Lucas 11, 15-26
En aquel tiempo, cuando Jesús expulsó a un demonio, algunos dijeron: “Éste expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios”. Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.
Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: ‘’Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios por el poder de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo, y al no hallarlo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’. Y al llegar, la encuentra barrida y arreglada. Entonces va por otros siete espíritus peores que él y vienen a instalarse allí, y así la situación final de aquel hombre resulta peor que la de antes”.
Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia
Este pasaje evangélico, aunque se centra en la lucha espiritual entre Jesús y el mal, ofrece claves que la Doctrina Social de la Iglesia puede aplicar a la realidad social:
- Unidad y división: Jesús advierte que un reino dividido no puede sostenerse (v. 17). La DSI subraya la llamada a la unidad y al bien común, rechazando divisiones egoístas que fracturan la comunidad humana. La solidaridad es esencial para construir una sociedad justa.
- Opción fundamental por el bien: La frase «El que no está conmigo, está contra mí» (v. 23) recuerda que no hay neutralidad ante el bien y el mal. La DSI invita a una opción preferencial por los pobres y a trabajar activamente por la justicia, sin ambigüedades.
- Liberación y vacío peligroso: La parábola del espíritu que regresa (vv. 24-26) ilustra que no basta con «expulsar el mal» (por ejemplo, corrupción, injusticia) si no se llena el vacío con valores positivos. La DSI promueve no solo denunciar estructuras de pecado, sino también construir una cultura del encuentro, el bien común y la caridad.
- El «hombre fuerte» y las estructuras injustas: La imagen del «hombre fuerte» (v. 21) puede simbolizar estructuras de poder que oprimen. Jesús, «el más fuerte», libera y reparte el botín (v. 22). La DSI llama a transformar las estructuras injustas para que sirvan a la dignidad de la persona y la distribución justa de los bienes.
- El Reino de Dios y la transformación social: Cuando Jesús actúa «por el dedo de Dios» (v. 20), manifiesta que el Reino de Dios ya está presente. La DSI ve en esto un impulso para trabajar aquí y ahora por un mundo más fraterno, anunciando la esperanza de una sociedad renovada.
En resumen, este texto —más allá de su dimensión espiritual— interpela a los creyentes a combatir el mal social con unidad, opción clara por el bien y construcción de un orden justo, evitando que los «vacíos» de valores sean ocupados por males mayores. La DSI nos recuerda que la lucha contra el mal estructural exige una conversión continua y el compromiso con la caridad y la justicia.
