Marcos 1, 40-45
Feria o Misa de la Sagrada Eucaristía
Del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “¡Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes. Palabra del Señor.
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Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)
Este encuentro de Jesús con el leproso es profundamente significativo para la DSI, ya que ilustra dos principios fundamentales:
- La dignidad humana supera todo estigma social:
La lepra en el mundo bíblico no solo era una enfermedad física, sino una causa de exclusión social, religiosa y legal. El leproso vivía marginado, fuera de la comunidad. Jesús, «compadecido», lo toca. Este gesto rompe la barrera legal y simbólica de la impureza, afirmando que la dignidad de la persona es anterior a cualquier condición social o de salud. La DSI insiste en que la sociedad debe construir estructuras de inclusión que protejan a los más vulnerables y reintegren a quienes son marginados, reconociendo en cada rostro la imagen de Dios. - La reinserción comunitaria como parte integral de la curación:
Jesús no solo cura al hombre, sino que le ordena cumplir el ritual establecido («preséntate al sacerdote… para que les conste»). Este mandato busca restaurar su lugar en la comunidad religiosa y civil, validando socialmente su curación. Para la DSI, la justicia social no se limita a aliviar el sufrimiento individual, sino que debe trabajar por la reintegración plena de las personas, eliminando las barreras legales, económicas y culturales que perpetúan la exclusión.
Conclusión
El pasaje muestra que la compasión de Cristo es activa y transformadora: sana el cuerpo, toca al intocable y lo reintegra en la sociedad. Desde la DSI, la Iglesia está llamada a imitar este modelo: no solo a servir a los marginados, sino a desafiar activamente los sistemas y prejuicios que los marginan, trabajando por una sociedad donde cada persona pueda participar plenamente en la vida comunitaria. La curación del leproso es un signo del Reino de Dios, donde no hay excluidos.
