Juan 17, 11-19
FERIA DE PASCUA
o SAN BERNARDINO DE SIENA, Presbítero
📖 LECTURAS DEL DÍA
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles
Hechos 20, 28-38
En aquellos días, Pablo dijo a los presbíteros de la comunidad cristiana de Éfeso: “Miren por ustedes mismos y por todo el rebaño, del que los constituyó pastores el Espíritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquirió con la sangre de su Hijo.
Yo sé que después de mi partida, se introducirán entre ustedes lobos rapaces, que no tendrán piedad del rebaño y sé que, de entre ustedes mismos, surgirán hombres que predicarán doctrinas perversas y arrastrarán a los fieles detrás de sí. Por eso estén alerta. Acuérdense que durante tres años, ni de día ni de noche he dejado de aconsejar, con lágrimas en los ojos, a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora, la cual tiene fuerza para que todos los consagrados a Dios crezcan en el espíritu y alcancen la herencia prometida. Yo no he codiciado ni el oro ni la plata ni la ropa de nadie. Bien saben que cuanto he necesitado para mí y para mis compañeros, lo he ganado con mis manos. Siempre he mostrado que hay que trabajar así, para ayudar como se debe a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: ‘Hay más felicidad en dar que en recibir’ ”.
Dicho esto, se arrodilló para orar con todos ellos. Todos se pusieron a llorar y abrazaban y besaban a Pablo, afligidos, sobre todo, porque les había dicho que no lo volverían a ver. Y todos lo acompañaron hasta el barco.
Salmo Responsorial (Salmo 67)
R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Oh, Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh, Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo. R/.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor, que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos, que lanza su voz,
su voz poderosa: «Reconoced el poder de Dios.» R/.
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes. ¡Dios sea bendito! R/.
✝️EVANGELIO DEL DÍA
Lectura del santo evangelio según san Juan
Juan 17, 11-19
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad’’.
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Doctrina Social de la Iglesia
🔹 Trabajo, Dignidad y Bien Común
Las palabras de San Pablo en la primera lectura resuenan con fuerza en la doctrina social de la Iglesia: «Estas manos han bastado para cubrir mis necesidades» y «es trabajando como se debe socorrer a los necesitados».
En el 135º aniversario de la Rerum Novarum (1891), la encíclica que fundó la moderna doctrina social, recordamos que el trabajo no es una mercancía sino una expresión de la dignidad humana. San Pablo no solo predicaba, sino que trabajaba con sus manos para no ser una carga y para poder ayudar a los más débiles. Este gesto profético subraya dos principios clave:
- El destino universal de los bienes: El trabajo debe permitir la subsistencia propia y la solidaridad con los necesitados.
- La primacía del trabajo sobre el capital: La persona es el centro de toda vida económica.
Hoy, el Papa León XIV, en su primera encíclica Magnifica Humanitas, actualiza este mensaje frente a la revolución tecnológica e inteligencia artificial, defendiendo que la dignidad humana no puede ser aplastada por ningún sistema ni algoritmo, y que «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35).
