Mateo 7, 21. 24-27
SAN JUAN DAMASCENO Presbítero y Doctor de la Iglesia
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 21. 24-27
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
Parabola de los dos cimientos
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobrearena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente”. Palabra del Señor.
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Perspectiva social de la Iglesia
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje subraya dos principios fundamentales aplicables a la vida comunitaria:
- La fe auténtica se manifiesta en obras: La mera invocación religiosa (el «Señor, Señor») no basta; es necesario poner en práctica la voluntad de Dios, que incluye la justicia, la solidaridad, el amor al prójimo y la opción preferencial por los pobres (cf. Mt 25:31-46). Una fe sin obras es «fe muerta» (Santiago 2:17).
- Construir la sociedad sobre cimientos sólidos:
· La «casa sobre roca» simboliza una sociedad construida sobre los valores del Evangelio: la verdad, la dignidad humana, el bien común y la justicia. Las crisis (tempestades) podrán venir, pero una comunidad fundada en estos principios resistirá y mantendrá su cohesión.
· La «casa sobre arena» representa una sociedad basada en el individualismo, el materialismo, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno o la corrupción. Estas estructuras son frágiles y ante las crisis (económicas, sociales, morales) se derrumban, causando mayor dolor y exclusión.
Conclusión
Para la Iglesia, este pasaje es una llamada a la coherencia y a la responsabilidad social. No se trata solo de creer, sino de actuar conforme al Evangelio, construyendo comunidades y sociedades más justas y solidarias. La verdadera adhesión a Cristo se demuestra en el compromiso concreto por transformar el mundo según la voluntad del Padre, especialmente en la defensa de los más vulnerables. Esta es la «roca» que asegura una vida personal y social con sentido y resiliencia ante las adversidades.
