Evangelio del día 17 de septiembre de 2025

Lucas 7, 31-35

Texto Bíblico: Lucas 7:31-35 (NVI)

**31»¿Con qué, pues, compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué se parecen? 32 Se parecen a los niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan unos a otros: “Tocamos la flauta, y no bailaron; cantamos un funeral, y no lloraron.”

33 Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dicen: “Tiene un demonio.” 34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen a un glotón y a un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.” 35 Pero la sabiduría se abre paso por todos sus hijos.


Análisis desde la Perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Jesús está respondiendo a las críticas de los fariseos y escribas que rechazan tanto el ascetismo de Juan como la proximidad de Jesús a los marginados. Su análisis revela una dinámica social perversa.

  1. La Cerrazón Ideológica y la Mala Fe (v. 31-32)

· La Metáfora de los Niños Caprichosos: Jesús describe una generación que, como niños malcriados, se niega a jugar sin importar las reglas que se propongan. No quieren jugar a la boda («bailar») ni al funeral («llorar»). Su objetivo real no es encontrar la verdad, sino mantener su postura de queja y superioridad.
· Principio de la DSI: La Apertura a la Verdad. La DSI insiste en que el bien común solo puede alcanzarse mediante la búsqueda honesta de la verdad (Gaudium et Spes, 26). La actitud que Jesús describe es lo opuesto: es una cerrazón ideológica que rechaza cualquier evidencia o propuesta que no se ajuste a sus prejuicios. Es la actitud que paraliza el diálogo social y político, donde los bandos se critican mutuamente no por el contenido de sus propuestas, sino por quién las propone.

  1. El Rechazo a los Profetas y sus Métodos (v. 33-34)

Jesús señala dos modelos de profetismo, ambos rechazados por el mismo sistema:

· Juan el Bautista (Ascetismo, denuncia severa): Representa la crítica profética desde fuera del sistema. Vive en el desierto, denuncia el pecado con dureza y llama a la conversión radical. El sistema lo rechaza tachándolo de fanático, extremista o «endemoniado» (v. 33). Lo acusan de no ser normal.
· Jesús de Nazaret (Encarnación, proximidad): Representa la crítica profética desde dentro de la sociedad. Se encarna, comparte la mesa, se acerca a los excluidos para sanar y incluir. El sistema lo rechaza tachándolo de populista, de falta de seriedad, de «glotón y borracho» (v. 34), y lo acusan de guilt by association («amigo de pecadores»).
· Principio de la DSI: El Deber de Participar y la Libertad de Iniciativa. La DSI alienta a los cristianos a participar en la vida pública y a abordar los problemas sociales con libertad y creatividad (Gaudium et Spes, 75). Este pasaje muestra que no hay una sola estrategia válida. La Iglesia debe apoyar tanto a quienes, como Juan, denuncian las estructuras de pecado desde la periferia, como a quienes, como Jesús, trabajan desde dentro para transformarlas. El rechazo sistemático a ambos modelos revela que el problema no es el método, sino el mensaje mismo que desafía el status quo.

  1. La Acusación Social: «Amigo de recaudadores y pecadores» (v. 34)

Esta es la acusación clave desde una perspectiva social. Para la mentalidad farisaica, la pureza ritual y social era lo más importante. Associarse con «pecadores públicos» (recaudadores, considerados traidores y ladrones) y prostitutas era contaminarse y legitimar su estatus.

· Principio de la DSI: Opción Preferencial por los Pobres. Jesús encarna este principio de la manera más radical. Su práctica de compartir la mesa con los excluidos es un acto social y teológico profundamente significativo. No es una simple estrategia pastoral; es una denuncia profética de un sistema que categoriza y excluye a las personas, y al mismo tiempo, una afirmación de su dignidad intrínseca e inclusión en el Reino. La DSI bebe de esta fuente: la Iglesia debe ser «amiga» de los marginados modernos, lo que a menudo le acarreará las mismas críticas de ser «poco seria», «ideologizada» o de «meterse donde no le llaman».

  1. El Triunfo de la Sabiduría de Dios (v. 35)

· «Pero la sabiduría se abre paso por todos sus hijos»: Esta es la conclusión esperanzadora. Frente a la necedad humana («esta generación»), la Sabiduría de Dios (Sophia) se justifica a sí misma («se abre paso», es «justificada») a través de sus obras («todos sus hijos»).
· Los «hijos de la Sabiduría» son tanto Juan (el asceta) como Jesús (el que comparte la mesa), y todos aquellos que, con métodos diversos pero coherentes, trabajan por la justicia del Reino.
· Principio de la DSI: El Bien Común como Fruto de la Sabiduría. La DSI es, en esencia, la aplicación de la Sabiduría de Dios a los problemas sociales complejos. Este versículo afirma que, a pesar de la oposición y la mala fe de los que se aferran al poder y los prejuicios, la obra de Dios—la justicia, la misericordia, la inclusión—prevalece y se demuestra como el camino correcto a través de sus frutos concretos (cf. Mt 11:19). La lucha por la justicia social, aunque sea criticada desde todos los frentes, se valida por su coherencia con el proyecto de Dios.

Conclusión: Un Llamado al Realismo y la Perseverancia

Para la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje es un espejo realista de lo que significa trabajar por la transformación social:

  1. Advierte sobre la oposición: Quienes se benefician del sistema injusto o están ideológicamente ciegos encontrarán siempre una excusa para rechazar la propuesta del Evangelio, ya sea por ser «demasiado radical» o «demasiado condescendiente».
  2. Legitima diversos carismas: No hay un único método para la acción social. La Iglesia necesita tanto «juánes» que denuncien con valentía como «jesús» que se ensucien las manos construyendo alternativas.
  3. Afirma la opción por los excluidos: La cercanía a los marginados será siempre un punto de conflicto con el mundo, pero es un signo no negociable de la autenticidad del mensaje cristiano.
  4. Ofrece esperanza: La última palabra no la tiene la «generación caprichosa», sino la Sabiduría de Dios, que se abre paso a través de todos aquellos que, con fidelidad creativa, trabajan por hacer realidad su Reino de justicia y paz.

La DSI es, por tanto, un llamado a no desanimarse ante las críticas incoherentes y a confiar en que la obra de Dios, aunque a menudo se malinterpreta, en última instancia será reivindicado por sus frutos..

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