📿 Mateo 22, 1-10
XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
[Se omite la Memoria de SAN JUAN XXIII, Papa]
📖 LECTURA DEL DÍA
📃 Primera lectura
Lectura del libro de Isaías
Isaίas 25, 6-10
En aquel día, el Señor del universo
preparará sobre este monte
un festín con platillos suculentos
para todos los pueblos;
un banquete con vinos exquisitos
y manjares sustanciosos.
Él arrancará en este monte
el velo que cubre el rostro de todos los pueblos,
el paño que oscurece a todas las naciones.
Destruirá la muerte para siempre;
el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros
y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo.
Así lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá:
«Aquí está nuestro Dios,
de quien esperábamos que nos salvara.
Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae,
porque la mano del Señor reposará en este monte». Palabra de Dios.
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SALMO RESPONSORIAL del salmo 22
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.R.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.R.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes R.
📃 Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
Filipenses 4, 12-14. 19-20
Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho bien ustedes en socorrerme, cuando me vi en dificultades.
Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios.
✝️ EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 22, 1-10
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
[Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo tinieblas Allí será el lanto y la desesperación Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos»] | Palabra del Señor.
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Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia
El banquete del que habla Isaías está abierto a todos los pueblos, sin exclusiones. Esta universalidad del llamado es una clave de lectura para la Doctrina Social de la Iglesia: el destino universal de los bienes no es una concesión opcional, sino una exigencia de la dignidad igual de todos los seres humanos.
La parábola del Evangelio muestra que muchos de los primeramente invitados rechazan la invitación por apegarse a sus propios intereses —uno a su campo, otro a su negocio—. Eso interpela directamente nuestra relación con los bienes materiales: cuando la economía se desvincula de la moral, se vuelve incapaz de responder a la vocación integral de la persona humana. La indiferencia ante la llamada al banquete se parece a la indiferencia ante el sufrimiento del prójimo.
Al mismo tiempo, Pablo escribe desde la cárcel que ha aprendido a vivir en pobreza y abundancia, confiando en Aquel que le da fuerza. No se trata de idealizar la escasez, sino de una libertad interior que permite compartir y solidarizarse, como los filipenses hicieron con él.
La consecuencia práctica es clara: la Iglesia no solo denuncia la cultura del descarte y la concentración extrema de recursos que deja a muchos fuera del banquete de la vida digna. También propone una economía reconciliada con la persona, donde la riqueza sea compartida y orientada al servicio de todos, especialmente de los más pobres. El llamado es universal, pero exige una respuesta concreta: participar del banquete implica sentarse a la mesa con los que el mundo suele dejar fuera.
