EVANGELIO DEL DÍA 05 DE ABRIL DE 2026 opción b (Interpretación DSI)

El encuentro pascual: el origen de la misión social

El evangelio según San Mateo (28, 1-10) nos presenta la escena del sepulcro vacío con elementos únicos: un gran terremoto, la bajada del ángel del Señor, el miedo de los guardias y el encargo a las mujeres de anunciar la resurrección a los hermanos. Mientras que en Juan la atención se centra en la carrera de Pedro y Juan, Mateo enfatiza la dimensión cósmica y eclesial del acontecimiento.

Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), este pasaje ofrece claves fundamentales para entender la justicia social y la misión de la Iglesia en el mundo: la victoria sobre las estructuras de opresión, el papel de los «pequeños» como protagonistas del anuncio y la llamada universal a la fraternidad.

  1. El terremoto: la irrupción de la justicia de Dios

Mateo comienza con un «gran terremoto» (v. 2), un signo que en la tradición bíblica acompaña las teofanías y los grandes cambios de época. El ángel del Señor baja, remueve la piedra y se sienta sobre ella.

Este gesto tiene una profunda carga social: la piedra que sellaba el sepulcro representaba la pretensión de los poderes humanos (Roma, el Sanedrín) de silenciar definitivamente al Justo. Al removerla y sentarse sobre ella, el ángel muestra que el poder opresor ha sido vencido. Para la Doctrina Social, esto significa que ninguna estructura de pecado —como la injusticia económica, la exclusión o la violencia institucional— tiene la última palabra. La resurrección es la garantía de que Dios escucha el clamor de los pobres y oprimidos, y que su justicia restaura la dignidad que los sistemas injustos pretenden anular.

  1. El miedo de los guardias: la fragilidad del poder sin verdad

Mientras el ángel irradia luz, los guardias —representantes del poder imperial— «temblaron de miedo y quedaron como muertos» (v. 4). Mateo contrasta a quienes custodian el sepulcro por la fuerza con las mujeres que se acercan con fidelidad.

La Doctrina Social enseña que el poder que no se funda en la verdad y en el servicio termina paralizado ante el misterio de la vida. Por el contrario, la autoridad auténtica —como la que la Iglesia está llamada a ejercer en el mundo— nace del encuentro con el Resucitado y se expresa en la promoción del bien común, no en la imposición por el temor.

  1. Las mujeres: los «pobres de Yahvé» como sujetos de la misión

Mateo subraya que el anuncio de la resurrección es confiado a María Magdalena y a «la otra María» (v. 1). En el contexto social del siglo I, el testimonio de las mujeres no tenía validez jurídica plena. Sin embargo, Jesús las elige como las primeras mensajeras de la victoria pascual.

Aquí se manifiesta un principio central de la Doctrina Social: la opción preferencial por los pobres y los excluidos. Quienes son considerados «no aptos» por los criterios del mundo se convierten en pilares de la nueva humanidad. La DSI insiste en que los destinatarios privilegiados de la acción evangelizadora y social deben ser aquellos que la sociedad margina. Además, este pasaje muestra que las mujeres son protoganistas en la construcción del Reino, lo que fundamenta teológicamente la promoción de la igual dignidad y participación activa de la mujer en la vida social y eclesial.

  1. «No temáis… id a anunciar»: el envío a la fraternidad universal

El ángel dice a las mujeres: «No temáis. Ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, ha resucitado… Id enseguida a decir a sus discípulos» (vv. 5-7). Y luego, el mismo Jesús resucitado sale a su encuentro y reitera: «No temáis. Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (vv. 9-10).

La Doctrina Social subraya que la fe pascual no es una experiencia privada, sino que genera comunión y misión. Jesús no envía a las mujeres a quedarse en el sepulcro, sino a restablecer la comunidad dispersa («mis hermanos») y a señalar un lugar de encuentro: Galilea, el lugar de los comienzos, donde los discípulos fueron llamados por primera vez.

Este «irse» es la base de la dimensión social de la evangelización. La Iglesia no puede permanecer encerrada en sí misma; está llamada a salir al encuentro de todos, especialmente de los alejados, y a construir fraternidad. La DSI llama a esto cultura del encuentro: una sociedad que se funda no en el miedo ni en la exclusión, sino en el reconocimiento de que todos somos hermanos porque Cristo ha vencido a la muerte.

Conclusión

Mateo 28, 1-10, con su terremoto, sus guardias derribados, sus mujeres enviadas y su mandato de fraternidad, ofrece un fundamento bíblico sólido para la Doctrina Social de la Iglesia. Nos recuerda que la resurrección no es solo un dogma de fe, sino la certeza de que la justicia de Dios irrumpe en la historia, que los últimos son los primeros en recibir y anunciar la Buena Noticia, y que la misión de la Iglesia es construir una sociedad fraterna donde Cristo está presente. Como afirma el papa Francisco, «la resurrección no es algo que nos deje indiferentes; nos impulsa a ir, a salir, a compartir» (cf. Evangelii Gaudium, n. 21).

Three women reacting with shock to a man in white robes outside a stone tomb.
Tres mujeres reaccionan con asombro y admiración al encontrarse con Jesucristo resucitado fuera de su tumba.

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