JUAN 2, 13 – 22
Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22
Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.
En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.
Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho. Palabra del Señor.
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Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
La Doctrina Social de la Iglesia ve en este pasaje principios fundamentales que guían su visión sobre la economía, la sociedad y la dignidad humana.
- El Templo y la Dignidad de lo Sagrado: El Templo es un espacio sagrado, destinado al encuentro con Dios. La DSI aplica este principio a la dignidad de la persona humana, que es «templo del Espíritu Santo» (1 Cor 3:16). Por lo tanto, cualquier sistema económico o social que degrade a la persona, la reduzca a una mercancía o viole su dignidad (como hacían los comerciantes al explotar a los peregrinos) es contrario al designio de Dios. La economía debe estar al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la economía.
- La Denuncia de la Injusticia Económica: La acción de Jesús es una profunda denuncia contra la conversión de lo sagrado en un negocio. La DSI condena consistentemente un economicismo que busca sólo el beneficio, olvidando la justicia y la equidad. El «comercio» en el atrio de los gentiles impedía que los no-judíos pudieran orar, mostrando cómo la injusticia económica puede crear exclusiones y marginar a los más débiles.
- El Bien Común sobre el Interés Individual: Los cambistas y vendedores priorizaban su ganancia personal sobre la finalidad religiosa y comunitaria del Templo. La DSI promueve el bien común, que exige que los intereses individuales y de grupo no prevalezcan sobre el bien de toda la comunidad. La acción de Jesús restablece el orden correcto: Dios en el centro, y la actividad humana ordenada hacia Él y al servicio de los hermanos.
- El Verdadero Templo: La Persona de Cristo: Jesús se presenta como el nuevo y definitivo Templo. Este es el fundamento último de la DSI: Cristo es la medida del hombre y de la sociedad. Una sociedad justa se construye cuando se reconoce la centralidad de Cristo y la dignidad sagrada de cada persona, redimida por Él. Toda acción social debe apuntar a construir una «civilización del amor» que refleje este nuevo orden.
En resumen: Este pasaje no es sólo un acto de fervor religioso, sino un mensaje profético sobre el lugar que debe ocupar Dios y la dignidad humana en la vida social y económica. La DSI lo interpreta como un llamado urgente a purificar las estructuras sociales y económicas que corrompen lo sagrado (la persona y su destino) y a construir un orden donde el ser humano, imagen de Dios, esté siempre en el centro.
