Juan 20, 1-9
DOMINGO DE PASCUA, SOLEMNIDAD DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR
[Se suprime la Conmemoración de SAN VICENTE FERRER, Presbítero]
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 20, 1-9
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
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El sepulcro vacío: el fundamento de una nueva sociedad
El evangelio según San Juan (20, 1-9) nos sitúa en el alba del primer día de la semana, ante un sepulcro vacío. La escena es, en apariencia, íntima y personal: María Magdalena descubre la piedra corrida, corre a avisar a Pedro y al discípulo amado, quienes compiten en una carrera hacia el sepulcro. El texto culmina con la contemplación de las vendas y el sudario ordenados, y el gesto del discípulo amado que «vio y creyó» .
Sin embargo, este relato que narra el origen de la fe pascual encierra una profunda clave social. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos enseña que los principios para una sociedad justa no son meras construcciones humanas, sino que brotan del encuentro con Cristo resucitado. Este pasaje nos ofrece, precisamente, el fundamento teológico de toda la doctrina social: la dignidad humana y la solidaridad como respuesta a un Dios que hace nuevas todas las cosas .
- La dignidad humana: el valor que la muerte no pudo anular
El principio fundamental de la DSI es que la persona humana posee una dignidad incomparable por ser creada a imagen de Dios . Esta dignidad alcanza su máxima revelación en el sepulcro vacío.
La piedra removida no solo muestra un hecho milagroso, sino que es el signo de que la muerte y el pecado han perdido su poder definitivo sobre el ser humano . Cuando los discípulos ven las vendas ordenadas, no encuentran un cadáver; descubren que Aquel que fue víctima de la más grande injusticia histórica —la ejecución de un inocente— ha sido vindicado por el Padre. Para la Doctrina Social, esto implica que la dignidad del hombre no puede ser suprimida por ningún sistema opresor, injusticia o ideología .
- La solidaridad: correr hacia el hermano
La Doctrina Social define la solidaridad como el compromiso firme por el bien del prójimo . En el texto de Juan, vemos que la fe no comienza como una experiencia aislada, sino como un movimiento comunitario.
· María Magdalena no guarda el secreto para sí; «corre» a comunicar la anomalía del sepulcro a los apóstoles, convirtiéndose en mensajera.
· Pedro y Juan «salieron y fueron hacia el sepulcro» .
La DSI nos recuerda que los bienes de la tierra están destinados a todos y que el camino hacia el bien común es siempre compartido . La Iglesia, como «Iglesia en salida», está llamada a imitar esta dinámica: ante el misterio de Dios o ante las heridas del mundo, los cristianos no pueden quedarse en casa; están llamados a correr hacia los demás, especialmente hacia los pobres y excluidos .
- Ver y creer: el principio de realidad
El texto señala que hasta ese momento «no habían entendido la Escritura: que él debía resucitar de entre los muertos» . Sin embargo, el discípulo amado «vio y creyó».
Para la Doctrina Social, la fe no es una evasión de la realidad, sino una forma de mirarla con mayor profundidad. Los «principios de reflexión» de la DSI —como la subsidiariedad y el destino universal de los bienes— no son ideologías abstractas, sino herramientas para leer los «signos de los tiempos» . Así como el discípulo interpretó las vendas vacías como señal de vida, los cristianos están llamados a ver en medio de las crisis sociales la posibilidad de un orden nuevo fundado en la fraternidad .
Conclusión
La Doctrina Social de la Iglesia encuentra en Juan 20, 1-9 su fundamento más sólido. Si el sepulcro está vacío, significa que la muerte no tiene la última palabra sobre la historia humana. Por tanto, la lucha por la justicia, la defensa de la vida débil y la construcción del bien común no son esfuerzos vanos. Son, más bien, la prolongación de la esperanza pascual: la certeza de que en Cristo resucitado, la humanidad entera ha sido llamada a una vida nueva.
