Coordinador:
Sr. Pbro. Manuel Jiménez H.

EQUIPO DIOCESANO DE PASTORAL DE PUEBLOS ORIGINARIOS Y AFROMEXICANOS DE LA ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA
Objetivo: dar a conocer la problemática de los pueblos originarios y afromexicanos en nuestra arquidiócesis, mediante el análisis de nuestra realidad, para que se atiendan lo mejor posible en su lugar de origen.
Objetivo: Visibilizar la presencia y la situación de los pueblos originarios y afromexicanos presentes en nuestra arquidiócesis, mediante el análisis comunitario de nuestra realidad pastoral, con el fin de impulsar una atención digna, contextualizada y fraterna desde nuestras iglesias locales, en comunión con sus culturas y espiritualidades.
VER CON LOS OJOS DEL PADRE
La migración de pueblos originarios hacia nuestras ciudades, incluida el Área Metropolitana de Guadalajara, ha crecido significativamente. Sin embargo, muchas personas con rasgos indígenas continúan enfrentando discriminación, rechazo y falta de respeto a su dignidad. Es urgente garantizar el respeto pleno a sus derechos humanos, reconociendo y valorando su cultura, sus lenguas y su religiosidad popular como expresiones vivas de fe y resistencia.
Algunos de los pueblos originarios con presencia en nuestra arquidiócesis se encuentran los purépechas, mixtecos, zoques, triquis, otomíes, mazahuas, tzotziles, tzeltales, nahuas (de Guerrero e Hidalgo), choles, zapotecos, entre otros.
JUZGAR CON LOS CRITERIOS DEL HIJO
«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto…» (Mateo 2,13)
La Sagrada Familia fue forzada a migrar, a dejar su tierra por amenazas de muerte. En ese gesto de huida, Dios se hace cercano a todos los que son desplazados, perseguidos o despojados. Hoy, nuestros pueblos originarios y afromexicanos también se ven obligados a abandonar sus territorios ancestrales, empujados por presiones económicas, sociales y políticas que vulneran su derecho a vivir con dignidad en sus tierras.
Las ciudades, como en aquel tiempo Egipto, se convierten en refugio. Pero este refugio no siempre es acogida. Muchos siguen enfrentando discriminación, invisibilización y despojo cultural. Juzgar con los criterios del Hijo implica mirar esta realidad con compasión activa, reconociendo en cada rostro indígena y afromexicano el rostro del Niño perseguido, y en cada comunidad desplazada, una nueva Nazaret que espera ser reconocida, respetada y acompañada.
ACTUAR BAJO EL IMPULSO DEL ESPÍRITU SANTO
El Espíritu Santo nos llama a reconocer, acoger y acompañar a los pueblos originarios y afromexicanos que habitan en nuestra arquidiócesis. En el norte de Jalisco viven comunidades wixáricas (huicholes); en el Área Metropolitana de Guadalajara encontramos otomís, triquis, purépechas y mixtecos; y en diversas ciudades de la arquidiócesis también hay presencia de zapotecos y tzotziles, entre otros. Estas hermanas y hermanos vienen en busca de una vida digna y de un encuentro profundo con Cristo, y nuestra respuesta no puede ser el rechazo, sino la hospitalidad evangélica.
En México persiste una discriminación estructural hacia quienes se identifican como indígenas o pertenecientes a pueblos originarios. Palabras como “indio” o “india” siguen cargadas de prejuicio, asociadas injustamente con pobreza o ignorancia. Frente a esta realidad, en la arquidiócesis queremos acompañar desde la pastoral a los pueblos originarios y afromexicanos para transformar esa mirada, promoviendo el respeto, la inclusión y el reconocimiento pleno de sus derechos.
Desde la fe, estas comunidades son predilectas de Jesús. Su historia, su espiritualidad y su resistencia están en el corazón de nuestra Iglesia Madre, que los contempla con ternura, compromiso y esperanza. Actuar bajo el impulso del Espíritu Santo es caminar junto a ellos, aprender de su sabiduría y construir juntos una Iglesia más justa, intercultural y fraterna.