Marcos 12, 1-12
Memoria,
SAN JUSTINO, Mártir
📖 LECTURA DEL DÍA
De la segunda carta del apóstol san Pedro
2 Pedro 1, 1-7
Yo, Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, les escribo a ustedes, los que han obtenido una fe tan preciosa como la nuestra, gracias a la justicia de Jesucristo, nuestro Dios y Salvador. Que abunden entre ustedes la gracia y la paz, por el conocimiento de Jesucristo, nuestro Señor.
Su acción divina nos ha otorgado todo lo necesario para llevar una vida de santidad, mediante el conocimiento profundo del que nos ha llamado con su propia gloria y poder. Por medio de los cuales nos han sido otorgados también los grandes y maravillosos bienes prometidos, para que por ellos puedan ustedes escapar de la corrupción que las pasiones desordenadas provocan en el mundo, y lleguen a participar de la naturaleza divina. Por eso, esfuércense en añadir a su fe, buena conducta; a la buena conducta, el conocimiento; al conocimiento, el dominio propio; al dominio propio, la paciencia; a la paciencia, la piedad; a la piedad, el amor fraterno, y al amor fraterno, la caridad. Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 90
R. Tú eres mi Dios y en ti confío.
Tú, que vives al amparo del Altísimo y descansas a la sombra del todopoderoso, dile al Señor: «Tú eres mi refugio y fortaleza; tú eres mi Dios y en ti confío». R.
«Puesto que tú me conoces y me amas, dice el Señor, yo te libraré y te pondré a salvo. Cuando tú me invoques, yo te escucharé y en tus angustias estaré contigo». R.
«A quien se acoge a mí, dice el Señor, yo lo defenderé y colmaré de honores; lo haré disfrutar de larga vida y haré que pueda ver mi salvación». R.
✝️ EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Marcos
Marcos 12, 1-12
En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo:
“Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.
A su tiempo, les envió a los viñadores un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada. Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.
Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Éste es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.
¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros. ¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?”
Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí. Palabra de Dios.
☺☺☺
Perspectiva de doctrina social de la Iglesia
1. Destino universal de los bienes
La viña representa los bienes y dones de Dios (la creación, la tierra, los medios de producción). El dueño es Dios, y los labradores son los administradores. La Iglesia enseña que los bienes están destinados a todos, y quien los posee debe administrarlos con justicia, rindiendo cuentas a Dios (cf. Centesimus Annus, n. 43).
2. Condena del abuso de poder y la explotación
La violencia de los labradores refleja estructuras de pecado: apropiarse del fruto del trabajo ajeno y matar a los enviados del dueño es una imagen de la injusticia social. El Magisterio denuncia cualquier sistema que oprima al trabajador o impida la participación en los frutos (cf. Laborem Exercens, n. 12).
3. Responsabilidad social y bien común
Al quitar la viña a los labradores infieles y darla a otros, Jesús enseña que la autoridad y los bienes son un encargo para servir al bien común. Quienes no producen frutos de justicia y solidaridad pierden su misión (cf. Compendio de la DSI, n. 187).
En resumen, la parábola advierte contra el egoísmo de quienes convierten un don en propiedad absoluta y violenta, y recuerda que toda posesión conlleva una responsabilidad social ante Dios y la comunidad.

































