Memoria de San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir
Lucas 12, 1-7
En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos:
«Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas.
Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo.
¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos».
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Breve perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia
Este pasaje ofrece dos enseñanzas fundamentales que iluminan el compromiso social del cristiano:
- El Principio de Transparencia y la Lucha contra la Hipocresía (v. 1-3):
Jesús advierte contra la «levadura de los fariseos», que es la hipocresía. La DSI promueve la transparencia, la verdad y la integridad como bases para una sociedad justa. En la vida pública, económica y política, la hipocresía (decir una cosa y hacer otra) corroe el bien común. El cristiano está llamado a ser coherente, a que su fe se traduzca en acciones auténticas, porque toda obra secreta o injusta finalmente saldrá a la luz. Esto aplica a la honestidad en los negocios, a la integridad en la función pública y a la sinceridad en las relaciones sociales. - La Dignidad de la Persona y la Confianza en Dios (v. 4-7):
Jesús nos libera del miedo al poder humano que puede dañar el cuerpo, pero no tocar nuestra dignidad esencial. La DSI se fundamenta en el valor infinito de cada persona, creada a imagen de Dios. El «no temáis» es una invitación a defender la dignidad humana (especialmente de los pobres y vulnerables) sin miedo a las represalias, porque nuestra seguridad última está en Dios. Su providencia («hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados») nos asegura que cada persona es invaluable. Esto fundamenta la opción preferencial por los pobres: si Dios cuida de los pajarillos, ¡cuánto más de los seres humanos más desprotegidos!
Conclusión breve
Jesús nos invita a construir una sociedad basada en la autenticidad y la verdad, y a trabajar por la justicia sin miedo, sostenidos por la certeza de que cada persona posee una dignidad eterna y está bajo el cuidado amoroso de Dios. Esta es la base para un compromiso social valiente y esperanzado.
