EVANGELIO DEL DÍA 26 DE ENERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Marcos 

Marcos 3, 22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.

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Este pasaje, donde Jesús es acusado de actuar con el poder del Mal, no trata directamente sobre estructuras sociales, pero su lógica ilumina principios profundos de la DSI:

  1. Unidad y bien común frente a la división:
    Jesús argumenta que un reino o una casa divididos no pueden subsistir (vv. 24-25). La DSI aplica este principio a la comunidad humana: la división, la polarización y la calumnia destruyen el tejido social. La acusación infundada de los escribas es un acto de división que busca desacreditar el bien que Jesús hace. La DSI promueve la unidad, el diálogo y la verdad como bases para una sociedad justa.
  2. Reconocer y no tergiversar el bien:
    La acusación de que Jesús actúa con el poder de Satanás es una perversión moral: llamar «mal» al bien evidente (la liberación de los oprimidos por los demonios). La DSI advierte que cuando una sociedad sistematiza la mentira o desprecia las obras de justicia y misericordia, cierra el camino al bien común. La blasfemia contra el Espíritu Santo (v. 29) se interpreta en la tradición como la negación obstinada de la acción de Dios en el mundo, incluso cuando se manifiesta claramente. En lo social, esto se traduce como rechazar la verdad, la reconciliación y la gracia que pueden sanar las estructuras injustas.
  3. El «fuerte» atado: la lucha contra el mal estructural:
    Jesús se presenta como quien ata al fuerte (Satanás) para liberar a los cautivos (v. 27). La DSI ve aquí el fundamento de la lucha contra el mal estructural (pobreza, injusticia, corrupción). La transformación social exige «atar» las fuerzas del mal —las estructuras de pecado— para «saquear su casa», es decir, rescatar a la humanidad para una vida digna.
  4. La importancia de la intencionalidad y la calumnia:
    La actitud de los escribas no es un error honesto, sino una calumnia consciente para proteger su poder e influencia. La DSI insiste en que la integridad en la comunicación y el respeto a la verdad son esenciales para la convivencia. La difamación y la manipulación ideológica dañan profundamente la justicia social.

En síntesis: Marcos 3, 22-30 muestra que llamar «mal» al bien es una raíz de la injusticia social. La DSI, inspirándose en este pasaje, nos llama a:

· Buscar la unidad y rechazar las divisiones interesadas.
· Reconocer y promover el bien dondequiera que se realice, incluso fuera de nuestros grupos.
· Luchar contra las «fuerzas» del mal estructural con la fuerza del Espíritu.
· Defender la verdad como servicio a la comunidad, pues la calumnia y la ceguera voluntaria destruyen el perdón y la reconciliación posibles.