EVANGELIO DEL DÍA 14 DE OCTUBRE DE 2025

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer.

Pero el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio».

Exégesis del Pasaje (Análisis del Texto)

  1. El Contexto: Un fariseo, representante de una religiosidad meticulosa en lo externo, invita a Jesús a su mesa. El lavado ritual de las manos (no por higiene, sino por pureza ceremonial) era una tradición importante para los fariseos.
  2. La Acción Simbólica de Jesús: Al no lavarse, Jesús no desprecia la Ley, sino que provoca una situación para dar una enseñanza profunda. Su acción cuestiona un sistema que prioriza la apariencia sobre la autenticidad del corazón.
  3. La Enseñanza Central: La Pureza Interior: Jesús usa la metáfora de la «copa y el plato» para exponer la hipocresía religiosa. La crítica no es contra la limpieza, sino contra la contradicción de una vida que cuida minuciosamente los ritos externos («lo de fuera») mientras descuida la justicia, la misericordia y la bondad («lo de dentro»).
  4. La Solución Radical: La propuesta de Jesús es revolucionaria. No dice «lávense por dentro también», sino que propone un acto concreto de justicia: «Den más bien como limosna lo que tienen». La verdadera pureza, aquella que limpia tanto lo interior como lo exterior, no se alcanza con ritos, sino con un corazón generoso y justo que se manifiesta en acciones a favor del necesitado. La «limosna» aquí no es una simple caridad, sino un símbolo de la justicia distributiva y la conversión del corazón hacia el prójimo.

La DSI, que bebe de las fuentes bíblicas, encuentra en este pasaje principios fundamentales para la construcción de una sociedad justa.

  1. Primacía de la Persona y la Conversión Moral: La DSI insiste en que el orden social justo nace de corazones convertidos. No se puede construir una sociedad buena con personas malas. Jesús denuncia que un sistema religioso o social que se preocupa solo de las «formas» (leyes, apariencias, estructuras) sin una ética interior (honestidad, justicia, amor) está vacío. La DSI llama a esto la «conversión moral» como requisito para el cambio social.
  2. Opción Preferencial por los Pobres: El mandato de Jesús de «dar como limosna» es el núcleo de este principio. La pureza y la autenticidad de la fe y de la vida social se miden por el trato que se da a los más vulnerables. Una sociedad que ignora a los pobres mientras mantiene fachadas de orden y prosperidad es, a los ojos del Evangelio, «impura». La DSI exige que la actividad económica y política esté orientada al bien común y a la superación de la pobreza.
  3. Destino Universal de los Bienes: Cuando Jesús pide dar lo que se tiene, recuerda que los bienes de la tierra están destinados a todos. Acumular riqueza de manera egoísta mientras hay hermanos en necesidad es una forma de «rapacidad y maldad» interior que contamina todo. La DSI desarrolla este principio, afirmando que la propiedad privada tiene una hipoteca social y debe servir al bien de todos.
  4. La Caridad en la Verdad (Caritas in Veritate): La «limosna» que purifica todo no es un gesto paternalista, sino un acto de justicia y amor auténtico. La DSI, especialmente en la encíclica de Benedicto XVI, subraya que el desarrollo humano integral requiere caridad (amor) iluminada por la verdad. Es la verdad sobre la dignidad humana la que nos exige ser justos y generosos, no solo un sentimiento pasajero.

Conclusión

Lucas 11, 37-41 es un pasaje profundamente social. Jesús no está hablando solo de piedad personal, sino de los fundamentos de una comunidad justa. La auténtica pureza, la que agrada a Dios, no se logra con el cumplimiento externo de normas, sino con un corazón transformado por la justicia y la caridad, que se traduce en acciones concretas de compartir y servir a los más necesitados.

La Doctrina Social de la Iglesia recoge este mensaje y lo aplica a las estructuras sociales, económicas y políticas, recordándonos que la fe, para ser auténtica, debe purificarse constantemente en el crisol del amor y la justicia hacia el prójimo.

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