EVANGELIO DEL DÍA 01 DE FEBRERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

«Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos».

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Las Bienaventuranzas son el corazón y la brújula de la Doctrina Social de la Iglesia. No son solo una espiritualidad individual, sino un programa revolucionario para la construcción de la sociedad desde los criterios de Dios. La DSI las traduce en principios y acciones concretas:

  1. Opción preferencial por los pobres: Las Bienaventuranzas comienzan proclamando dichosos a los «pobres de espíritu» y a los que «tienen hambre y sed de justicia». Esto fundamenta el principio central de la DSI de la opción preferencial por los pobres y vulnerables. La sociedad debe estructurarse priorizando a quienes más sufren, buscando saciar su hambre de justicia y dignidad.
  2. La promesa activa del Reino: Cada Bienaventuranza promete un futuro de consuelo, heredad, saciedad y misericordia. La DSI entiende que esta promesa no es pasiva, sino que llama a los creyentes a ser constructores activos aquí y ahora de ese Reino. Los «pacíficos» (o «los que trabajan por la paz») son llamados hijos de Dios, lo que convierte la promoción de la paz y la justicia en una tarea esencial, que a menudo conlleva persecución (última Bienaventuranza).
  3. Un modelo de persona y sociedad nuevo: Las Bienaventuranzas presentan un antiprograma frente a los valores del mundo (poder, riqueza, autosuficiencia). Exaltan la misericordia, la pureza de corazón, la mansedumbre y la lucha pacífica por la justicia. La DSI propone este modelo como fundamento para una ética social que ponga a la persona en su integridad y dignidad en el centro, fomentando relaciones de solidaridad y comunión.

En resumen: Las Bienaventuranzas son la carta magna de la DSI. Le dan su alma y su destino: una sociedad que se juzga por cómo trata a sus miembros más débiles y por su compromiso con la justicia y la paz, confiando en la felicidad prometida por Dios a quienes viven según este camino.