EVANGELIO DEL DÍA 08 DE FEBRERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos».

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Este pasaje funda la misión pública y transformadora del cristiano en la sociedad, según la DSI:

  1. Sal de la tierra: La sal preserva y da sabor. El discípulo está llamado a ser un fermento en las realidades terrenas (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 43), preservando la sociedad de la corrupción moral y estructural, e impregnando de los valores del Evangelio la vida económica, social y política. La sal actúa desde dentro, lo que exige una presencia activa, no una separación del mundo.
  2. Luz del mundo: La luz revela, guía y disipa las tinieblas de la injusticia. La DSI subraya que la fe debe iluminar la razón en la búsqueda del bien común (Caritas in veritate, 1). Las buenas obras que deben verse son el compromiso con la justicia, la paz, la dignidad humana y la opción preferencial por los pobres (Deus caritas est, 28-29). Esta acción social es testimonio público que apunta al Padre, no a la autoglorificación.

En síntesis, la identidad cristiana tiene una dimensión social ineludible. La DSI recoge esta imagen para exhortar a los fieles a comprometerse en la construcción de un orden más justo, siendo testigos creíbles y agentes de cambio desde dentro de la sociedad, siempre para gloria de Dios y servicio a los hermanos.

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