanto el que volvió del fracaso como el que se cansó de tanto cumplir.

          EVANGELIO DEL DÍA 06 DE MARZO DE 2026

          MATEO 21, 33-43. 45-46

          Lectura del santo evangelio según san Mateo

          Mateo 21, 33-43. 45-46

          En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

          Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

          Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

          Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?» Ellos le respondieron: «Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».

          Entonces Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

          Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

          Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.

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          Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia

          La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es «el conjunto de enseñanzas y reflexiones que, a la luz del Evangelio y de la tradición viva de la Iglesia, orienta la vida social, económica, política y cultural de los pueblos» . Su objetivo es iluminar las realidades terrenas para construir sociedades más justas y fraternas, poniendo en el centro la dignidad de la persona humana . A la luz de estos principios, la parábola de los viñadores adquiere una profunda dimensión social.

          Principios de la DSI reflejados en la parábola:

          · Destino universal de los bienes y función social de la propiedad: La viña pertenece al dueño, pero es confiada a los labradores para que la trabajen y entreguen sus frutos. Este principio fundamental de la DSI establece que los bienes de la creación están destinados a todos . La propiedad privada (la viña arrendada) es un derecho, pero siempre con una «hipoteca social», es decir, debe estar al servicio del bien común . Los labradores fallan al querer apropiarse de lo que no es exclusivamente suyo y al negar al dueño los frutos que le corresponden.
          · El trabajo y la justicia: La parábola implica una relación laboral y contractual. El dueño espera recibir los frutos del trabajo de los labradores. La DSI defiende la dignidad del trabajo, el derecho a un salario justo y la necesidad de que las relaciones laborales se rijan por la justicia y la cooperación, no por la explotación o el abuso . La violencia de los labradores contra los enviados representa la máxima injusticia y negación de los derechos del otro.
          · La autoridad como servicio al bien común: Los labradores actúan como líderes que han olvidado que su función es administrar un bien que no es suyo para el beneficio de todos (el dueño y la comunidad). La DSI enseña que la autoridad política y social es un servicio al bien común . Cuando los que tienen el poder (los líderes religiosos en el texto) lo usan para su propio interés, traicionan su misión y se convierten en «malos administradores».
          · Solidaridad y participación: El dueño busca una relación de colaboración y solidaridad: participar de los frutos de la viña. La respuesta violenta de los labradores rompe todo vínculo solidario. La DSI llama a la solidaridad, entendida no solo como una ayuda asistencial, sino como un compromiso firme por el bien del prójimo y la construcción de una sociedad donde todos participen y sean corresponsables .

          💡 Conclusión

          En síntesis, la parábola de los viñadores homicidas es una poderosa advertencia contra la apropiación egoísta de los bienes, el abuso de autoridad y el olvido de que todo don (la viña, la vida, la creación) es un encargo de Dios para ser administrado con justicia, solidaridad y en función del bien común.

          Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje nos interpela hoy a preguntarnos: ¿Estamos produciendo los «frutos» de justicia, paz y cuidado de la creación que Dios espera de su pueblo? ¿O, como aquellos labradores, corremos el riesgo de querer acaparar y excluir, ignorando los derechos de los demás y la voluntad de su verdadero Dueño? La «piedra angular» que es Cristo nos llama a construir una nueva sociedad basada en el respeto a la dignidad humana y el amor fraterno .

          EVANGELIO DEL DÍA 05 DE MARZO DE 2026

          FERIA DE CUARESMA

          Lectura del santo evangelio según san Lucas 

          Lucas 16, 19-31

          En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

          Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

          Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

          El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’ «.

          ***

          Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) , esta parábola es un pilar fundamental porque ilustra varios de sus principios clave:

          · Destino universal de los bienes vs. propiedad privada: El rico actúa como si sus bienes fueran exclusivamente suyos, ignorando que la tradición profética (Moisés) enseñaba que los bienes de la creación están destinados a todos. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2445) recuerda que «el amor a los pobres es incompatible con el amor desordenado a las riquezas o su uso egoísta» .
          · Opción preferencial por los pobres: Lázaro no tiene nada, pero tiene nombre («Dios ayuda»), mientras que el rico es anónimo, representando a aquellos que ponen su seguridad en el dinero (el «Mamón») . La DSI subraya que debemos mirar la realidad desde los ojos de los excluidos, como Lázaro.
          · La función social de la riqueza: La parábola denuncia la acumulación y la ostentación mientras hay hermanos que carecen de lo necesario. No se condena al rico por ser rico, sino por banqu tear espléndidamente mientras a su puerta un pobre deseaba saciarse con las migajas . Es la llamada a la responsabilidad fraterna y la solidaridad .
          · El «abismo» de la desigualdad: El «gran abismo» que separa a ambos después de la muerte (v. 26) es el resultado de los abismos que el rico creó en vida: la distancia social, la falta de relación y la injusticia. La DSI busca tender puentes para superar las desigualdades escandalosas .

          En conclusión, Lucas 16, 19-31 es un llamado de atención a vivir la fe con obras. La Iglesia, a través de su Doctrina Social, actualiza este mensaje recordándonos que la escucha de la Palabra debe traducirse en compromiso con la justicia y el amor concreto a los más necesitados.

          Dimensión Social de la Evangelización y Evangelización de lo Social