En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y cómo me angustio mientras llega!
¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
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Texto: Lucas 12, 49-53 (Resumen)
Jesús anuncia que ha venido a traer fuego a la tierra y desea que ya esté ardiendo. Habla de un bautismo que debe recibir (una referencia a su pasión y muerte). Luego, sorprendentemente, declara que no ha venido a traer paz, sino división: «de aquí en adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres…».
Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia
La DSI, que promueve la paz, la justicia y la unidad, encuentra en este pasaje una profunda y desafiante paradoja. La clave está en entender el concepto de «paz» que Jesús rechaza y la «división» que provoca.
En el ocaso de aquel día, el aula resonaba aún con las palabras y reflexiones que habían tejido el curso de Doctrina Social de la Iglesia y Pastoral Social. Era el último encuentro, un cierre que prometía no ser un adiós, sino un hasta luego lleno de esperanza y compromiso.
El presbítero Josué Raúl Macías, Coordinador de la Pastoral del Trabajo, había abierto la jornada con una elucidación sobre la dimensión y matices laborales. Su voz, serena y firme, dibujó un panorama donde la justicia y la caridad se entrelazaban en el quehacer cotidiano.
Luego, el presbítero Juan Carlos Cruz nos condujo a un viaje del corazón hacia la Casa de la Misericordia. Nos reveló los cimientos sobre los cuales se erigió este refugio, un faro de esperanza nacido de la necesidad y la compasión. Describió los servicios que allí se ofrecen, cada uno un abrazo fraterno para aquellos que buscan alivio en medio de la tormenta.
La hermana Lolita, de parte del Padre Gustavo Navel, coordinador del cuidado de la creación, nos iluminó con la visión del proyecto que lidera. A grandes rasgos, nos mostró cómo se lleva a cabo esta dimensión, sus directrices y el impacto que tiene el trabajo del cuidado de la casa común.
El equipo de la Casa del Migrante de Movilidad Humana y Centro Scalabriniano de Pastoral Migratoria, compartieron con nosotros el proceso de acogida y atención a los migrantes. Nos explicaron cómo, de manera coordinada y sistematizada, se les brinda apoyo y se les ofrecen los servicios necesarios para aliviar su difícil situación, pero la ayuda es mas compleja que eso.
Desde el Centro de Formación Política, el licenciado Jaime Cedillo Bolivar, nos narró los inicios de esta institución, destacando su misión de formar líderes comprometidos con el bien común.
Finalmente, el presbítero Licenciado Francisco Ramírez Yáñez, rector del sistema UNIVA y presidente de ODUCAL, nos presentó una visión inspiradora sobre el futuro de la pastoral social a través de las universidades católicas. Su tema estructurado y profundo nos invitó a reflexionar sobre el papel de la educación en la construcción de un mundo más justo y solidario.
Para concluir, se extendió un agradecimiento especial a los presbíteros y Paulo Cesar Barajas, Juan Carlos Cruz y Francisco Javier Huerta, quienes se encargaron de la coordinación, los refrigerios y la comida, deleitándonos además con la alegría de un mariachi. También se agradeció a todos los participantes del curso y a los sacerdotes asistentes. Con este gesto de gratitud y fraternidad, dimos por concluido este enriquecedor encuentro.