EVANGELIO DEL DÍA 26 DE FEBRERO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo 

Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abre.

¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas”.

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La DSI recoge este mandamiento evangélico y lo traduce en principios para construir una sociedad justa y fraterna. Desde esta perspectiva, Mateo 7,7-12 ilumina y se refleja en los siguientes pilares:

· Dignidad de la Persona Humana: El fundamento de «no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti» (y su versión positiva) es el reconocimiento de que cada persona posee una dignidad inalienable por ser hija de Dios . Si deseamos que respeten nuestra vida, nuestra libertad y nuestros derechos, estamos llamados a garantizar los mismos bienes para los demás, especialmente para los más vulnerables .
· Bien Común y Destino Universal de los Bienes: Cuando Jesús nos enseña a pedir y buscar, nos recuerda que los bienes de la tierra están destinados a todos. La DSI habla del «destino universal de los bienes» . La «regla de oro» impulsa a construir un bien común que supere los intereses particulares, creando las condiciones sociales para que todos puedan desarrollarse plenamente .
· Solidaridad: La solidaridad no es una simple compasión, sino la determinación firme de comprometerse por el bien común . Es la virtud que nos mueve a «hacer por los demás» lo que quisiéramos que hicieran por nosotros. Es la respuesta activa a las necesidades del prójimo, especialmente de los pobres y afligidos .

En resumen, Mateo 7,7-12 nos recuerda que la fe no es una realidad abstracta, sino que se encarna en las relaciones concretas. La Doctrina Social de la Iglesia toma esa semilla evangélica y desarrolla sus implicaciones para la vida económica, política y social, recordándonos que el amor al prójimo y la búsqueda de la justicia son caminos inseparables para construir el Reino de Dios aquí en la tierra.

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