Evangelio del 19 de septiembre de 2025

Lucas 8, 1-3

Lucas 8:1-3 (NVI)
1 »Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
2 »y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
3 »Juana, mujer de Chuza intendente de Herdes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.

Ahora, analicemos este pasaje desde la perspectiva de los principios de la DSI:

  1. Dignidad de la Persona Humana y el Rol de la Mujer

Este es el principio más destacado del pasaje. En una época y cultura donde el testimonio de las mujeres era menospreciado y su rol público muy limitado, Lucas las presenta de manera explícita y honorífica.

· Reconocimiento e Inclusión: Jesús rompe los esquemas sociales al incluir a las mujeres en su círculo más cercano de discípulos itinerantes. No son seguidoras anónimas, sino que Lucas las nombra: María Magdalena, Juana, Susana. La DSI insiste en que la dignidad de toda persona, hombre o mujer, es inviolable y debe traducirse en una participación plena en la sociedad (y en la Iglesia). Este pasaje es un precedente evangélico de esa igualdad en la dignidad y en el discipulado.
· Rehabilitación y Misión: María Magdalena es identificada por su pasado («de la que habían salido siete demonios»), pero no es definida por él. Jesús la ha sanado, restituyendo su dignidad plena. La DSI habla de la «rehabilitación» de las personas para que puedan integrarse socialmente. Estas mujeres, transformadas por el encuentro con Cristo, no son marginadas sino integradas en la misión más esencial: anunciar el Reino.

  1. La Opción Preferencial por los Pobres y los Excluidos

Las mujeres en el mundo judío del siglo I eran, en muchos aspectos, ciudadanas de segunda categoría. Su testimonio no era válido en un tribunal. Al elegirlas como testigas de su ministerio, su mensaje y su resurrección (son ellas las primeras en el sepulcro vacío), Jesús realiza una opción preferencial por los marginados de esa estructura social.

Jesús no solo predica para ellos, sino que camina con ellos y los eleva a una posición de responsabilidad y confianza. La DSI deriva de este principio evangélico el imperativo de poner en el centro de la preocupación social a los que están al margen de los sistemas económico, social y político.

  1. El Destino Universal de los Bienes y la Economía de Servicio

El versículo 3 es clave desde la perspectiva socioeconómica: «…y otras muchas que le servían de sus bienes».

· Administración, no Posesión Absoluta: Estas mujeres, como Juana (esposa de un administrador de Herodes, es decir, de una persona adinerada), ponen sus recursos económicos al servicio de la misión de Jesús. No los usan para beneficio personal o para acumular, sino para sostener la comunidad que anuncia el Reino. Esto encarna perfectamente el principio del destino universal de los bienes, que enseña que, aunque la propiedad privada es legítima, el uso de los bienes debe estar orientado al bien común.
· Una Comunidad de Apoyo Mutuo: El grupo de Jesús no era una comunidad de austeridad autoimpuesta y pobreza, sino una comunidad de solidaridad y compartimiento. Los recursos de quienes los tenían sostenían la misión que beneficiaba a todos, especialmente a los más necesitados. Es un modelo económico basado en la gratuidad, la solidaridad y el servicio, en contraste con una economía de acumulación y explotación.

  1. La Caridad y la Subsidiariedad

El verbo «servir» (diakonéō en griego) es fundamental. Indica un servicio activo, un ministerio de apoyo. Este servicio:

· Es Activo (Subsidiariedad): Las mujeres toman la iniciativa de usar sus capacidades y recursos para sostener la misión. No son espectadoras pasivas. La DSI promueve la subsidiariedad, que defiende que las estructuras superiores (o en este caso, el mismo Jesús) no deben absorber la capacidad de iniciativa y aporte de las personas o grupos menores. Jesús permite y valora este servicio esencial.
· Es Caridad en Acción: Su servicio es un acto de caridad (o amor social como prefiere llamarlo el Papa Francisco). No es una limosna despectiva, sino una participación comprometida y personal en una obra que transforma el mundo. Es el «amor político» en el mejor sentido: orientado al bien común de la comunidad que Jesús está construyendo.

Conclusión

Lucas 8:1-3, desde la Doctrina Social de la Iglesia, no es solo una anécdota sobre el financiamiento del ministerio de Jesús. Es una radiografía del Reino de Dios en construcción. Nos muestra una comunidad:

· Inclusiva, que defiende la dignidad de todos, especialmente de los marginados.
· Solidaria, que practica la opción por los pobres y el destino universal de los bienes.
· Activa, donde cada miembro, según sus capacidades, sirve al bien común (subsidiariedad y caridad).

Este pasaje desafía a la Iglesia de hoy a examinar si vive estos mismos principios: si valora y promueve el rol de la mujer, si sus estructuras económicas son solidarias y transparentes, y si es verdaderamente una comunidad donde todos, con sus dones y bienes, sirven juntos a la misión de anunciar el Evangelio.

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