IX Jornada Mundial de los Pobres:
«Tú, Señor, eres mi esperanza» (Sal 71, 5).
LUCAS 21, 5-19
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-19
En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.
Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni cabello de su cabeza perecerá. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”. Palabra del Señor.
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Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
El discurso de Jesús en este pasaje, conocido como el «discurso escatológico», presenta un mundo en crisis, donde las estructuras humanas (incluso las más sagradas, como el Templo) son transitorias. La DSI, que se preocupa por la vida social humana a la luz del Evangelio, encuentra aquí principios fundamentales:
- Esperanza Activa frente a la Crisis: Jesús no invita al pánico, sino a la prudencia y la confianza en Dios («no os aterréis», v.9). La DSI, ante las crisis sociales (guerras, injusticias, persecuciones), no promueve una fuga del mundo, sino una esperanza activa. Esta esperanza nos impulsa a trabajar por un mundo más justo, sabiendo que nuestra seguridad última no está en las estructuras terrenales, sino en Dios. Es la base para el compromiso en la transformación de la sociedad, incluso cuando parece que todo se derrumba.
- El Testimonio como Acción Social: Jesús dice que la persecución será «ocasión para dar testimonio» (v.13). Para la DSI, el testimonio de la fe es también un servicio a la sociedad. Denunciar la injusticia, defender la dignidad de los perseguidos y proclamar la verdad, incluso a costa de la propia seguridad, es una forma eminente de caridad social. El mártir cristiano es el testigo máximo de la primacía de Dios y de la dignidad humana frente a los poderes opresores.
- La Perseverancia (Constancia) como Virtud Cívica: La famosa frase «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas» (v.19) tiene una dimensión social. La DSI valora la virtud de la constancia no solo para la vida espiritual, sino también para el largo y a menudo frustrante trabajo por el bien común. Construir una sociedad más humana requiere paciencia, resistencia ante el fracaso y una tenaz esperanza que no se rinde ante el mal o la lentitud del cambio.
- La Dignidad de la Persona por encima del Poder: El texto muestra a los discípulos siendo llevados ante el poder político y religioso (v.12). Jesús les promete una sabiduría que el poder no puede contradecir (v.15). La DSI se basa en el principio de que la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios, es anterior e superior a cualquier estructura de poder. Los sistemas políticos y económicos deben estar al servicio de la persona, no al revés. Cuando estos sistemas se vuelven opresores, el cristiano está llamado a dar testimonio de una verdad y una dignidad que ningún poder terrenal puede suprimir.
En resumen, este pasaje, leído con la DSI, no es una invitación al quietismo ante el fin del mundo, sino un llamado a una presencia serena, valiente y activa en medio de las crisis del mundo. Es una exhortación a construir la sociedad con la confianza puesta en Dios, dando testimonio de la verdad y la justicia, y perseverando en el bien, incluso cuando las estructuras humanas fallen.
