EVANGELIO DEL DÍA 13 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 1, 21b-28

En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado

fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. Palabra del Señor.

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El pasaje muestra a Jesús ejerciendo su autoridad no solo en la enseñanza, sino también liberando a una persona oprimida (el endemoniado) en un espacio comunitario (la sinagoga). Desde la DSI, esto puede iluminar dos aspectos clave:

  1. La dignidad de la persona y la liberación integral:
    La DSI insiste en que la persona humana, creada a imagen de Dios, debe ser respetada en su integridad física, espiritual y social. Jesús no solo enseña, sino que restaura la dignidad del hombre poseído, liberándolo de aquello que lo deshumanizaba y excluía de la comunidad. La misión de la Iglesia incluye promover condiciones sociales que permitan a cada persona vivir con dignidad, libre de “espíritus impuros” modernos como la injusticia, la miseria o la opresión.
  2. Autoridad como servicio:
    Jesús enseña “con autoridad”, pero esa autoridad no es dominación, sino servicio liberador. Para la DSI, toda autoridad en la sociedad debe ejercerse como servicio al bien común, nunca como imposición arbitraria. El poder debe usarse para proteger a los más débiles y restaurar la justicia, reflejando la autoridad compasiva de Cristo.

Conclusión

El pasaje, leído desde la DSI, recuerda que el anuncio del Reino de Dios tiene consecuencias sociales: implica defender la dignidad de cada persona, especialmente de las más marginadas, y ejercer la autoridad —también en los ámbitos políticos, económicos y culturales— como un servicio que libera y humaniza. La fama de Jesús “se extendió por toda la región” porque su palabra se hacía vida concreta en la liberación de un hermano. Así, la fe se manifiesta en la transformación de las realidades que alienan al ser humano.

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