Mateo 20, 20-28
Fiesta,
SANTIAGO APÓSTOL
📖 LECTURA DEL DÍA
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
2 Corintios 4, 7-15
Hermanos: Llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos. Por eso sufrimos toda clase de pruebas, pero no nos angustiamos. Nos abruman las preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos vemos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no vencidos.
Llevamos siempre y por todas partes la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, para que en este mismo cuerpo se manifieste también la vida de Jesús. Nuestra vida es un continuo estar expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De modo que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes, la vida.
Y como poseemos el mismo espíritu de fe que se expresa en aquel texto de la Escritura: Creo, por eso hablo, también nosotros creemos y por eso hablamos, sabiendo que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos colocará a su lado con ustedes. Y todo esto es para bien de ustedes, de manera que, al extenderse la gracia a más y más personas, se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios. Palabra de Dios.
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SALMO RESPONSORIAL del salmo 125
R. Entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor.
Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, creíamos soñar; entonces no cesaba de reír nuestra boca, ni se cansaba entonces la lengua de cantar. R.
Aun los mismos paganos con asombro decían: «¿Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!» Y estábamos alegres, pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor. R.
Como cambian los ríos la suerte del desierto, cambia también ahora nuestra suerte, Señor, y entre gritos de júbilo cosecharán aquellos que siembran con dolor. R.
Al ir, iban llorando, cargando la semilla; al regresar, cantando vendrán con sus gavillas. R.
✝️ EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 20, 20-28
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella respondió: «Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino». Pero Jesús replicó: «No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?» Ellos contestaron: «Sí podemos». Y él les dijo: «Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado».
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos». Palabra del Señor.
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👥 Perspectiva de Doctrina Social de la Iglesia
Este Evangelio es un pilar fundamental para entender el poder y la autoridad desde la Doctrina Social de la Iglesia:
· El poder como servicio: Jesús redefine radicalmente el concepto de autoridad. En el Reino de Dios, el poder no es para dominar u oprimir (como hacen «los jefes de los pueblos»), sino para servir y promover la dignidad de las personas. Esta es la base para un auténtico liderazgo político y social.
· Primacía del bien común: La petición de la madre busca un interés particular y de privilegio. Jesús enseña que la dinámica del Reino no es la competencia por el primer puesto, sino la colaboración en el servicio a la comunidad. El verdadero desarrollo se logra cuando el poder se pone al servicio del bien común y de los más necesitados.
· Opción por los débiles: Jesús contrapone el modelo mundano de «tiranizar» con el suyo de «servir». La Iglesia, siguiendo a su Maestro, está llamada a ponerse del lado de los pobres y marginados, ejerciendo su misión no desde el poder, sino desde la humildad y el servicio, como hizo Santiago, que selló su fe con el martirio al dar la vida.
