EVANGELIO DEL DÍA 01 DE MARZO DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

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Este evangelio ilumina la acción social del cristiano de varias maneras:

  1. Una fe que se encarna: La experiencia de la montaña (la oración y el encuentro con Dios) existe para fortalecernos y enviarnos de regreso a la realidad cotidiana. La Doctrina Social de la Iglesia insiste en que la contemplación debe llevar a la acción. Pedro quería quedarse («¡qué bien se está aquí!»), pero Jesús lo conduce de vuelta donde están las multitudes que sufren . La verdadera espiritualidad no nos aleja del mundo, nos compromete más con él.
  2. Escuchar a Jesús en el rostro del hermano: El mandato del Padre («escúchenlo») nos orienta hacia Jesús, quien nos habla hoy en la Escritura, pero también en el clamor de los pobres y excluidos. Ignorar a los que sufren es, de algún modo, no escuchar a Jesús .
  3. La luz para los que sufren: El Papa Francisco aplicó este Evangelio a los jóvenes y a todos los que enfrentan la oscuridad, pidiendo orar por «todas las jóvenes víctimas de la violencia, la explotación y la guerra» . La luz de la Transfiguración es un mensaje de esperanza para quienes viven en situaciones de «muerte» social: Dios no los abandona, su gloria brillará. La misión de la Iglesia es ser reflejo de esa luz y consuelo en medio de las «travesías más oscuras» .

En definitiva, la Transfiguración nos enseña que la verdadera gloria de Dios no se revela en el aislamiento, sino en la entrega de la vida. Por eso, «escucharlo» significa seguirlo cuesta abajo, hacia el hermano que sufre, sin miedo.

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