♦ EVANGELIO DEL DÍA 13 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Obispo y Doctor de la Iglesia]

📖 LECTURA DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico

Eclesiastés 27, 33–28, 9

Perdona la ofensa a tu prójimo,
y así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados.
Si un hombre le guarda rencor a otro,
¿le puede acaso pedir la salud al Señor?

El que no tiene compasión de un semejante,
¿cómo pide perdón de sus pecados?
Cuando el hombre que guarda rencor
pide a Dios el perdón de sus pecados,
¿hallará quien interceda por él?

Piensa en tu fin y deja de odiar,
piensa en la corrupción del sepulcro
y guarda los mandamientos.

Ten presentes los mandamientos
y no guardes rencor a tu prójimo.
Recuerda la alianza del Altísimo
y pasa por alto las ofensas. Palabra de Dios.

🙏🏼 🙏🏼 🙏🏼 🙏🏼 🙏🏼

SALMO RESPONSORIAL del salmo 102
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios. R.
El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. R.
El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados. R.
Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor con quien lo ama. R.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Romanos 14, 7-9

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos. Palabra de Dios.

✝️ EVANGELIO DEL DÍA

Lectura del santo evangelio según san Mateo

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano’’. Palabra del Señor.

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El perdón, tema central de las lecturas de este domingo, tiene una profunda dimensión social en la Doctrina Social de la Iglesia. El Catecismo enseña que la misericordia y el perdón son condiciones para la paz social: «La paz no es solamente la ausencia de guerra… es la tranquilidad del orden» (CIC 2304), pero ese orden solo es posible cuando se rompe el ciclo de la venganza y el rencor.

Desde la perspectiva social, el perdón no es un acto privado que solo concierne a la vida interior. La Centesimus Annus y el magisterio de Juan Pablo II insisten en que «no basta la justicia, es necesario el perdón» para hacer habitable el mundo . En sociedades marcadas por conflictos históricos, divisiones políticas o violencias pasadas, la falta de perdón se convierte en una deuda social que se transmite de generación en generación, impidiendo la reconciliación y el desarrollo auténtico de los pueblos.

La parábola del siervo despiadado ilumina esta verdad: quien ha sido perdonado de una deuda impagable —el perdón de Dios— pero niega el perdón a quien le debe poco, revela una incoherencia que destruye la comunión. En términos sociales, esto se traduce en la exigencia de construir una «cultura del encuentro» donde el reconocimiento del otro, incluso del ofensor, prevalezca sobre la lógica del mérito y la retribución.

La Doctrina Social de la Iglesia vincula el perdón con la virtud de la solidaridad y la búsqueda del bien común. Una sociedad que no perdona se fragmenta en bandos que se cobran mutuamente sus deudas históricas. Una sociedad que perdona —sin negar la justicia, sino superándola en la misericordia— se abre a la posibilidad de la reconciliación y la paz verdadera.

Spanish illustrated lesson titled Mateo 18, 21-35: El deudor implacable