EVANGELIO DEL DÍA 11 DE NOVIEMBRE DE 2025

Del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú’? ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ “. Palabra del Señor.

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La DSI no lee este pasaje como una justificación para la explotación laboral o relaciones serviles injustas. Al contrario, lo interpreta a la luz de la dignidad del trabajo y la gratuidad.

  1. El Trabajo como Deber y Participación: El siervo que ara y pastorea realiza un trabajo que es parte de su deber. La DSI ve el trabajo humano como una participación en la obra creadora de Dios (Gaudium et Spes, 34). Cumplir con nuestro deber en la sociedad (en el trabajo, la familia, la comunidad) es nuestra contribución al bien común. No es un favor extraordinario, sino una obligación moral y social.
  2. Contra la «Cultura del Descarte» y la Meritocracia Extrema: El mensaje de «siervos inútiles» es un fuerte correctivo contra el orgullo y la autosuficiencia. En el contexto social actual, la DSI lo aplicaría para cuestionar:
    · La meritocracia radical: La idea de que nuestros éxitos son solo fruto de nuestro esfuerzo y que nos convierten en «merecedores» de todo, olvidando que vivimos de dones recibidos (la vida, la creación, la gracia) y del trabajo de innumerables personas en la sociedad.
    · La cultura del descarte: Si nos consideramos «autosuficientes», fácilmente podemos despreciar a quienes consideramos «improductivos» o «inútiles» (ancianos, enfermos, pobres). Este pasaje nos recuerda que nuestra valía no depende de nuestra «utilidad» productiva.
  3. Gratuidad y Solidaridad: La actitud final del siervo («lo que debíamos hacer, hicimos») fomenta una ética del servicio desinteresado. La DSI promueve la gratuidad y la solidaridad como principios esenciales para una sociedad sana. Hacemos el bien no para ser alabados o recompensados, sino porque es lo correcto y contribuye al bien de todos. Es la base del amor al prójimo como principio social.

En resumen: Lucas 17:7-10, desde la DSI, nos enseña:

· Humildad Social: Reconoce que cumplir con nuestro deber en el mundo es lo mínimo esperado. Nos previene del orgullo individualista.
· Gratuidad: Nuestra actitud en el trabajo y el servicio debe estar marcada por la gratuidad, no por la búsqueda de reconocimiento.
· Fundamento de la Dignidad: Nuestra dignidad no se gana por nuestros logros («utilidad»), sino que es inherente por ser hijos de Dios. Esto protege a los más vulnerables de ser considerados «inútiles» por la lógica del mundo.

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