EVANGELIO DEL DÍA 09 DE NOVIEMBRE DE 2025

Del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.

En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.

Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho. Palabra del Señor.

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La Doctrina Social de la Iglesia ve en este pasaje principios fundamentales que guían su visión sobre la economía, la sociedad y la dignidad humana.

  1. El Templo y la Dignidad de lo Sagrado: El Templo es un espacio sagrado, destinado al encuentro con Dios. La DSI aplica este principio a la dignidad de la persona humana, que es «templo del Espíritu Santo» (1 Cor 3:16). Por lo tanto, cualquier sistema económico o social que degrade a la persona, la reduzca a una mercancía o viole su dignidad (como hacían los comerciantes al explotar a los peregrinos) es contrario al designio de Dios. La economía debe estar al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la economía.
  2. La Denuncia de la Injusticia Económica: La acción de Jesús es una profunda denuncia contra la conversión de lo sagrado en un negocio. La DSI condena consistentemente un economicismo que busca sólo el beneficio, olvidando la justicia y la equidad. El «comercio» en el atrio de los gentiles impedía que los no-judíos pudieran orar, mostrando cómo la injusticia económica puede crear exclusiones y marginar a los más débiles.
  3. El Bien Común sobre el Interés Individual: Los cambistas y vendedores priorizaban su ganancia personal sobre la finalidad religiosa y comunitaria del Templo. La DSI promueve el bien común, que exige que los intereses individuales y de grupo no prevalezcan sobre el bien de toda la comunidad. La acción de Jesús restablece el orden correcto: Dios en el centro, y la actividad humana ordenada hacia Él y al servicio de los hermanos.
  4. El Verdadero Templo: La Persona de Cristo: Jesús se presenta como el nuevo y definitivo Templo. Este es el fundamento último de la DSI: Cristo es la medida del hombre y de la sociedad. Una sociedad justa se construye cuando se reconoce la centralidad de Cristo y la dignidad sagrada de cada persona, redimida por Él. Toda acción social debe apuntar a construir una «civilización del amor» que refleje este nuevo orden.

En resumen: Este pasaje no es sólo un acto de fervor religioso, sino un mensaje profético sobre el lugar que debe ocupar Dios y la dignidad humana en la vida social y económica. La DSI lo interpreta como un llamado urgente a purificar las estructuras sociales y económicas que corrompen lo sagrado (la persona y su destino) y a construir un orden donde el ser humano, imagen de Dios, esté siempre en el centro.

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