🕊️ Lucas 9, 43-45
Feria
o SANTOS COSME Y DAMIÁN, Mártires
📖 LECTURA DEL DÍA
Lectura del libro del Eclesiastés
Eclesiastés (Cohélet) 11, 9–12, 8
Alégrate, joven, durante tu juventud,
disfruta de corazón tus años jóvenes.
Sigue el camino que te indique el corazón
y lo que deleita a tus ojos.
Pero no olvides que de todo ello Dios te pedirá cuentas.
Aleja de tu corazón la tristeza
y de tu cuerpo el sufrimiento;
pero recuerda que los placeres de la juventud
son cosas que se acaban.
Acuérdate de tu Creador en tus años jóvenes,
antes de que vengan los días amargos
y se te echen encima los años en que dirás:
“No hallo gusto en nada”.
Antes de que se nuble la luz del sol,
la luna y las estrellas,
y retornen las nubes tras la lluvia.
Cuando tiemblen los guardias de la casa
y se dobleguen los valientes.
Cuando las que muelen sean pocas y dejen de trabajar
y las que miran por las ventanas se queden ciegas.
Cuando las puertas de la calle se cierren
y se apague el ruido del molino.
Cuando enmudezca el canto de las aves
y cesen todas las canciones.
Cuando den miedo las alturas
y los peligros del camino.
Cuando florezca el almendro
y se arrastre la langosta
y no dé gusto la alcaparra,
porque el hombre se va a su eterna morada
y circulan por la calle los dolientes.
Antes de que se rompa el cordón de plata,
antes de que se quiebre la lámpara de oro,
antes de que se haga añicos el cántaro junto a la fuente,
antes de que se caiga la polea dentro del pozo,
antes de que el polvo vuelva a la tierra, a lo que era,
y el espíritu vuelva a Dios, que es quien lo ha dado.
Todas las cosas, absolutamente todas,
dice Cohélet, son vana ilusión. Palabra de Dios.
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SALMO RESPONSORIAL del salmo 89
R. Tú eres, Señor, nuestro refugio.
Tú, Señor, haces volver al polvo a los humanos, diciendo a los mortales que retornen. Mil años son para ti como un día que ya pasó; como una breve noche. R.
Nuestra vida es tan breve como un sueño; semejante a la hierba, que despunta y florece en la mañana y por la tarde se marchita y se seca. R.
Enséñanos a ver lo que es la vida y seremos sensatos.
¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo? R.
Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Que el Señor bondadoso nos ayude y dé prosperidad a nuestras obras. R.
✝️ EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Lucas
Lucas 9, 43-45
En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: “Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”.
Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto. Palabra del Señor.
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Perspectiva sobre la Doctrina Social de la Iglesia
En el Evangelio de hoy, Jesús anticipó su sufrimiento ante la admiración de la multitud, recordándonos que la verdadera gloria no reside en el aplauso mundano, sino en cumplir fielmente la misión hasta el final. Este es el fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad humana no reside en el poder ni en los logros, sino en haber sido creados a imagen de Dios y llamados a amar y servir.
Uno de los principios centrales de la Doctrina Social de la Iglesia es priorizar el cuidado de los pobres. Jesús fue a la cruz, poniéndose del lado de los rechazados y sacrificados. El «vacuidad y desolación» del Eclesiastés no es pesimismo, sino un juicio sereno sobre todos los valores mundanos que no tienen su origen en Dios. Cuando la sociedad prioriza la eficiencia, el lucro o el poder, la Iglesia nos recuerda que cualquier sistema económico o político que reduzca a las personas a meras herramientas viola la dignidad humana.
Por lo tanto, la doctrina social exige que la propiedad privada tenga una «garantía social», que el trabajo tenga prioridad sobre el capital y que el bien común prevalezca sobre los intereses privados. El silencio de los discípulos en el Evangelio, su reticencia a preguntar, nos advierte que evitar indagar en el misterio de la cruz y en los clamores de quienes sufren a nuestro alrededor es, en sí mismo, una forma de pérdida. La Iglesia nos invita a responder con acciones, a ser quienes «fortalezcan la obra de sus manos» en la oración, en el trabajo, en la comunidad y en la vida pública, haciendo de la justicia y el amor un testimonio visible.
