EVANGELIO DEL DÍA 21 DE NOVIEMBRE DE 2025

Del santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre,cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con él. Alguien le dijo entonces a Jesús: “Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo”.

Pero él respondió al que se lo decía: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Palabra del Señor.

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Este pasaje es fundamental para la DSI, ya que revela el fundamento de la fraternidad universal. Jesucristo, al señalar a sus discípulos, no desconoce a su familia, sino que amplía radicalmente el concepto de parentesco.

La verdadera familia, la comunidad que Él viene a establecer, no se basa en lazos de sangre, sino en la comunión con la voluntad de Dios Padre.

Desde la perspectiva de la DSI, esto implica:

  1. Fraternidad Universal: Todos los seres humanos, por hacer la voluntad del Padre (que incluye el amor al prójimo) o por estar llamados a ello, son hermanos y hermanas. Este es el principio que rompe toda barrera de raza, nación, cultura o condición social. La DSI insiste en que la sociedad debe estructurarse reconociendo esta dignidad y fraternidad común.
  2. La Familia como «Iglesia Doméstica»: La familia natural, lejos de ser negada, encuentra su modelo y su misión más profunda en este pasaje. Está llamada a ser la primera escuela donde se aprende a hacer la voluntad de Dios y a vivir la fraternidad, para luego proyectarla en la sociedad.
  3. Primacía del Bien Común: Hacer la voluntad del Padre, que es amor, justicia y misericordia, es el criterio para pertenecer a esta familia. Esto impulsa a los cristianos a trabajar por el bien común, construyendo una sociedad donde las relaciones se basen en la solidaridad y la búsqueda del bien de todos, especialmente de los más necesitados.

En resumen, este pasaje subraya que la base de la comunidad humana y de toda doctrina social cristiana es la común filiación divina y la adhesión a la voluntad de Dios, que nos hace una única familia.

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