Lucas 9, 22-25
Jueves después de ceniza
Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.
Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga.
Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?”
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Perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia
Este pasaje evangélico establece la lógica del don y del servicio que la DSI aplica a la vida social. La invitación de Jesús a «perder la vida» para salvarla se traduce, en clave social, en el principio del destino universal de los bienes y la primacía de la persona sobre las cosas.
- Ganar el mundo entero vs. el bien común: Jesús advierte sobre el peligro de querer «ganar el mundo entero» a costa de uno mismo. La DSI denuncia aquí el riesgo del capitalismo desenfrenado o el consumismo, donde la persona humana es aplastada por la obsesión de tener, acumular o producir, perdiendo de vista su dignidad y su fin trascendente.
- La cruz social: «Tomar la cruz cada día» también implica asumir la responsabilidad por las injusticias del mundo. Los cristianos están llamados a «perder» su comodidad, su tiempo o sus intereses para levantar al caído, defender al pobre y luchar por estructuras más justas. Es la lógica del amor solidario, que no busca el beneficio propio, sino el bien de los demás, especialmente de los más vulnerables.
- La autorrealización en el amor: La paradoja de «perder la vida para salvarla» se refleja en el principio del bien común. La persona no se realiza encerrada en sí misma (individualismo), sino entregándose a los demás. Una sociedad que fomenta el «salvarse a uno mismo» a cualquier precio construye sobre arena; en cambio, la que promueve el servicio mutuo edifica sobre la roca de la dignidad humana.
En resumen, Lucas 9, 22-25 nos recuerda que el desarrollo auténtico no consiste en una acumulación infinita (ganar el mundo), sino en la capacidad de darse, asumiendo las cruces sociales de nuestro tiempo para construir el Reino de Dios aquí y ahora.
