Memoria de los Santos Ángeles Custodios
Mateo 18, 1-5, 10
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?»
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: «Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo».

Perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (Breve)
La DSI ve en este pasaje un fundamento crucial para varios de sus principios fundamentales, aplicables a la construcción de una sociedad justa:
1. La Opción Preferencial por los Pobres y los Débiles:
El niño en la sociedad de la época era el símbolo máximo de la falta de estatus, poder e influencia. Al colocar al niño en el centro y identificarse con él, Jesús establece un criterio claro: la sociedad se mide por cómo trata a sus miembros más vulnerables. La DSI extiende este principio a los pobres, los marginados, los no nacidos, los ancianos y todos los «pequeños» de nuestro tiempo. Acogerlos es acoger a Cristo.
2. La Dignidad de la Persona Humana:
La advertencia de «no despreciar a ninguno de estos pequeños» (v.10) afirma la dignidad intrínseca e inalienable de toda persona, independientemente de su edad, capacidades o contribución social. Esta dignidad, dada por Dios, es el pilar de todos los derechos humanos y debe ser protegida contra cualquier forma de desprecio o exclusión.
3. La Inversión de la Lógica del Poder:
La pregunta de los discípulos refleja una lógica mundana de poder, competencia y grandeza. Jesús la subvierte por completo. La verdadera grandeza, según el Evangelio y la DSI, no reside en el dominio, sino en el servicio, la humildad y la acogida. Una sociedad sana debe promover una cultura del servicio y la solidaridad frente a la mera competencia y la búsqueda del éxito individual.
4. El Bien Común:
Una sociedad que margina a sus «pequeños» no puede lograr el bien común. El bien común exige que las estructuras sociales, económicas y políticas estén ordenadas al desarrollo de todos y cada una de las personas, especialmente de las más frágiles. La conversión a la que llama Jesús («si no os convertís…») es también una llamada a convertir las estructuras injustas.
5. Responsabilidad Social y Protección de la Infancia:
El pasaje es un llamado directo a la responsabilidad de la comunidad hacia los más pequeños. La DSI deduce de aquí la obligación de la sociedad de proteger integralmente a la infancia, garantizando su derecho a la vida, a la familia, a la educación y a un desarrollo pleno en un ambiente sano.
En resumen:
Mateo 18, 1-5.10, desde la DSI, es un llamado a construir una sociedad donde la lógica del servicio reemplace a la del poder; donde la dignidad de los más vulnerables sea sagrada; y donde la medida del progreso no sea la riqueza de unos pocos, sino el bienestar y la inclusión de todos, empezando por los «más pequeños».
