EVANGELIO DEL DÍA 26 DE DICIEMBRE DE 2025

Del santo Evangelio según san Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque, en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre, a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin se salvará”. Palabra del Señor.

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Este pasaje evangélico, en el que Jesús advierte a sus discípulos sobre la persecución por anunciar el Evangelio, ilumina dos principios fundamentales de la DSI:

  1. El testimonio de la verdad y la dignidad de la persona:
    Jesús envía a sus discípulos a dar testimonio, incluso ante las autoridades. La DSI retoma esta misión, recordando que la Iglesia debe pronunciarse ante las injusticias y defender la dignidad de toda persona, especialmente de los perseguidos, los pobres y los marginados. El anuncio del Evangelio implica necesariamente un compromiso por la justicia y la verdad en la sociedad, aunque eso conlleve incomprensión u oposición.
  2. La opción preferencial por los pobres y los perseguidos:
    El texto muestra que el seguimiento de Cristo puede llevar al rechazo social e incluso a la persecución. La DSI aplica este principio solidarizándose con quienes sufren por causa de la justicia, denunciando las estructuras de pecado que generan opresión, y promoviendo una sociedad donde la caridad y la verdad sean el fundamento de las relaciones humanas. La perseverancia en el bien, aun en medio de la hostilidad, es un camino de salvación que transforma el mundo desde el amor.

En resumen, este pasaje subraya que el discípulo misionero, guiado por el Espíritu, está llamado a ser levadura de justicia y paz en medio de las contradicciones del mundo, confiando en que la fidelidad al Evangelio —aunque cueste— construye el Reino de Dios aquí y ahora.

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