Memoria de San Pío de Pietrelcina, Presbítero
Lucas 8, 19-21
El texto de Lucas 8:19-21 es breve pero de una profundidad enorme:
«Se presentaron entonces su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la multitud. Le anunciaron: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte”. Pero él les respondió: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”».
A primera vista, Jesús parece desvincularse de su familia biológica. Sin embargo, su mensaje es todo lo contrario: no es un rechazo, sino una expansión universal de la familia. Él redefine el concepto de parentesco no sobre la base de la sangre, sino sobre la base de una adhesión libre y activa a la Voluntad de Dios.
La DSI, que bebe de estos principios evangélicos para iluminar la vida en sociedad, nos permite ver en este pasaje varios pilares fundamentales.
- La Dignidad de la Persona y la Primacía de la Conciencia
La DSI sitúa la dignidad inviolable de la persona como fundamento de toda la vida social. Jesús no valora a las personas por su linaje o su rol social (ni siquiera el sagrado de ser su madre según la carne), sino por su capacidad de escuchar y decidir actuar conforme a la Palabra.
· Aplicación social: Esto subraya que en la sociedad (familia, comunidad, Estado) cada individuo es valioso por sí mismo, llamado a la libertad y la responsabilidad. No se le debe reducir a ser un mero «miembro de un clan» o un número. La verdadera identidad y pertenencia se construyen con actos libres y responsables.
- La Familia como «Iglesia Doméstica» y su Apertura a la Sociedad
Este pasaje no anula la importancia de la familia. Al contrario, la eleva a un nuevo nivel. La familia natural es la primera escuela donde se aprende a «escuchar y poner en práctica» la Palabra. El Concilio Vaticano II la llamó «Iglesia doméstica». Pero esta familia no es un círculo cerrado; está llamada a abrirse y a reconocer como hermanos a todos los que comparten la misma fe y compromiso con el bien.
· Aplicación social: La familia es la célula básica de la sociedad, pero su misión es formar personas solidarias que trasciendan sus intereses particulares. Frente a visiones individualistas o colectivistas, la DSI promueve una familia que educa para la fraternidad universal.
- El Principio de Solidaridad y la Fraternidad Universal
Jesús está fundando una nueva familia basada no en la sangre, sino en la comunión de vida con Dios. Este es el origen más profundo del principio de solidaridad en la DSI. Si todos somos hijos de un mismo Padre y hermanos de Cristo, entonces la humanidad entera es una sola familia. La «fraternidad» deja de ser una idea bonita para convertirse en una realidad espiritual que exige compromisos concretos.
· Aplicación social: Este principio desafía toda forma de exclusión, nacionalismo exacerbado, racismo o indiferencia ante el sufrimiento de los lejanos. El «prójimo» es cualquiera, especialmente el necesitado (cf. Parábola del Buen Samaritano). La solidaridad es la respuesta práctica a la pregunta «¿Quién es mi hermano?».
- El Bien Común y la Opción Preferencial por los Pobres
La nueva familia de Jesús tiene una norma de funcionamiento: «escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica». La Palabra de Dios está llena de llamados a la justicia, la misericordia y la defensa del pobre y el marginado. Por lo tanto, pertenecer a esta familia implica trabajar por el bien común, que es el conjunto de condiciones que permiten a todos desarrollar su dignidad.
· Aplicación social: La opción preferencial por los pobres es una consecuencia directa. Quienes «oyen y practican» la Palabra no pueden permanecer indiferentes ante las estructuras injustas que excluyen a muchos de la mesa común. La práctica de la Palabra se convierte en trabajo por la justicia social.
- La Subjetividad de la Sociedad: La «Puesta en Práctica»
Jesús no dice «mis hermanos son los que saben la Palabra», sino los que la practican. La DSI insiste en que los laicos, los cristianos en el mundo, tienen la vocación de transformar la realidad social con su acción concreta. La fe sin obras está muerta (Santiago 2:17).
· Aplicación social: La transformación de la sociedad no se logra sólo con buenas intenciones, sino con un compromiso activo en la política, la economía, la cultura y every ámbito de la vida pública. Ser «hermano» de Jesús implica ser un constructor activo del Reino de Dios en la historia.
Conclusión
Lucas 8:19-21, leído con la lente de la DSI, es un texto radical y revolucionario. Nos muestra que:
· La verdadera identidad se encuentra en la relación con Dios y en el compromiso con su Voluntad.
· La verdadera familia es la comunidad de los que, viviendo en solidaridad y justicia, reconocen a Dios como Padre.
· La verdadera religión no es un asunto privado, sino una fuerza que impulsa a crear una sociedad más fraterna, justa y inclusiva, donde todos puedan sentirse, efectivamente, hermanos.
Este pasaje es, en definitiva, el corazón del mensaje social del Evangelio: una llamada a construir una civilización del amor, donde la ley fundamental sea el amor a Dios y al prójimo.
