Juan 6, 22-29
FERIA DE PASCUA
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 6, 22-29
Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste acá?» Jesús les contestó: «Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello».
Ellos le dijeron: «¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?» Respondió Jesús: «La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado».
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Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia
- Crítica al consumismo y la búsqueda de lo material
Jesús distingue entre el alimento que perece (bienes materiales, necesidades legítimas pero limitadas) y el alimento que perdura. La DSI advierte contra el materialismo y el reduccionismo económico que trata al ser humano solo como productor/consumidor (cf. Caritas in Veritate, n. 53). - El trabajo y su sentido trascendente
Jesús usa el verbo “trabajar” (ergazesthe) para el acto de fe. La DSI enseña que el trabajo no es solo para ganar el pan, sino para realizarse como persona y colaborar con Dios en la creación (Laborem Exercens, n. 6). La fe da sentido profundo al trabajo humano. - Prioridad del “alimento que no perece”
La justicia social no se agota en distribuir bienes terrenos; debe orientarse al bien integral de la persona, que incluye su vocación eterna. El desarrollo auténtico es el de todo el hombre y de todos los hombres (Populorum Progressio, n. 14). - La fe como “obra” principal
Ante la pregunta sobre qué obras agradan a Dios, Jesús responde: creer en el Enviado. Esto no niega las obras de justicia, sino que las fundamenta: sin fe, la acción social corre el riesgo de ser puro activismo o ideología. La caridad es el alma de la justicia social (Deus Caritas Est, n. 28).
En síntesis: Juan 6, 22-29 invita a no absolutizar los bienes materiales ni el trabajo como fin último, sino a integrar la fe como principio que da dirección plena a la lucha por un orden social justo.
