EVANGELIO DEL DÍA 12 DE ABRIL DE 2026

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 20, 19-31

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

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  1. El miedo y el encierro como antítesis de la misión social

Los discípulos estaban “con las puertas cerradas por miedo a los judíos” (v. 19). El miedo paraliza y lleva al repliegue individual y comunitario. Desde la DSI, el miedo puede traducirse en estructuras sociales cerradas, en exclusión del diferente, en falta de audacia para transformar realidades injustas. Jesús entra y trae la paz, rompiendo los miedos que encierran y abriendo a la comunidad a la misión.

  1. La paz como fundamento del bien común

Jesús dice dos veces: “La paz esté con ustedes” (v. 19, 21). La paz en la DSI no es mera ausencia de conflicto, sino fruto de la justicia y del perdón. Es el shalom bíblico: plenitud de vida, reconciliación, relaciones restauradas. El don de la paz es el presupuesto para cualquier construcción de bien común, porque una sociedad solo puede florecer cuando sus miembros viven en reconciliación y justicia.

  1. La misión como servicio a la fragilidad humana

Jesús muestra sus manos y su costado (v. 20). No resucita borrando las heridas, sino mostrándolas como signo de su amor hasta el extremo. Luego dice: “Como el Padre me envió, así también los envío yo” (v. 21). La DSI subraya que la misión de la Iglesia en el mundo consiste en identificarse con los que sufren. Las heridas de Cristo en la historia son las heridas de los pobres, los excluidos, las víctimas de la injusticia. La comunidad cristiana es enviada a estar allí donde duele el mundo.

  1. El poder de perdonar y la reconciliación social

Jesús sopla sobre ellos y dice: “Reciban al Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados” (v. 22-23). La DSI considera la reconciliación como un pilar para la convivencia social. Sin perdón y sin justicia, no hay posibilidad de construir paz duradera. El ministerio de la reconciliación no es solo individual, sino también comunitario y social: contribuye a sanar heridas históricas y a romper ciclos de violencia y venganza.

  1. La fe que nace de la comunidad y se hace compromiso

Tomás no estaba con ellos en la primera aparición (v. 24). Su incredulidad se resuelve en el encuentro comunitario de la segunda aparición, cuando Jesús lo invita a tocar sus llagas. Tomás no cree solo, sino en el seno de la comunidad reunida. Desde la DSI, la dimensión comunitaria de la fe es fundamental: las opciones por la justicia, la paz y el cuidado de los vulnerables no son actos aislados, sino que nacen de una comunidad que se deja interpelar por las heridas de Cristo presentes en los pobres.

  1. La vida abundante como horizonte social

El versículo 31 declara que lo escrito tiene como finalidad que “tengan vida en su nombre”. La DSI toma este horizonte de vida plena para todos como criterio de evaluación de las estructuras sociales. Toda economía, política o legislación debe ser juzgada por su capacidad de generar vida, especialmente para los más pequeños y frágiles.


Conclusión breve

En Juan 20, 19-31, la comunidad cerrada por el miedo es transformada por el Resucitado que trae paz, muestra sus heridas y la envía a una misión de reconciliación. La Doctrina Social de la Iglesia ve aquí el modelo de una comunidad que, superando el miedo con el don de la paz, sale al encuentro de las fragilidades del mundo para anunciar que la vida plena es posible. Las heridas de Cristo —mostradas y tocadas— son las de los pobres de hoy, y la comunidad es enviada a perdonar, reconciliar y construir una sociedad donde todos tengan vida en su nombre.