Lucas 12, 35-38
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos».
—
Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Este pasaje evangélico, aunque de naturaleza escatológica (que habla de la espera final), ofrece principios fundamentales que la DSI aplica a la vida social y temporal:
- Vigilancia Activa y Responsabilidad (vers. 35-36): El llamado a «tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas» se interpreta en la DSI como un llamado a la responsabilidad y la participación activa en la sociedad. Los cristianos no somos espectadores pasivos del mundo, sino que debemos estar preparados y trabajar activamente por el bien común, construyendo una sociedad más justa y solidaria mientras esperamos la plenitud del Reino de Dios.
- La Dignidad del Servicio (vers. 37): La sorprendente imagen del patrón que «se pone a servirlos» revoluciona los conceptos mundanos de poder y autoridad. La DSI subraya que toda autoridad, en la política, la economía o la sociedad, debe entenderse como servicio (principio de el bien común). El liderazgo verdadero no es dominación, sino entrega al servicio de los demás, especialmente de los más débiles.
- La Esperanza que Motiva la Acción: La bienaventuranza («Felices esos servidores…») no es para los que esperan de brazos cruzados, sino para los que encuentra «velando», es decir, trabajando. La esperanza cristiana no es un escape del mundo, sino la fuerza motriz que nos impulsa a transformarlo aquí y ahora, luchando contra la injusticia y la indiferencia.
- Solidaridad y Atención a los Más Necesitados: La vigilancia implica estar atentos a las necesidades del prójimo. La DSI desarrolla esto en el principio de solidaridad, que es la determinación firme de trabajar por la justicia y de comprometerse con los que llegan «a la madrugada o más tarde» (los marginados, los pobres, los que sufren), asegurándose de que nadie quede excluido del banquete de la vida.
En resumen, Lucas 12:35-38, desde la DSI, es una invitación a vivir la fe de manera activa, servicial y esperanzada en medio del mundo, trabajando incansablemente por construir una comunidad humana que refleje los valores del Reino de Dios: justicia, servicio y amor fraterno.
