EVANGELIO DEL DÍA 02 DE NOVIEMBRE DE 2025

SE SUGIEREN 3 EVANGELIOS

31 «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. 32 Serán congregadas todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 35 Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, 36 estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

37 Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? 39 ¿Y cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.

40 Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que, cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.

41 Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, 43 fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

44 Entonces estos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”.

45 Y él entonces les responderá: “En verdad os digo que, cuando no lo hicisteis con uno de aquellos más pequeños, tampoco conmigo lo hicisteis”.

46 E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».


Este pasaje, conocido como el «criterio de la caridad», es fundamental para la Doctrina Social de la Iglesia. La DSI lo interpreta no solo como una llamada individual a la caridad, sino como un principio estructurante para la vida social, económica y política. Aquí las claves:

  1. Dignidad de la Persona y Opción Preferencial por los Pobres: El texto revela que Cristo se identifica de manera única con los más vulnerables («uno de estos mis hermanos más pequeños»). Esto fundamenta el principio de la dignidad inviolable de toda persona y la «opción preferencial por los pobres». La DSI insiste en que la medida de la justicia de una sociedad se juzga por cómo trata a sus miembros más débiles.
  2. Caridad y Justicia: Las obras de misericordia (dar de comer, visitar al enfermo, etc.) son actos de caridad. Pero la DSI va más allá, afirmando que la caridad exige la justicia. No basta con ayudar a quien tiene hambre (caridad); es necesario construir una sociedad donde los sistemas económicos y las leyes permitan que todos tengan acceso al alimento (justicia). Es el famoso principio: «Dar de comer al hambriento es un imperativo de la caridad cristiana; trabajar para que no haya hambrientos es un imperativo de la justicia».
  3. Destino Universal de los Bienes: La llamada a compartir el pan, el techo y la vestimenta recuerda que los bienes de la tierra están destinados a todos. La propiedad privada tiene una «hipoteca social» y debe estar al servicio del bien común, no solo del interés individual.
  4. El Bien Común: El juicio se realiza a «todas las naciones», es decir, a la sociedad en su conjunto. Esto subraya la responsabilidad colectiva de construir un «bien común» que asegure las condiciones para que todos puedan vivir con dignidad. Los gobiernos, las instituciones y cada ciudadano son corresponsables de este deber.
  5. Llamada a la Conversión y a la Acción: El pasaje es una poderosa llamada a la conversión personal y social. La fe, sin obras concretas de amor y justicia, está muerta (cf. Santiago 2,17). La DSI motiva a los creyentes a ser «sal de la tierra y luz del mundo», transformando las estructuras injustas desde dentro a través del compromiso social y político inspirado en el Evangelio.

En resumen, Mateo 25:31-46 es el corazón del mensaje social de Jesús: encontrar a Dios y alcanzar la salvación pasa inevitablemente por el servicio amoroso y justo al prójimo, especialmente al más necesitado. La Doctrina Social de la Iglesia desarrolla este núcleo evangélico en principios y criterios de acción para construir una civilización del amor.

51 «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo».

52 Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.

55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.

58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».


A primera vista, este pasaje profundamente eucarístico parece centrado en la relación personal con Cristo. Sin embargo, la Doctrina Social de la Iglesia extrae de él consecuencias sociales fundamentales, ya que la Eucaristía, como sacramento de comunión, posee una intrínseca dimensión social.

  1. La Eucaristía y la Dignidad Humana: Al afirmar que su carne es «por la vida del mundo» (v. 51), Cristo revela que su entrega es para la salvación y el bien de toda la humanidad. Partir del mismo Pan de Vida nos hace iguales en dignidad ante Dios. En la Eucaristía, todas las distinciones terrenales (riqueza, raza, estatus) se desdibujan. Esto funda el principio de la dignidad inviolable de toda persona y la igualdad fundamental de todos los seres humanos.
  2. Eucaristía y Compromiso con el Hambriento: No se puede disociar el Pan Eucarístico, que es Cristo, del pan material que necesita el hermano. La Eucaristía, celebrada y recibida, es una exigencia de justicia y caridad. Quien se alimenta de Cristo debe sentirse interpelado a trabajar por un mundo donde nadie pase hambre física, porque la misma Vida de Dios, recibida en la comunión, nos impulsa a ser solidarios. La Eucaristía nos misiona para ser pan partido para los demás.
  3. Eucaristía y Construcción de la Comunión (Comunidad): El pasaje habla de «permanecer» en Cristo (v. 56). La Eucaristía crea y fortalece la comunión con Dios y, por tanto, la comunión entre los hermanos. Es el sacramento que funda la Iglesia como familia de Dios. Desde aquí, la DSI promueve la fraternidad y el bien común, invitando a construir una sociedad que refleje la unidad y el amor que se experimentan en la mesa eucarística.
  4. Vida Eterna y Transformación Social: La promesa de la «vida eterna» (v. 54) no es un escape del mundo, sino una fuerza que lo transforma. La esperanza en la resurrección da fuerza y motivación para trabajar por un mundo más justo, a pesar de las dificultades. La Eucaristía nos da la fuerza de Cristo para ser levadura que transforma la realidad social desde dentro, trabajando por la «vida» en plenitud para todos, aquí y en la eternidad.

En resumen, para la DSI, la Eucaristía es el sacramento que, al unirnos a Cristo, nos une inseparablemente a nuestros hermanos y nos compromete de manera activa y concreta a trabajar por un mundo donde la vida, la dignidad y la comunión sean respetadas y promovidas para todos. La comunión con Dios en el altar exige necesariamente la comunión y el servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

La Muerte de Jesús
44 Era ya cerca de la hora sexta, y hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
45 El sol se eclipsó y el velo del Santuario se rasgó por medio.
46 Y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y, dicho esto, expiró.

La Sepultura
50 Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,
52 que se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
53 Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía.

La Resurrección
24, 1 El primer día de la semana, muy de madrugada, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
2 Encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro,
3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos resplandecientes.
5 Como llenas de temor, inclinaron su rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
6 No está aquí, ha resucitado».


Este pasaje central de la fe cristiana no es solo un evento religioso, sino que tiene profundas implicaciones sociales, ofreciendo una nueva perspectiva para la acción en el mundo.

  1. La Dignidad en la Vulnerabilidad: Jesús muere como un condenado, en la máxima vulnerabilidad y aparente fracaso. La DSI ve en esto una afirmación radical de la dignidad de toda persona humana, especialmente de los que sufren, los excluidos y los condenados por los sistemas de este mundo. La Cruz exige defender la dignidad de toda vida, incluso la que el mundo desecha.
  2. Responsabilidad y Coraje Cívico (José de Arimatea): José, un miembro del Consejo, rompe el consenso del poder para actuar con justicia. Es un modelo de coraje cívico y responsabilidad personal. La DSI anima a los creyentes, especialmente a los que ocupan puestos de responsabilidad, a «no lavarse las manos» como Pilato, sino a intervenir con valentía para servir la justicia y la verdad, aunque sea costoso.
  3. La Resurrección como Esperanza Activa: La Resurrección es la fundamento de la esperanza cristiana. No es un simple consuelo, sino una fuerza que impulsa la acción. La DSI insiste en que, porque Cristo ha vencido al mal y a la muerte, nuestro trabajo por un mundo más justo, aunque imperfecto, tiene un sentido último y no es en vano (1 Corintios 15:58). Nos libera del cinismo y la desesperanza que paralizan el compromiso social.
  4. Transformación de las Estructuras (El velo rasgado): El velo del Templo, que separaba a Dios del pueblo, se rasga. Esto simboliza que en Cristo no hay barreras. Es un llamado a derribar los muros de división en la sociedad (pobreza, exclusión, racismo) y a trabajar por una auténtica fraternidad donde todos tengan acceso a la «presencia de Dios», es decir, a una vida digna y plena.

En resumen, el Misterio Pascual enseña que Dios se solidariza con el que sufre (Cruz) y que el amor y la justicia tienen la última palabra (Resurrección). La DSI se nutre de esta esperanza para motivar un compromiso transformador en la sociedad, animando a los creyentes a ser, como José de Arimatea, testigos valientes de una humanidad nueva, fundada en la dignidad y la fraternidad redimidas por Cristo.