Lucas 7, 11-17
La resurrección del hijo de la viuda de Naím, es mucho más que un milagro prodigioso. Leído con la lente de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), se revela como un acto de justicia social profética que desenmascara las estructuras de exclusión y anuncia el corazón compasivo de Dios.
Texto Bíblico: Lucas 7:11-17 (NVI)
11 Poco después, Jesús se fue a un pueblo llamado Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. 12 Cuando se acercaba a la puerta del pueblo, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Y mucha gente del pueblo la acompañaba. 13 Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» 14 Entonces se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. —¡Joven, yo te lo ordeno, levántate! —dijo. 15 El muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo devolvió a su madre. 16 Todos se llenaron de temor y comenzaron a alabar a Dios. —Un gran profeta ha surgido entre nosotros —decían—. ¡Dios ha venido en ayuda de su pueblo! 17 Y estas noticias acerca de Jesús se divulgaron por toda Judea y por los alrededores.
Análisis desde la Perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
La DSI no lee este milagro solo como la reversión de una muerte biológica, sino como la restauración de una persona en su integridad social y económica. Jesús actúa sobre las consecuencias más devastadoras del pecado estructural.
- Identificación de la Víctima: La Viuda y su Hijo Único
El pasaje destaca deliberadamente la situación social de la mujer:
· Era viuda.
· Su hijo era único.
· Iban a enterrarlo.
En el contexto socioeconómico del siglo I, esta descripción es el equivalente a una sentencia de muerte social y económica para la madre. La viuda, sin un hombre (marido o hijo) que la representara y la sustentara, quedaba fuera de la red de protección social y económica. No tenía derechos, no podía poseer heredades de manera segura y estaba condenada a la indigencia, la mendicidad o la explotación.
Jesús no se encuentra con un muerto cualquiera; se encuentra con la víctima humana de un sistema que no protegía a los más vulnerables. La muerte del joven es una tragedia personal, pero también el colapso total del sistema de sustento de su madre.
Principio de la DSI: Opción Preferencial por los Pobres. La DSI insiste en que la prueba moral de una sociedad es cómo trata a sus miembros más vulnerables. Jesús encarna este principio al detener su marcha y fijar su atención inmediata en la persona que se encuentra en la situación de mayor desamparo absoluto.
- La «Compasión» como Motor de la Acción Social (v. 13)
· «Al verla el Señor, se compadeció de ella»: El verbo griego es esplanchnísthē, que significa conmoverse hasta las entrañas. No es una lástima pasiva; es una conmoción visceral que impulsa a actuar. Es la misma compasión que siente el Buen Samaritano (Lc 10:33).
· Motor de la DSI: Esta compasión divina es el fundamento de toda la Doctrina Social de la Iglesia. No es una filosofía fría ni un programa político ideológico. Es la respuesta obligada del creyente y de la comunidad al grito del que sufre. La DSI nace de esta «conmoción visceral» ante las estructuras de pecado que crean viudas y huérfanos modernos (parados de larga duración, migrantes abandonados, ancianos solos).
- La Acción Restauradora: Justicia Social Integral (v. 14-15)
Jesús no solo consuela; actúa de manera concreta para revertir la situación:
· «No llores»: No es un cliché de pésame. Es un anuncio de esperanza y una promesa de que la situación de dolor va a cambiar. Es la palabra profética que se opone a la resignación.
· Toca el féretro: Al tocar el ataúd, Jesús ritualmente se contamina (Nm 19:11). Pero él invierte la lógica: la pureza legal no contamina el amor que se hace cargo del impuro; por el contrario, el amor purifica y restaura la vida. Es una crítica a los sistemas religiosos o sociales que, en nombre de la pureza, la eficiencia o la legalidad, excluyen y abandonan a los que sufren.
· «¡Levántate!»: La resurrección del joven es, ante todo, la restauración de la dignidad y la vida de la madre. Jesús no devuelve la vida al joven para que se vaya por su cuenta; «se lo devolvió a su madre». El milagro tiene una finalidad social clara: recomponer la relación familiar fracturada y devolver a la mujer su estatus, su protección y su sustento.
Principio de la DSI: Dignidad de la Persona y Bien Común. La acción de Jesús defiende la dignidad intrínseca de la mujer, que estaba siendo anulada por las circunstancias. Al restaurar su hijo, restaura su bien común particular (el sustento de la familia) y la reintegra al bien común de la comunidad de Naím, de la que estaba a punto de quedar excluida.
- El Reconocimiento Profético: Un Profeta que Enmienda la Sociedad (v. 16)
· «Un gran profeta ha surgido entre nosotros»: La gente identifica correctamente a Jesús como un profeta. En la tradición bíblica, los profetas no son solo adivinos; son denunciadores de injusticias sociales y anunciadores de la voluntad de Dios de justicia para los oprimidos (cf. Isaías 1:17, Jeremías 22:3).
· «¡Dios ha venido en ayuda de su pueblo!»: La gente ve en el acto de Jesús la propia acción de Dios. Esto revela la naturaleza de Dios: Él no es un ser distante, sino un Dios que «ve», «se conmueve» y «actúa» en favor de su pueblo, especialmente de los más débiles. La misión de la Iglesia, por tanto, es continuar esta misión profética de ayudar al pueblo, denunciando lo que causa dolor y trabajando activamente por la restauración social.
Conclusión: El Mandato de Restaurar la Vida Social
Para la Doctrina Social de la Iglesia, el milagro de Naím es un paradigma de su misión:
- Ver y Analizar: Detenerse a analizar las situaciones de muerte social actuales (desempleo, pobreza extrema, soledad no deseada, exclusión).
- Conmoverse: Permitir que el sufrimiento del otro nos afecte profundamente, como motor de la acción.
- Actuar Restaurando: No basta con dar una limosna o un consuelo pasajero. Hay que trabajar para devolver la vida en sentido integral: restituir la dignidad, recomponer los lazos familiares y comunitarios rotos, y crear estructuras que protejan a los más vulnerables de la «muerte social».
- Ser Profetas: Ser voz que, como Jesús, anuncia «No llores» allí donde hay desesperanza, porque el poder de Dios puede revertir las situaciones más irreversibles a través de nuestra acción solidaria.
Jesús no resucita al joven en un lugar privado, sino a la entrada de la ciudad, en el espacio público. Es un acto con implicaciones públicas. La DSI es la aplicación de este mismo poder restaurador a las «entradas de las ciudades» modernas, donde tantos son excluidos y llevados simbólicamente a enterrar su dignidad y su esperanza.
