Mateo 28, 1-10
SÁBADO SANTO
[Se suprime la Conmemoración de SAN ISIDORO Obispo y Doctor de la Iglesia]
Mateo 28, 1-10 (pasado al sepulcro y aparición)
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De repente hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.
El ángel dijo a las mujeres: «No tengan miedo; yo sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Vayan pronto a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí lo verán”. Ya se lo he dicho».
Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Alégrense!». Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y lo adoraron. Jesús les dijo: «No tengan miedo; vayan a decir a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia
a) La dignidad de la mujer y su rol protagónico
En un contexto cultural donde el testimonio femenino tenía poca validez jurídica, Mateo subraya que las primeras testigos de la resurrección son mujeres. La DSI insiste en que toda persona tiene una dignidad inalienable y que la mujer debe ser reconocida en su vocación y protagonismo en la Iglesia y la sociedad (cf. Mulieris Dignitatem, Juan Pablo II; Evangelium Vitae, 99).
b) La alegría como principio de acción social
El mensaje central del ángel y de Jesús es: «No teman» y «Alégrense». La Doctrina Social señala que el verdadero desarrollo humano nace de una esperanza que vence el miedo. La alegría pascual impulsa a los cristianos a construir una civilización del amor, superando estructuras de muerte y exclusión (cf. Gaudium et Spes, 38; Evangelii Gaudium, 1-8).
c) Misión y solidaridad
Las mujeres reciben un encargo comunitario: «Vayan a decir a mis hermanos». La DSI entiende que todo encuentro con Cristo resucitado se convierte en misión para construir el bien común. La fe no es privada; es un anuncio que genera fraternidad, especialmente hacia los débiles y los que han fracasado (los discípulos que habían huido).
d) La vida y la cultura del encuentro
El sepulcro vacío es signo de que la muerte no tiene la última palabra. En la enseñanza social de la Iglesia, esto se traduce en el compromiso por la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la defensa de los excluidos y la promoción de una cultura del encuentro que derriba las piedras de la injusticia y el miedo (cf. Fratelli Tutti, 1-8).
En síntesis: Mateo 28, 1-10 muestra que la resurrección no es un hecho aislado, sino el fundamento de una esperanza activa. Las mujeres —testigos de la nueva vida— encarnan el llamado de la Doctrina Social a ser constructores de fraternidad, con la alegría como motor para transformar las realidades de exclusión en encuentro y vida digna para todos.
