JUAN 20, 11- 18
OCTAVA DE PASCUA
[Se omite la Conmemoración de SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE, Presbítero]
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 20, 11-18
El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?» Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?» Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!» Ella se volvió y exclamó: «¡Rabuní!», que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ «.
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.
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Perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia
La Doctrina Social de la Iglesia no es solo un tratado de estructuras políticas o económicas; es fundamentalmente una reflexión sobre el ser humano, su dignidad y su vocación a la comunión. Desde este pasaje, se pueden iluminar tres principios clave de la DSI:
A. La Dignidad de la Mujer y el Protagonismo de los Excluidos
En el contexto cultural judío del siglo I, el testimonio de una mujer no tenía validez jurídica. Sin embargo, Jesús elige aparecer primero a María Magdalena, una mujer que había sido liberada de siete demonios (Lc 8,2), convirtiéndola en la “Apóstol de los Apóstoles”.
· Perspectiva DSI: La Iglesia defiende la dignidad inalienable de la mujer y su rol en la sociedad y en la Iglesia (cf. Mulieris Dignitatem, Juan Pablo II). Además, la DSI subraya el principio del bien común y la opción preferencial por los pobres y excluidos. Jesús rompe las barreras sociales (de género, de reputación) para confiar la misión más importante (el anuncio de la Resurrección) a quien había sido marginada.
B. El Trabajo y la Vocación Humana (El “Jardinero”)
María confunde a Jesús con el “jardinero” (el que cuida la tierra). Este malentendido tiene una profundidad teológica que la DSI recoge: el trabajo no es un mero castigo o una actividad mercantil, sino una participación en la obra creadora de Dios.
· Perspectiva DSI: En la doctrina social, el trabajo es un elemento fundamental para la realización de la persona (Laborem Exercens, 9). Jesús, resucitado, asume la apariencia de un trabajador de la tierra. Esto santifica el trabajo humano, recordando que en el Reino de Dios, la labor digna (como la jardinería, la pesca o la artesanía) es un lugar de encuentro con Cristo.
C. La Fraternidad Universal y la Nueva Familia Humana
Jesús le encarga: “Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre”.
· Perspectiva DSI: Este versículo es la piedra angular de la fraternidad. La DSI sostiene que todos los seres humanos, al ser creados por el mismo Padre y redimidos por Cristo, forman una sola familia. Este principio de fraternidad (muy presente en la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco) es el antídoto contra la indiferencia y la división social. El anuncio de María no es solo un dato teológico, sino la base para construir una sociedad donde se reconozca que todos compartimos el mismo origen divino y, por tanto, la misma dignidad.
Conclusión
Juan 20, 11-18 muestra que la resurrección no es un evento privado, sino el inicio de una misión social. María Magdalena pasa del llanto (símbolo de la desesperanza social y personal) al anuncio (símbolo del compromiso). Desde la Doctrina Social, este pasaje nos enseña que:
- Dios elige a los pequeños y marginados para transformar la historia.
- El trabajo humano es un ámbito privilegiado de encuentro con Cristo.
- La fe en la resurrección nos constituye como hermanos, obligándonos a construir una sociedad basada en el reconocimiento mutuo como hijos de un mismo Padre.
