EVANGELIO DEL DÍA 17 DE NOVIEMBRE DE 2025

Memoria SANTA ISABEL DE HUNGRÍA, Religiosa

Del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43

En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” Él le contestó: “Señor, que vea”. Jesús le dijo: “Recobra la vista; tu fe te ha curado”.

Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios. Palabra del Señor.

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Este relato del ciego de Jericó es una poderosa ilustración de principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia:

  1. Dignidad y Inclusión de los Excluidos: El ciego representa a los marginados de la sociedad. Su posición «sentado junto al camino» simboliza la exclusión. La sociedad («los que iban delante») quiere silenciarlo. Sin embargo, Jesús lo pone en el centro de su atención. La DSI insiste en que la medida de una sociedad justa es cómo trata a sus miembros más vulnerables. La opción preferencial por los pobres y excluidos se manifiesta aquí: Jesús no solo lo ve, sino que lo llama, lo incluye y responde a su clamor.
  2. El Grito de los Pobres como Llamada a la Conversión: El grito persistente del ciego («¡Hijo de David, ten compasión de mí!») es el grito de los pobres que interpela a la conciencia de la comunidad y de sus líderes. La DSI enseña que es necesario escuchar este grito y permitir que nos transforme. La fe no es pasiva; es un grito que exige justicia y reconocimiento de la dignidad, tal como el ciego no se dejó silenciar.
  3. La Fe que Actúa y Libera: Jesús no impone su ayuda; pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti?». Reconoce la agencia y la libertad del hombre. La salvación («tu fe te ha salvado») no es solo espiritual, sino que tiene una consecuencia concreta y tangible: el ciego ve. La DSI promueve un desarrollo humano integral que libera a la persona de todas las formas de «ceguera» que la oprimen: la pobreza, la ignorancia, la falta de oportunidades y la exclusión social. El objetivo es que la persona pueda «verse a sí misma» y «ver el camino» para participar plenamente en la vida social.
  4. Conversión de la Comunidad: El milagro no termina con el ciego. «Todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios». El acto de justicia y misericordia individual tiene un efecto comunitario. Restaurar a un miembro marginado sana a toda la comunidad y la lleva a alabar a Dios. La DSI subraya que la construcción del bien común requiere esta conversión comunitaria, donde se reconoce que la inclusión de los más débiles fortalece y enriquece a toda la sociedad.

En resumen, este pasaje, desde la DSI, es un modelo de acción social: escuchar el clamor de los excluidos, detenerse para atenderlos, devolverles la dignidad y la capacidad de «ver» (participar) y, con ello, transformar toda la comunidad.