Mateo 9, 9-13
X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
📖 LECTURA DEL DÍA
PRIMERA LECTURA
Yo quiero amor y no sacrificios.]
Del libro del profeta Oseas 6, 3-6
Esforcémonos por conocer al Señor; tan cierta como la aurora es su aparición y su juicio surge como la luz; bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia de primavera que empapa la tierra.
«¿Qué voy a hacer contigo, Efraín? ¿Qué voy a hacer contigo, Judá? Tu amor es como nube mañanera, como rocío matinal que se evapora. Por eso los he azotado por medio de los profetas y les he dado muerte con mis palabras.
Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos». Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 49
R. Dios salva al que cumple su voluntad.
Habla el Dios de los dioses, el Señor, y convoca a cuantos moran en la tierra del oriente al poniente: «No voy a reclamarte sacrificios, ante mí están siempre tus ofrendas. R.
Si yo estuviera hambriento, nunca iría a decírtelo a ti, pues todo es mío. ¿O acaso yo como carne de toros y bebo sangre de cabritos? R.
Mejor ofrece a Dios tu gratitud y cumple tus promesas al Altísimo, pues yo te libraré cuando me invoques y tú me darás gloria, agradecido». R.
🙏🏼
SEGUNDA LECTURA
[Su fe se robusteció y dio con ello gloria a Dios. ]
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 4, 18-25
Hermanos: Abraham, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a lo que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia.
Y su fe no se debilitó a pesar de que a la edad de casi cien años, su cuerpo ya no tenía vigor, y además, Sara, su esposa, no podía tener hijos. Ante la firme promesa de Dios no dudó ni tuvo desconfianza, antes bien su fe se fortaleció y dio con ello gloria a Dios, convencido de que él es poderoso para cumplir lo que promete. Por eso, Dios le acreditó esta fe como justicia.
Ahora bien, no sólo por él está escrito que «se le acreditó» , sino también por nosotros, a quienes se nos acreditará, si creemos en aquel que resucitó de entre los muertos, en nuestro Señor Jesucristo, que fue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Palabra de Dios.
✝️ EVANGELIO
[No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.]
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 9-13
Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús los oyó y les dijo: «No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
Palabra del Señor.
☺☺☺
Perspectiva desde la Doctrina Social de la Iglesia
- Opción preferencial por los excluidos
Los publicanos eran colaboradores del Imperio romano, vistos como traidores y pecadores públicos. Jesús, con su gesto, rompe las barreras sociales y religiosas, mostrando que el amor de Dios se dirige primero a los marginados y despreciados. La DSI recoge esto como prioridad por los pobres y excluidos. - La justicia social no es excluyente
Los fariseos separaban “justos” de “pecadores”. Jesús enseña que la verdadera justicia incluye la misericordia y la integración. La DSI subraya que toda persona tiene dignidad, y las estructuras sociales deben promover la inclusión, no la condena ni el aislamiento. - El seguimiento transforma
Mateo deja su puesto de recaudación (símbolo de una estructura opresiva) para seguir a Jesús. La DSI llama a convertir las estructuras económicas y sociales injustas desde el encuentro personal y comunitario con Cristo. - Comunidad que acoge
La mesa compartida con pecadores anticipa el ideal de una sociedad donde la fraternidad supera los prejuicios. La DSI promueve el bien común y la participación de todos, especialmente de los “lejanos” al sistema.
En resumen, este pasaje fundamenta la dimensión social de la misericordia: la Iglesia no puede excluir a nadie, y su misión es construir puentes donde el mundo construye muros.
