EVANGELIO DEL DÍA 29 DE OCTUBRE DE 2025

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”

Jesús le respondió: “Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.

Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.

***

Este pasaje, aunque aborda directamente la salvación, tiene implicaciones profundas para la vida social desde la perspectiva de la DSI:

  1. Universalidad e Inclusión: El versículo 29 («vendrán de oriente y occidente…») subraya que el Reino de Dios está abierto a todos los pueblos y culturas. La DSI deriva de aquí un principio de destino universal de los bienes y una llamada a la solidaridad global, rechazando toda forma de exclusión, nacionalismo cerrado o discriminación. La salvación—y, por analogía, el desarrollo integral—no es privilegio de un grupo, sino una oferta universal.
  2. Justicia y Rechazo a la Injusticia: La frase clave «¡apartaos de mí todos los que obráis la injusticia!» (v. 27) es central. La DSI insiste en que la fe debe traducirse en justicia social. No basta con una relación superficial con Jesús («comer y beber contigo»); es necesario un compromiso efectivo con la construcción de una sociedad justa, donde se luche contra las estructuras de pecado que oprimen a los pobres.
  3. Opción Preferencial por los Pobres (los «últimos»): La declaración final («hay últimos que serán primeros…») refleja la lógica del Reino de Dios, que invierte los criterios puramente mundanos de poder y prestigio. La DSI hace suya esta lógica a través de la opción preferencial por los pobres, promoviendo una sociedad que coloque en su centro a los marginados, los excluidos y los que sufren.
  4. Esfuerzo y Responsabilidad Personal y Colectiva: La imagen de la «puerta estrecha» y el mandato de «esforzaos» (v. 24) habla de una conversión personal y estructural. No es una salvación automática ni pasiva. La DSI aplica esto al ámbito social: construir el bien común requiere un esfuerzo consciente, constante y corresponsable de todos (personas, comunidades e instituciones), superando la indiferencia y la comodidad.

En resumen, este texto es un fuerte recordatorio de que la fe tiene una dimensión social ineludible. La pertenencia al Pueblo de Dios se verifica en la práctica de la justicia y en la construcción de una comunidad humana inclusiva, donde los últimos según el mundo sean los primeros en dignidad y atención.