EVANGELIO DEL DÍA 03 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo Evangelio según san Juan

Juan 1,29-34

Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel».

Entonces Juan dio este testimonio: «Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

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Este pasaje, donde Juan el Bautista señala a Jesús como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, ofrece una base teológica profunda para la DSI:

  1. El pecado tiene una dimensión estructural y global.
    Jesús no viene solo a quitar los pecados individuales, sino “el pecado del mundo”. Esto incluye las estructuras de injusticia, las dinámicas de opresión, el egoísmo colectivo y todo aquello que daña la comunión humana y con Dios. La misión redentora de Cristo alcanza, por tanto, las raíces sociales del mal. La DSI es un instrumento de la Iglesia para analizar y proponer la transformación de esas estructuras de pecado a la luz del Evangelio.
  2. La dignidad de la persona revelada en Cristo.
    El testimonio de Juan culmina proclamando: “Este es el Hijo de Dios” (v.34). La humanidad entera recibe una nueva luz sobre su propia dignidad: si el Hijo de Dios se hizo hombre, toda persona humana posee una dignidad infinita y es amada por el Padre. Este es el fundamento último de los derechos humanos y del principio del bien común en la DSI. Toda violación de la dignidad humana es, en el fondo, una ofensa a Cristo, el Cordero que se ofreció por todos.
  3. La misión de la Iglesia: testimonio y servicio.
    Juan el Bautista cumple su rol como testigo (“yo lo he visto y doy testimonio”). Anuncia a Jesús y señala su identidad y misión. De modo análogo, la DSI es parte del testimonio de la Iglesia en el mundo. Su tarea es “señalar” a Cristo y su Reino como la respuesta definitiva a la sed de justicia y paz de la humanidad, y promover una sociedad a la medida del hombre redimido.

Conclusión breve:
La proclamación del “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” nos revela que la redención de Cristo es universal y transformadora. La DSI, inspirada en esta verdad, nos llama a reconocer y combatir el “pecado del mundo” en sus formas sociales, económicas y políticas, siempre partiendo de la verdad sobre el hombre revelada en el Hijo de Dios, y trabajando por construir una civilización del amor y la justicia.

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