EVANGELIO DEL DÍA 31 DE MARZO DE 2026

Del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, cuando Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió profundamente y declaró: “Yo les aseguro que uno de ustedes me va a entregar”. Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una seña y le

preguntó: “¿De quién lo dice?” Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar”. Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y tras el bocado, entró en él Satanás.

Jesús le dijo entonces a Judas: “Lo que tienes que hacer, hazlo pronto”. Pero ninguno de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.

Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán, pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden ir’ ”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde”.Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces”. Palabra del Señor.

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La DSI no es solo un tratado sobre estructuras políticas o económicas; es la reflexión de la fe sobre la vida en sociedad. Desde este pasaje, podemos extraer tres principios clave:

A. La crisis de la fraternidad y el “pecado social”

La traición de Judas y la negación de Pedro representan la fragilidad de la comunidad ante el egoísmo y el miedo.
Desde la DSI, el pecado social es aquel que daña la comunión. Judas rompe la fraternidad por codicia; Pedro la rompe por miedo al sufrimiento (autopreservación). Esto nos recuerda que las estructuras injustas nacen de corazones que, como Judas, prefieren el interés personal a la fidelidad a Cristo, o como Pedro, niegan la verdad para “salvarse” ante el poder del mundo.

B. La soberanía de Dios frente al poder del mal

Jesús dice: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre” justo en el momento en que el mal (la traición) parece triunfar.
La DSI enseña que, aunque la historia está marcada por tensiones y abusos de poder (como el que Pedro enfrentará al negar a Jesús), la soberanía última pertenece a Dios. La dignidad humana y el bien común no dependen del vaivén de los poderosos (el Sanedrín o Roma), sino de la fidelidad a Dios que se revela en la entrega. Jesús transforma un acto de traición en un acto de redención, enseñando que la verdadera justicia social nace del sacrificio, no de la imposición.

C. La ley nueva: el amor como fundamento social

Aunque en este fragmento solo se anuncia el mandamiento nuevo (que se explicita en Jn 13, 34-35, justo en medio del pasaje que usted señala), es el núcleo social del Evangelio.
En la DSI, el principio del bien común y la subsidiariedad solo funcionan si están regidos por la caridad social. Pedro fracasa porque aún confía en su propia fuerza (“daré mi vida por ti”), no en el amor que viene de Dios. La enseñanza social de la Iglesia sostiene que ninguna estructura política o económica es estable si no se fundamenta en el amor a la verdad y en el reconocimiento de la propia debilidad, que nos abre a la gracia.

Conclusión

Juan 13 muestra el colapso de la lealtad humana (Judas y Pedro) ante la hora de la verdad. Desde la Doctrina Social de la Iglesia, este pasaje advierte que la construcción de una sociedad justa no depende únicamente de pactos humanos o liderazgos carismáticos, sino de la capacidad de permanecer en la verdad del amor de Cristo, especialmente en las “horas oscuras” de la historia, donde la traición y la negación de los valores evangélicos amenazan la dignidad de las personas y la cohesión social.