MEMORIA DE SAN FRANCISCO JAVIER, Presbítero
Mateo 15, 29-37
Del santo Evangelio según san Mateo 15, 29-37
En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea,
subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: “Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino”. Los discípulos le preguntaron: “¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?” Jesús les preguntó: “¿Cuántos panes tienen?” Ellos contestaron: “Siete, y unos cuantos pescados”.
Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado. Palabra del Señor.
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Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Este pasaje evangélico ilustra principios centrales de la DSI:
- Opción preferencial por los pobres y enfermos: Jesús atiende primero a los más vulnerables (cojos, ciegos, lisiados). La DSI insiste en que la sociedad debe priorizar a quienes sufren necesidades físicas, materiales o sociales.
- Compasión y responsabilidad comunitaria: Jesús no solo cura, sino que se preocupa por el hambre de la multitud. La DSI promueve una solidaridad activa que va más allá de la caridad puntual, buscando soluciones estructurales para el bien común.
- Destino universal de los bienes: El milagro de la multiplicación muestra que, cuando los recursos se comparten con gratitud y confianza en Dios, hay abundancia para todos. La DSI enseña que los bienes de la creación están destinados a toda la humanidad, y llama a superar la lógica de la acumulación egoísta.
- Participación y corresponsabilidad: Jesús involucra a los discípulos en la distribución. La DSI enfatiza que todos deben ser actores en la construcción de una sociedad más justa, promoviendo la participación y la subsidiariedad.
- El hambre como urgencia moral: Jesús actúa ante el hambre inmediato. La DSI recuerda que erradicar el hambre es un imperativo moral y una expresión concreta de la justicia social.
En resumen, este texto inspira a la Iglesia a trabajar por una sociedad donde la dignidad de cada persona sea protegida, especialmente mediante la atención a los más necesitados y la promoción de estructuras que aseguren el acceso a los bienes básicos para todos.
