EVANGELIO DEL DÍA 11 DE ABRIL DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Marcos 

Marcos 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.

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Perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia

  1. La dignidad de la mujer y los “pequeños” del Reino

El versículo 9 destaca que Jesús se apareció primero a María Magdalena, “de la que había expulsado siete demonios”. En el contexto cultural de la época, el testimonio de una mujer no tenía validez jurídica. Sin embargo, Jesús la elige como primera testigo de la resurrección. La DSI, especialmente desde el magisterio reciente, subraya la dignidad y el protagonismo de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, rechazando toda forma de discriminación que margine a quien, como María Magdalena, ha sido transformada por el encuentro con Cristo.

  1. La incredulidad como obstáculo social

El versículo 11 señala que los discípulos “no le creyeron” a María Magdalena. El versículo 14 añade que Jesús “les reprochó su incredulidad y su dureza de corazón, porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado”. Desde la DSI, la incredulidad ante el testimonio de los pobres, los sencillos o los que han experimentado la misericordia puede traducirse en una estructura social que desoye a los últimos. Escuchar a quienes viven en primera persona el sufrimiento y la transformación es condición para construir una sociedad justa.

  1. La misión como servicio al bien común

El mandato final —“Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda criatura” (v. 15)— es la base teológica de la dimensión evangelizadora de la Iglesia. La DSI entiende que proclamar el Evangelio a “toda criatura” implica también trabajar por estructuras sociales que respeten la vida, la dignidad y los derechos de todos, especialmente de los más vulnerables. No se trata solo de un anuncio verbal, sino de construir el bien común universal.

  1. La superación del individualismo

Los discípulos están “sentados a la mesa” (v. 14) cuando reciben el mandato. La mesa es un signo de comunidad. La misión no se da a personas aisladas, sino a un grupo que ha compartido la vida con Jesús. La DSI insiste en el principio de subsidiariedad articulado con la solidaridad: la acción social y evangelizadora parte de comunidades concretas (familia, parroquia, movimientos) y se proyecta hacia toda la humanidad, sin caer en un individualismo que desatienda la responsabilidad colectiva.

  1. Universalidad e inclusión

La expresión “a toda criatura” (v. 15) es radicalmente inclusiva. La DSI recoge esta universalidad en el principio del destino universal de los bienes y en la opción preferencial por los pobres. Proclamar a toda criatura significa que nadie queda fuera del amor de Dios ni de la responsabilidad social de los cristianos: los extranjeros, los no creyentes, los marginados, toda la creación.


Conclusión breve

En Marcos 16, 9-15, la Iglesia descubre que la resurrección se anuncia primero a través de quienes han sido sanados y transformados (María Magdalena), y que la incredulidad ante ellos es una forma de dureza de corazón que también se manifiesta en estructuras sociales excluyentes. El mandato de ir a “toda criatura” impulsa a la Doctrina Social de la Iglesia a trabajar por un orden social universal, inclusivo y fundado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, comenzando por los que el mundo considera indignos de credibilidad.