Lucas 7, 36-50
Feria
o SAN ROBERTO BELARMINO,
Obispo y Doctor de la Iglesia
📖 LECTURA DEL DÍA
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1 Corintios 15, 1-11
Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.
Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.
Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído. Palabra de Dios.
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SALMO RESPONSORIAL del salmo 117
R. Te damos gracias, Señor, porque eres bueno.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: «Su misericordia es eterna». R.
Escuchemos el canto de victoria que sale de la casa de los justos: «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo». R.
No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. Tú eres mi Dios, y te doy gracias. Tú eres mi Dios, y yo te alabo. R.
✝️ EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.
Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.
Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.
Entonces Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.
Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”. Palabra del Señor.
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🌍 Breve perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia
Este pasaje evangélico ilumina un principio fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad inalienable de toda persona humana, que no depende de su condición moral, social o económica.
El fariseo Simón veía en la mujer solo su etiqueta de “pecadora”, una categoría que la excluía y deshumanizaba. Jesús, en cambio, mira su corazón, su capacidad de amar y su fe. Esto conecta directamente con el principio de la dignidad de la persona humana, que enseña que cada ser humano, creado a imagen de Dios, debe ser tratado siempre como un fin y nunca como un medio .
La DSI nos recuerda que la caridad no es un asistencialismo social, sino un verdadero oficio espiritual orientado hacia la persona en su realidad concreta . Jesús no le da a la mujer un discurso moralista desde fuera; se deja tocar, la recibe y le devuelve su dignidad. Eso es justicia restaurativa en su forma más pura: no se trata solo de perdonar una deuda, sino de restituir a la persona a la comunidad de la que había sido excluida.
Desde la caritas in veritate, la caridad iluminada por la razón y la fe es la fuerza que impulsa el verdadero desarrollo humano . El gesto de esta mujer —arriesgada, costosa, pública— nos recuerda que la construcción del bien común empieza cuando dejamos de ver a los demás como categorías (“pecadora”, “pobre”, “migrante”, “descarte”) y empezamos a verlos como personas concretas con una historia, una herida y una capacidad de amar que a menudo sobrepasa la nuestra.
Para la reflexión personal: ¿A quién estoy mirando hoy solo desde su etiqueta, sin ver la persona que hay detrás?






























