EVANGELIO DEL DÍA 21 DE ENERO DE 2026

Del santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: “Levántate y ponte allí en medio”.

Después les preguntó: “¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?” Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: “Extiende tu mano”. La extendió, y su mano quedó sana.

Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús. Palabra del Señor.

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Este pasaje ilustra dos principios fundamentales de la DSI:

  1. Primacía de la persona humana y su dignidad: Jesús prioriza el bienestar integral del hombre (la curación) sobre normas rituales o interpretaciones rígidas de la ley. La DSI insiste en que toda institución, ley o estructura social debe estar al servicio de la persona y su dignidad, no al revés. El ser humano no está hecho para el sábado, sino el sábado para el ser humano (cf. Mc 2,27).
  2. El bien común frente al legalismo: Los fariseos, aferrados al legalismo, pierden de vista el sentido profundo de la ley: promover el bien y la vida. La DSI enseña que las leyes y estructuras sociales deben buscar el bien común, que incluye condiciones que permitan a cada persona su realización integral. Cuando una norma se vuelve un fin en sí misma y se usa para oprimir o excluir, contradice su propósito.

Jesús muestra «enojo y tristeza» ante la dureza de corazón que privilegia la norma sobre el bien concreto de una persona. Desde la DSI, esto invita a examinar si nuestras estructuras sociales, económicas o políticas se convierten en ídolos que olvidan a la persona concreta, especialmente a los más frágiles.

La reacción de los fariseos y herodianos (buscar cómo destruir a Jesús) refleja cómo los sistemas que ponen el poder o la tradición por encima de las personas pueden volverse ciegos e incluso violentos. La DSI llama a una conversión social que ponga en el centro la defensa de la vida y la dignidad humana, especialmente cuando están amenazadas.

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