Lucas 7, 31-35
Texto Bíblico: Lucas 7:31-35 (NVI)
**31»¿Con qué, pues, compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué se parecen? 32 Se parecen a los niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan unos a otros: “Tocamos la flauta, y no bailaron; cantamos un funeral, y no lloraron.”
33 Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dicen: “Tiene un demonio.” 34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen a un glotón y a un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.” 35 Pero la sabiduría se abre paso por todos sus hijos.
Análisis desde la Perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Jesús está respondiendo a las críticas de los fariseos y escribas que rechazan tanto el ascetismo de Juan como la proximidad de Jesús a los marginados. Su análisis revela una dinámica social perversa.
- La Cerrazón Ideológica y la Mala Fe (v. 31-32)
· La Metáfora de los Niños Caprichosos: Jesús describe una generación que, como niños malcriados, se niega a jugar sin importar las reglas que se propongan. No quieren jugar a la boda («bailar») ni al funeral («llorar»). Su objetivo real no es encontrar la verdad, sino mantener su postura de queja y superioridad.
· Principio de la DSI: La Apertura a la Verdad. La DSI insiste en que el bien común solo puede alcanzarse mediante la búsqueda honesta de la verdad (Gaudium et Spes, 26). La actitud que Jesús describe es lo opuesto: es una cerrazón ideológica que rechaza cualquier evidencia o propuesta que no se ajuste a sus prejuicios. Es la actitud que paraliza el diálogo social y político, donde los bandos se critican mutuamente no por el contenido de sus propuestas, sino por quién las propone.
- El Rechazo a los Profetas y sus Métodos (v. 33-34)
Jesús señala dos modelos de profetismo, ambos rechazados por el mismo sistema:
· Juan el Bautista (Ascetismo, denuncia severa): Representa la crítica profética desde fuera del sistema. Vive en el desierto, denuncia el pecado con dureza y llama a la conversión radical. El sistema lo rechaza tachándolo de fanático, extremista o «endemoniado» (v. 33). Lo acusan de no ser normal.
· Jesús de Nazaret (Encarnación, proximidad): Representa la crítica profética desde dentro de la sociedad. Se encarna, comparte la mesa, se acerca a los excluidos para sanar y incluir. El sistema lo rechaza tachándolo de populista, de falta de seriedad, de «glotón y borracho» (v. 34), y lo acusan de guilt by association («amigo de pecadores»).
· Principio de la DSI: El Deber de Participar y la Libertad de Iniciativa. La DSI alienta a los cristianos a participar en la vida pública y a abordar los problemas sociales con libertad y creatividad (Gaudium et Spes, 75). Este pasaje muestra que no hay una sola estrategia válida. La Iglesia debe apoyar tanto a quienes, como Juan, denuncian las estructuras de pecado desde la periferia, como a quienes, como Jesús, trabajan desde dentro para transformarlas. El rechazo sistemático a ambos modelos revela que el problema no es el método, sino el mensaje mismo que desafía el status quo.
- La Acusación Social: «Amigo de recaudadores y pecadores» (v. 34)
Esta es la acusación clave desde una perspectiva social. Para la mentalidad farisaica, la pureza ritual y social era lo más importante. Associarse con «pecadores públicos» (recaudadores, considerados traidores y ladrones) y prostitutas era contaminarse y legitimar su estatus.
· Principio de la DSI: Opción Preferencial por los Pobres. Jesús encarna este principio de la manera más radical. Su práctica de compartir la mesa con los excluidos es un acto social y teológico profundamente significativo. No es una simple estrategia pastoral; es una denuncia profética de un sistema que categoriza y excluye a las personas, y al mismo tiempo, una afirmación de su dignidad intrínseca e inclusión en el Reino. La DSI bebe de esta fuente: la Iglesia debe ser «amiga» de los marginados modernos, lo que a menudo le acarreará las mismas críticas de ser «poco seria», «ideologizada» o de «meterse donde no le llaman».
- El Triunfo de la Sabiduría de Dios (v. 35)
· «Pero la sabiduría se abre paso por todos sus hijos»: Esta es la conclusión esperanzadora. Frente a la necedad humana («esta generación»), la Sabiduría de Dios (Sophia) se justifica a sí misma («se abre paso», es «justificada») a través de sus obras («todos sus hijos»).
· Los «hijos de la Sabiduría» son tanto Juan (el asceta) como Jesús (el que comparte la mesa), y todos aquellos que, con métodos diversos pero coherentes, trabajan por la justicia del Reino.
· Principio de la DSI: El Bien Común como Fruto de la Sabiduría. La DSI es, en esencia, la aplicación de la Sabiduría de Dios a los problemas sociales complejos. Este versículo afirma que, a pesar de la oposición y la mala fe de los que se aferran al poder y los prejuicios, la obra de Dios—la justicia, la misericordia, la inclusión—prevalece y se demuestra como el camino correcto a través de sus frutos concretos (cf. Mt 11:19). La lucha por la justicia social, aunque sea criticada desde todos los frentes, se valida por su coherencia con el proyecto de Dios.
Conclusión: Un Llamado al Realismo y la Perseverancia
Para la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje es un espejo realista de lo que significa trabajar por la transformación social:
- Advierte sobre la oposición: Quienes se benefician del sistema injusto o están ideológicamente ciegos encontrarán siempre una excusa para rechazar la propuesta del Evangelio, ya sea por ser «demasiado radical» o «demasiado condescendiente».
- Legitima diversos carismas: No hay un único método para la acción social. La Iglesia necesita tanto «juánes» que denuncien con valentía como «jesús» que se ensucien las manos construyendo alternativas.
- Afirma la opción por los excluidos: La cercanía a los marginados será siempre un punto de conflicto con el mundo, pero es un signo no negociable de la autenticidad del mensaje cristiano.
- Ofrece esperanza: La última palabra no la tiene la «generación caprichosa», sino la Sabiduría de Dios, que se abre paso a través de todos aquellos que, con fidelidad creativa, trabajan por hacer realidad su Reino de justicia y paz.
La DSI es, por tanto, un llamado a no desanimarse ante las críticas incoherentes y a confiar en que la obra de Dios, aunque a menudo se malinterpreta, en última instancia será reivindicado por sus frutos..
