A robed teacher addresses a crowd in an ancient village landscape

╬ EVANGELIO DEL DÍA 4 DE NOVIEMBRE DE 2026

Memoria,
SAN CARLOS BORROMEO, Obispo

📖 LECTURA DEL DÍA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses

Filipenses 2, 12-18

Queridos hermanos míos: Así como siempre me han obedecido cuando he estado presente entre ustedes, con mayor razón obedézcanme ahora que estoy ausente. Sigan trabajando por su salvación con humildad y temor de Dios, pues él es quien les da energía interior para que puedan querer y actuar conforme a su voluntad.

Háganlo todo sin quejas ni discusiones, para que sean ustedes hijos de Dios, irreprochables, sencillos y sin mancha, en medio de los hombres malos y perversos de este tiempo. Entre ellos brillarán como antorchas en el mundo, al presentarles las palabras de la vida. Así, el día de la venida de Cristo, yo me sentiré orgulloso al comprobar que mis esfuerzos y trabajos no han sido inútiles. Y aunque yo tuviera que derramar mi sangre para que ustedes siguieran ofreciendo a Dios la ofrenda sagrada de su vida de fe, me sentiría feliz y me regocijaría con todos ustedes. Y ustedes, por su parte, alégrense y regocíjense conmigo. Palabra de Dios.

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SALMO RESPONSORIAL del salmo 26, 1. 4. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? R.

Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia. R.

La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R.

✝️ EVANGELIO DEL DÍA

Lectura del santo evangelio según san Lucas

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo:

“Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”. Palabra del Señor.

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El Evangelio de hoy (Lucas 14, 25-33) presenta el discipulado como una decisión radical y consciente, que exige «calcular el costo» y poner a Cristo por encima de todo, incluidos los bienes materiales. Desde la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), esta exigencia de «renuncia» no debe interpretarse como desprecio del mundo, sino como desapego de los ídolos que impiden el servicio al Reino.

La DSI enseña que los bienes de la creación están destinados a todos (destino universal de los bienes) y que la propiedad privada tiene una función social. El «renunciar a todos los bienes» del versículo 33 interpela directamente a la solidaridad y a la opción preferencial por los pobres: no se puede ser discípulo de Cristo mientras se acumula sin compartir o se vive indiferente ante la injusticia.

Además, la primera lectura (Flp 2, 15: «brilláis como luceros en el mundo») se conecta con la misión de los laicos en la vida pública. La DSI insiste en que la fe no es privada: los cristianos están llamados a animar las realidades temporales (política, economía, trabajo) con el espíritu del Evangelio, construyendo estructuras más justas y fraternas, tal como lo recordaba recientemente el magisterio al hablar de la responsabilidad social y el cuidado de la casa común .

En resumen: el «cálculo del costo» que pide Jesús hoy se traduce, en clave social, en la coherencia de vida del cristiano, que debe traducir su fe en compromisos concretos por la justicia, la paz y la dignidad de cada persona.

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