EVANGELIO DEL DÍA 27 DE DICIEMBRE DE 2025

Del santo Evangelio según san Juan 20, 2-9

El primer día después del sábado, María Magdalena vino corriendo a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor.

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Este pasaje, que muestra el descubrimiento del sepulcro vacío y el inicio de la fe en la Resurrección, puede iluminar dos principios fundamentales de la DSI:

  1. La dignidad de la persona humana y su destino trascendente: La Resurrección de Cristo es la base de la dignidad única e inviolable de cada persona, redimida y llamada a la vida eterna. La DSI insiste en que toda organización social, económica o política debe respetar y promover esta dignidad, que va más allá de la dimensión material.
  2. La verdad como fundamento de la justicia: Los discípulos, al encontrar los lienzos y el sudario, se enfrentan a un hecho (el sepulcro vacío) que los lleva a la verdad (la Resurrección). La DSI enseña que la búsqueda de la verdad es esencial para construir una sociedad justa y auténtica. No se puede edificar el bien común sobre el error, la mentira o la ideología, sino sobre la realidad objetiva, que incluye la dimensión espiritual del ser humano.

Conclusión: La fe en la Resurrección, que nace de un encuentro con los signos concretos de la victoria de Cristo, fortalece el compromiso del cristiano por promover una sociedad que reconozca la dignidad trascendente de cada persona y se esfuerce por construir el bien común sobre el fundamento de la verdad.