Juan 10, 31-42
Viernes de la V semana de Cuaresma
CUANDO NO SE CELEBRA A NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 10, 31-42
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”
Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.
Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.
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Perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia
La Doctrina Social de la Iglesia lee este pasaje como una defensa de la libertad de conciencia, un alegato contra el fundamentalismo religioso y una lección sobre cómo la autoridad debe discernir la verdad más allá de los esquemas rígidos.
A. La libertad religiosa frente al poder coercitivo
Los adversarios de Jesús recurren a la violencia (las piedras) como respuesta a una afirmación que consideran blasfema. Jesús, en lugar de responder con fuerza, razona desde la Escritura y luego se retira.
· Perspectiva DSI: La Iglesia enseña que la verdad no se impone por la fuerza, sino por el testimonio y el diálogo racional. El Concilio Vaticano II (Dignitatis Humanae) afirma que la libertad religiosa es un derecho fundamental: nadie puede ser obligado a actuar contra su conciencia ni impedido para actuar conforme a ella. Jesús no se enfrenta violentamente al poder, pero tampoco se somete a su coerción injusta; se retira para preservar su misión.
B. La razón y la Escritura como mediadoras del bien común
Jesús apela a la propia Escritura de sus adversarios (Salmo 82) para demostrar que su afirmación no es blasfema según los criterios que ellos mismos aceptan. No desprecia la tradición, sino que la interpreta en su sentido pleno.
· Perspectiva DSI: En la construcción del bien común, el diálogo social requiere apelar a principios reconocibles y no imponer arbitrariamente las propias convicciones. Jesús enseña que incluso en contextos de confrontación religiosa, es posible (y necesario) argumentar desde aquello que la otra parte reconoce como válido. Este es un principio fundamental para la ciudadanía democrática y el pluralismo sano.
C. Las “obras” como criterio de credibilidad social
Jesús dice: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras” (vv. 37-38).
· Perspectiva DSI: La Doctrina Social subraya que la credibilidad del anuncio cristiano se juega en las obras de justicia y caridad. Una comunidad o una institución que dice representar a Dios debe ser creíble por su compromiso con el bien común, la defensa de los pobres y la transformación de las estructuras injustas. Las “obras” del Padre (dar vista al ciego, liberar al oprimido) son el criterio de autenticidad.
D. El retiro estratégico y la no violencia activa
Jesús se escapa de sus manos y se retira al otro lado del Jordán. No es huida por miedo, sino una decisión que preserva el tiempo de la misión y evita un enfrentamiento estéril.
· Perspectiva DSI: La enseñanza social de la Iglesia valora la resistencia no violenta y el discernimiento de los tiempos. No todo enfrentamiento directo es prudente ni evangélico. A veces, preservar la vida y la misión requiere apartarse del poder hostil para continuar sembrando desde otro lugar. En el otro lado del Jordán, “muchos creyeron en Él” (v. 42), mostrando que la fe no se impone desde el centro del poder, sino que brota en la periferia cuando el testimonio es auténtico.
Conclusión breve
Juan 10, 31-42 presenta a Jesús enfrentando la violencia religiosa con argumentación racional, apelación a las Escrituras y el testimonio de sus obras. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje fundamenta la libertad religiosa, el diálogo como método para la convivencia social, la credibilidad de las obras como criterio de autenticidad eclesial, y la prudencia que sabe preservar la misión sin ceder a la lógica del enfrentamiento violento. Jesús no responde con piedras, sino que se retira para que la verdad siga sembrándose allí donde hay corazones abiertos.
